La Iglesia celebra cada 14 de septiembre la Exaltación de la Santa Cruz. La fecha une la dedicación del Santo Sepulcro en Jerusalén y el hallazgo de la reliquia por Santa Elena, símbolo de vida y esperanza.

La Exaltación de la Santa Cruz es una de las celebraciones más antiguas y significativas del calendario litúrgico. Cada 14 de septiembre, la Iglesia propone contemplar la Cruz no como un instrumento de muerte, sino como el signo de la redención y la victoria pascual.
La conmemoración tiene su raíz en Jerusalén. El 14 de septiembre del año 335 se dedicó el complejo basilical del Santo Sepulcro y del Calvario, construido por orden del emperador Constantino. Desde entonces, la reliquia de la Cruz comenzó a ser venerada públicamente en esa fecha, dando origen a la fiesta.
Origen histórico y tradición
La memoria de la Cruz se asocia también al hallazgo atribuido a Santa Elena, madre de Constantino, durante su peregrinación a Tierra Santa en el siglo IV. Con el paso del tiempo, esa tradición se unió a la dedicación del Santo Sepulcro y consolidó la celebración en Oriente y Occidente.
Otro hecho decisivo ocurrió en el siglo VII, cuando el emperador Heraclio devolvió a Jerusalén la reliquia de la Cruz que había sido robada por los persas en 614. Ese acontecimiento reforzó la “exaltación” solemne del madero de Cristo y afianzó su culto en toda la cristiandad.

Sentido espiritual y litúrgico
En la liturgia romana, la fiesta proclama lecturas que explican el valor de la Cruz como signo de salvación: la serpiente de bronce en el desierto, el himno de la carta a los Filipenses y el Evangelio de Juan que recuerda que “el Hijo del hombre debe ser levantado”.
En las Iglesias de rito bizantino, la Exaltación de la Cruz se cuenta entre las Doce Grandes Fiestas. El rito incluye la elevación solemne de la Cruz, procesiones y gestos de veneración que subrayan su fuerza como signo de victoria y esperanza para los fieles.
Una fiesta que une historia y fe
La Exaltación de la Santa Cruz no es solo recuerdo histórico, sino también invitación a vivir la fe en clave de entrega y esperanza. La Cruz se transforma en árbol de vida, puerta de resurrección y símbolo de identidad para millones de cristianos en todo el mundo.

