Bullying en las escuelas: ¿Por qué sucede y cuáles son los mecanismos para prevenir esta problemática?

El bullying en las escuelas no es algo nuevo. En los últimos días, diversos hechos de violencia se suscitaron en varios establecimientos educativos y, ese marco, surge la incógnita de por qué sucede y cómo se puede prevenir dicha problemática. EL NORTE consultó a varias psicólogas y psicopedagogas para entender el motivo de fondo que lleva, en algunos casos, a la violencia entre pares.

Bullying en las escuelas: ¿Por qué sucede y cuáles son los mecanismos para prevenir ésta problemática?

De la Redacción de El Norte
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El acoso escolar (bullying), es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal, físico y hasta social producido entre estudiantes de forma reiterada. Suele ser a lo largo de un tiempo determinado tanto en el aula, como a través de las redes sociales, con el nombre específico de ciberacoso.​ Estadísticamente, el tipo de violencia dominante es el emocional y se da mayoritariamente en la clase y en los patios escolares. Los protagonistas de los casos de acoso escolar suelen ser niños y niñas en proceso de entrada en la adolescencia.

En los últimos días, diversos hechos de violencia se suscitaron en establecimientos educativos de nuestra ciudad. En ese marco, surgen las incógnitas de por qué sucede y cuáles son los mecanismos para prevenir ésta problemática. EL NORTE consultó a varias psicólogas y psicopedagogas, que suelen abordar dicha temática en sus consultorios.

“Cuando hablamos de bullying es enmarcar un problema muy complejo. Debemos dejar en claro que se entiende desde dos partes: desde la víctima y desde el agresor. Pero, también están los observadores, que son una parte fundamental. El video que se hizo (caso resonante del viernes en nuestra ciudad) fue porque en vez de intervenir se pusieron a filmar”, manifestó la psicóloga Camila Casarino (Mat.15858).

De inmediato agregó que “si no son adultos responsables, la intervención es avisar a las autoridades competentes. En este caso podría haber sido a preceptores o docentes, más teniendo en cuenta que fue dentro de un establecimiento educativo. Muchas veces, estos observadores incentivan a que esto se siga generando. Porque aplaudir, gritar o simplemente mirar una pelea, no ayuda a que se eviten éstos actos”.

Cómo actúan quienes son acosados

Quien sufre bullying puede actuar de diferentes maneras. Esto depende, según explican los profesionales, de cómo le afecte a esa persona emocional y psicológicamente. En el último caso que se difundió de manera masiva en nuestra ciudad, se generó un tenso clima de pelea entre dos alumnos.

“Lo que sucede muchas veces, es que quienes sufren bullying y también quienes lo ejercen no saben cómo expresarse. A veces se toma a la violencia como una forma de expresión porque quizás es lo que tiene aprendido. El problema es que esto termina afectando más a la persona de una manera emocional y psicológica”, aseveró Casarino.

En ese contexto, sostuvo que “se deben lograr espacios de escucha, tanto para la víctima como para el agresor. Junto a los profesionales de la salud mental se tiene que poder ayudar a que los involucrados aprendan cómo expresarse, para no caer en consecuencias graves, como es el caso de los hechos de violencia, la depresión, ansiedad, trastornos postraumáticos, incluso puede llegar a autolesionarse”.

En igual sentido, la psicopedagoga Antonella Albornoz (Mat.221507) aseguró que “todos los actores involucrados en una situación de acoso escolar podrían llegar a tener consecuencias o no dependiendo las medidas llevadas a cabo, como así la capacidad de resiliencia de cada uno de ellos. Según Olweus (1993), manifiesta que es posible que la víctima como consecuencia pueda desembocar en fracaso o dificultades escolares, niveles de ansiedad, insatisfacción, fobia a ir al colegio, riesgos físicos, descenso de autoestima, cuadros depresivos con la imposibilidad de integración escolar y académica”.

“La imagen que terminan teniendo de sí mismos/as puede llegar a ser muy negativa en cuanto a su competencia académica, conductual y apariencia física. En algunos casos puede desencadenar reacciones agresivas en intentos de suicidios”, añadió.

“En el caso del victimario, también encontramos consecuencias, por lo general se pesquisa mayor impulsividad, los agresores se sienten reforzados en su actuar violento. Desmejoramiento en sus niveles de empatía y poca tolerancia en su actuar social por el deseo frecuente del dominio de otros”, concluyó.

La prevención y los desafíos por delante

Lograr la prevención de éstos hechos no es tarea sencilla. La integración y el trabajo conjunto con las familias y los establecimientos educativos son la clave para evitar el acoso y el ciberacoso.

“Como todo, la base de las buenas y sanas costumbres empieza en casa. Es fundamental lograr un diálogo fluido con nuestros hijos, no solo para que ellos puedan contarnos cuando sufren algún tipo de maltrato en los distintos ámbitos fuera de la casa, sino también para enseñarles que hay que tratar siempre con respeto al resto y no permitir que nadie nos hable mal, destrate o se ría de otros. Independientemente de no compartir intereses siempre podemos aprender algo de los demás”, expresó la psicóloga Manuela Robledillo (Mat. 15539).

“Muchas veces el bullying está encubierto, y se camufla bajo la forma de una broma inocente cuando en verdad no lo es. Si una o varias personas están sufriendo o se sienten mal, es un indicador que debería bastar para entender que eso de gracioso no tiene nada. No es lo mismo reírse con otros que de otros. Asimismo, no poner el límite cuando vemos q estamos ante una situación de violencia física o verbal entre terceros es también ser de alguna manera cómplice. No minimicemos, pidamos ayuda, busquemos apoyo. Siempre se puede hacer algo”, se explayó la profesional.

Además, enfatizó que “el desafío como padres es lograr que nuestros hijos piensen «esto se lo tengo que contar a mis viejos», en lugar de pensar «si mis viejos se enteran de esto me matan o “no se pueden enterar de lo qué pasó». El silencio es peligroso, que el niño o joven se aísle y no hable de lo que le sucede, que reprima sus emociones sumado a lo difícil que es ir creciendo, descubriendo quienes somos y qué queremos puede llevarlos no solo a cruzar ciertos límites con respecto al resto sino también límites propios”.

“La familia, la escuela y la sociedad debemos unirnos y comprometernos seriamente con este tema, ya que, si bien se está visibilizando más en este último tiempo, no se le da aún la importancia que amerita y hay mucho por hacer. Todos somos responsables, todos podemos hacer algo para prevenir esta problemática y ayudar a sanar nuestra sociedad”, concluyó.

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