Andrea Pepe, la nicoleña que superó las lesiones para seguir vigente en lo más alto del handball europeo

Un retiro anticipado, producto de un dolor incesante, no pudo apagar su pasión por la “40×20”. Si bien su horizonte está puesto en el torneo continental que se disputará en Austria, Hungría y Suiza, aún recuerda su amor a primera vista y el paso por las canchas de San Nicolás. “A la Andrea más chica le agradecería por insistir en lo que quería”, sostuvo la protagonista de esta historia.

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Actualmente radicada en la ciudad italiana de Torino -a varios kilómetros de dónde todo comenzó-, la nicoleña ya tiene la mente puesta en arbitrar el próximo campeonato europeo femenino que enfrentará a las mejores selecciones del “viejo continente” desde el 28 de noviembre hasta el 15 de diciembre en Austria, Hungría y Suiza.

Nicolás Fenley
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Reinventarse, una palabra que encaja a la perfección con la trayectoria deportiva de Andrea Pepe dentro de las canchas de handball. A pesar de haberse encontrado con ese deporte de mera casualidad al caminar con su madre por las veredas de la Escuela Normal Rafael Obligado cuando todavía era una niña, todavía persiste su pasión.

Actualmente radicada en la ciudad italiana de Torino -a varios kilómetros de dónde todo comenzó-, la nicoleña ya tiene la mente puesta en el próximo campeonato europeo femenino que enfrentará a las mejores selecciones del “viejo continente” desde el 28 de noviembre hasta el 15 de diciembre en Austria, Hungría y Suiza. Sin embargo, y a pesar de que se encontrará dentro del campo de juego, su rol será el de impartir justicia desde el arbitraje.

Todo pasa por algo

Los sucesos de la vida muchas veces no tienen demasiada explicación -o no nos detenemos a pensarlos-, y mucho menos son predecibles las consecuencias. El famoso “efecto mariposa” de los hechos cotidianos pueden tener desenlaces completamente sorpresivos que modifiquen nuestro día a día. O en otros casos, la vida.

“Un día iba caminando con mi mamá, pasamos por la Escuela Normal y me enamoré”, describió Andrea Pepe su primer encuentro con el handball. Un lazo que resiste al paso del tiempo. Fue en ese preciso instante cuando la nicoleña expresó: “Ma quiero jugar al handball en el Club Belgrano”. El primer paso a una vida marcada por la “40×20”.

“No sabía jugar”

A medida que transcurrieron los años dentro de la cancha, Pepe empezó a combinar su ímpetu por mejorar con habilidades que le permitieron destacarse en el plano local. Luego de destacar en los torneos nicoleños y demostrar su nivel en los Juegos Bonaerenses, concretó dos grandes pasos en su carrera, llegar al handball metropolitano y a la Selección nacional.

No obstante, mantenerse en ese escalón conllevó grandes esfuerzos. “Viajaba lunes, me quedaba hasta el martes en Capital y volvía los miércoles para ir a la escuela. Después los jueves regresaba a la concentración en el CENARD y esa misma noche volvía para ir a la escuela el viernes”, recordó la nicoleña.

Como si fuera poco, a los cientos de kilómetros semanales se sumaba el entrenamiento extra para poder establecerse en el alto rendimiento. “Yo no sabía jugar al handball. Se notaba la diferencia entre San Nicolás y Femebal (Federación Metropolitana de Balonmano). Al principio en las concentraciones con la Selección iba a una cancha auxiliar para aprender nociones básicas”, explicó Andrea. No obstante, jamás dio el brazo a torcer y el deporte la recompensó con la posibilidad de vestir la albiceleste en mundiales juveniles y junior, un sueño cumplido. “Me cuesta explicarlo, pero en ese momento recuerdo no sentir las piernas”, confesó sobre su debut en el combinado nacional.”La clave está en la constancia, en ser persistente. Buscar siempre un poquito más. Dejé cosas de lado, viajes escolares, fiestas con familia, cumpleaños, de todo, pero fue para invertir ese tiempo en lo que me gusta y a la larga resultó”, subrayó, y agregó: “Le tengo que agradecer a mis entrenadores que me formaron tanto en Belgrano como en Cideco y Luján”.

Maldito destino

Esos años de trabajo, viajes y persistencia, le permitieron concretar un nuevo hito en su trayectoria: dar el salto a Europa. Aunque ya estaba más lejos de sus afectos y lo conocido con tan solo 20 años, la nicoleña mantuvo su objetivo claro sin claudicar. Sin embargo, no todo fue color de rosa en la experiencia italiana.

Sucede que, tras varias temporadas jugando en el primer nivel, una lesión llegó para quedarse. “Estuve dos años jugando a pesar del dolor. Hasta el médico me dijo que no sabía cómo había podido”, recordó sobre su tenacidad por seguir vistiendo la camiseta del Sassari (su equipo en aquel entonces). Empero, los especialistas ya no estaban en condiciones de avalarla: “Al momento de la revisión médica, los doctores me dicen que no me van a dar el visto bueno para jugar y qué viera cómo hacía”. Un golpe demoledor.

“Fue duro acostumbrarme, ya no puedo jugar. Cada tanto agarro una pelota y tiro al arco, pero no más que eso”, manifestó. “Es difícil porque uno no lo elige. No podes ganarle al destino”, confesó sobre la amarga sensación de vivir un retiro forzoso y anticipado.

Cambio de rubro

Sin alta médica, pero con el golpe asimilado, abandonar la cancha no era opción. Aunque en un primer momento sus caminos la llevaron a intentar desempeñarse como entrenadora, el futuro de Pepe fue otro. “Me incline por el arbitraje porque me hace sentir más cerca del deporte. Correr a la par de los jugadores, estar en cada jugada me gusta más que estar sentada dirigiendo. Si bien en Sassari me lo ofrecieron, hoy no podría ser entrenadora”, explicó al respecto de sus nuevas tareas, en las cuales sus colegas le aseguran que “tiene el ojo”.

A pesar de estar en un ambiente desconocido, su forma de trabajar no mutó: “Entreno y estudio los partidos, el árbitro tiene que estar preparado para equivocarse lo menos posible porque siempre algún error va a haber. Tenemos todo un equipo de comisionados que ve lo partidos, nos preparan y corrigen”.

Hoy más afianzada, Andrea se permite repasar lo logrado, aunque sin dejar de asombrarse: “No me esperaba estar donde estoy hoy con el arbitraje”. “Mi familia ha sido un pilar muy importante, siempre me empujaron y me apoyaron. Son un 80% de todo lo que he logrado”, agradeció, y sentenció: “A la Andrea más chica le agradecería por insistir en lo que quería”.

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