Tras dos balaceras registradas este sábado en Rosario, quedó expuesto el feroz reordenamiento de la barra brava de Rosario Central. Los ataques, vinculados a líderes enfrentados por poder y negocios, reafirman la trama mafiosa que envuelve al club tras el asesinato de Pillín Bracamonte.

Dos episodios violentos registrados el pasado sábado confirmaron que el reordenamiento de la barra brava de Rosario Central está lejos de consolidarse. Los ataques a balazos, ejecutados con precisión y mensajes implícitos, reflejan las tensiones en el reparto de poder y negocios tras el asesinato de Andrés “Pillín” Bracamonte, histórico líder de la hinchada.
El primero de los incidentes tuvo como escenario una vivienda en Schmild al 3600, en el barrio Tablada, donde reside Leopoldo “Pitito” Martínez. Este barra, señalado como el sucesor natural de Pillín, ya había sido blanco de un ataque previo. En esta ocasión, los disparos no causaron víctimas, pero subrayaron que su liderazgo no está exento de resistencia.
Horas más tarde, en Olegario Andrade al 1800, dos hombres a bordo de una moto descargaron 13 balazos de calibre militar contra el frente de una casa vinculada a otro barra, conocido como Baltazar “Turco”. Según fuentes policiales, los atacantes usaron municiones calibre 5,56 × 45 milímetros, comúnmente empleadas en armamento de uso militar, un detalle que eleva la gravedad de la situación.
El inmueble atacado está relacionado con la pareja del Turco, un joven de 25 años con antecedentes recientes en la barra canalla. Su participación en hechos violentos registrados el 15 de septiembre, durante el partido entre Rosario Central y Talleres, le valió una prohibición para ingresar a espectáculos deportivos, emitida por el Ministerio de Justicia y Seguridad y comunicada a la AFA.
Hipótesis cruzadas y un trasfondo mafioso
La relación entre ambos ataques aún genera dudas entre los investigadores. Mientras algunos sugieren que la balacera en Andrade podría ser una represalia directa por el ataque a Pitito, otros no descartan que ambos hechos provengan de un mismo grupo que busca enviar mensajes intimidatorios para consolidar su posición en la barra.
A casi un mes del asesinato de Pillín y tras el crimen de Samuel “Gordo” Medina, ocurrido el 1° de octubre, la trama mafiosa que rodea al club suma más preguntas que respuestas. Las detenciones brillan por su ausencia, y el retorno del equipo al Gigante de Arroyito dejó en evidencia que el fútbol sigue siendo el escenario donde se dirimen conflictos ajenos al deporte.
Con un territorio en disputa, negocios turbios y liderazgo fragmentado, la barra brava de Rosario Central sigue siendo un reflejo del entramado delictivo que cruza el fútbol argentino.

