Murió la Madre de Plaza de Mayo Laura Jordán de Conte, un símbolo de la búsqueda de desaparecidos

Tenía 93 años. Fue presidenta del Centro de Estudios Legales y Sociales entre 1999 y 2000. Su hijo Augusto María desapareció en 1976 mientras hacía el Servicio Militar

Laura fue psicoanalista y activista por los derechos humanos Jordán de Conte falleció este domingo a los 93 años, dejando un legado imborrable en la lucha por la memoria, la verdad y la justicia. Fue una de las fundadoras del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) e integrante activa de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora.

Su historia

Nacida en Buenos Aires, Jordán de Conte dedicó su vida a acompañar a las víctimas del terrorismo de Estado en Argentina. En el CELS, impulsó las áreas de Salud Mental y Memoria, proporcionando apoyo psicoanalítico a quienes enfrentaron la desaparición forzada y la violencia de la dictadura. También fundó la organización Memoria Abierta y participó en la Comisión Provincial por la Memoria.

En julio de 1976, su vida dio un giro trágico y transformador cuando su hijo mayor, Augusto María Conte, fue secuestrado y desaparecido mientras cumplía el servicio militar obligatorio. Este dolor personal la llevó al activismo, uniéndose a las Madres de Plaza de Mayo, donde se convirtió en una voz incansable contra la represión militar.

Augusto María Conte, hijo desaparecido de Laura

Su trabajo en el CELS

Como psicoanalista, Laura innovó al adaptar su práctica para tratar los traumas provocados por el terrorismo de Estado. Durante la dictadura, transformó espacios cotidianos, como su auto o un bar, en consultorios improvisados para atender a personas que vivían en la clandestinidad. Desde el CELS, estableció un área de Salud Mental que sirvió como refugio psicológico para familiares y sobrevivientes.

El CELS recordó a Jordán de Conte como una figura clave en la organización. Fue presidenta del centro entre 1999 y 2000, sucediendo al fundador Emilio Mignone. “Laura hablaba bajito, pero enseñaba mucho. Era exigente y generosa con su conocimiento”, señaló el organismo en su despedida.

Su activismo también la llevó a participar en los Encuentros Nacionales de Mujeres y en las primeras marchas del orgullo LGBTQ+, donde su pañuelo blanco se convirtió en un símbolo de resistencia y protección frente a la represión policial. Además, colaboró en la campaña para derogar los edictos policiales que atentaban contra las libertades civiles.

En una pieza audiovisual del CELS, Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, destacó su “sensatez y calidez”. Ángela Urondo Raboy, hija recuperada que recibió su apoyo, agradeció su capacidad para integrarla a la lucha colectiva por los derechos humanos.

En 2017, la Legislatura porteña reconoció a Laura como personalidad destacada en Derechos Humanos. Taty Almeida, referente de Madres, la recordó como alguien que “siempre estaba para ayudar”.

Despedidas

En redes sociales, numerosas figuras políticas y referentes de derechos humanos expresaron su pesar. Claudio Morresi, ex futbolista y familiar de desaparecidos, y Hugo “Cachorro” Godoy, dirigente sindical, la despidieron como una luchadora incansable. “Nos deja una enseñanza profunda: no hay lucha sin disfrute ni alegría”, concluyó el CELS en su homenaje.

Sus colegas destacaron su inteligencia, sensibilidad y visión política: “Laura comprendió que lo personal es político y que la identidad es un derecho social, no solo individual. Adaptó herramientas psicoanalíticas para acompañar vidas marcadas por el trauma, priorizando siempre a las personas”.

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