A metros de Malba se encuentra esta escultura de mármol de Carrara que rinde homenaje al escritor peruano y representa el mestizaje de las culturas hispano-incaicas.

Ubicado en la plaza República de Perú, entre la Avenida Figueroa Alcorta y Jerónimo Salguero, el Monumento al Inca Garcilaso de la Vega se erige imponente. Este espacio contrasta con el Malba de un lado y el Alcorta Shopping del otro. Garcilaso, el padre de las letras americanas, murió un 23 de abril de 1616, misma fecha del deceso de Cervantes y Shakespeare.
Hijo de un conquistador español y una princesa inca, nació el 12 de abril de 1539 en Cuzco, como Gómez Suárez de Figueroa. Más tarde adoptó el nombre Inca Garcilaso de la Vega, en honor a su tío abuelo, el poeta Garcilaso de la Vega. Considerado el primer mestizo racial y cultural de América, inició en la literatura con la traducción de Los diálogos de amor de León Hebreo. Su primera crónica, La Florida del Inca, narró la conquista de esa península por Hernando de Soto. Su obra más destacada, Los comentarios reales, narra la historia, cultura y sociedad incaica en su primera parte y la conquista del Perú en la segunda.
La estatua junto al Malba tiene una base cuadrangular, con datos biográficos en la cara frontal. A la izquierda, un águila bicéfala representa al Imperio de Carlos V. Del lado opuesto, un cóndor simboliza América y aparece en escudos de países como Chile y Ecuador. Ambas aves reflejan el mestizaje cultural de la región.

Construida en mármol de Carrara, mide 3,50 metros de altura y su base es de mampostería enchapada en mármol. La obra lleva la rúbrica del artista peruano Joaquín Roca Rey, y es una réplica de la que está ubicada en la Villa Borghese, en Roma, también creada por él.
El monumento fue emplazado el 13 de abril de 1973 en la plaza diseñada por el arquitecto y paisajista brasileño Roberto Burle Marx. Según una crónica de la época de la Revista Panorama, el por entonces director general de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad, Leandro Vivet, explicó que “se eligió a Rey por ser un especialista en la vida del Inca Garcilaso (…) y para realizarla se inspiró en los Comentarios Reales, textos en los cuales el legendario mestizo describe las vicisitudes de sus antepasados incaicos”. El costo del monumento -que gestionó ante la Municipalidad el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, para conmemorar el sesquicentenario de la Independencia Peruana- fue de 10 mil dólares; el precio incluyó su traslado desde Italia.

En uno de los barrios más costosos y coquetos de la ciudad, la estatua del Inca Garcilaso de la Vega no solo es una muestra más del rico patrimonio cultural porteño sino que es un recordatorio del poder de la pluma y de nuestros orígenes e historia, con sus luces y sombras.

