Con material de hierro y recubierta de acero, la parroquia Espíritu Santo fascina con su arquitectura

Se trata del Templo ubicado en barrio Somisa. Lo más sorprendente son sus cuatro vitraux en las esquinas, cuando son iluminados por rayos solares, representan la presencia envolvente del Espíritu Santificador llegando sobre la Iglesia que físicamente se manifiesta en el juego de colores en los cristales. Su base es rectangular, completamente revestida de acero y en forma de cruz latina. Se inauguró en 1971 con la presencia de importantes autoridades civiles, políticas y eclesiásticas.

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Foto Benjamín Carreño / EL NORTE.

Benjamín Carreño
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La construcción de la parroquia Espíritu Santo se inició hacia fines de 1966. La obra se terminó en 1971. Cuenta con más de 50 años de historia y lo que resulta más llamativo es que está construida por el mismo material que producía la empresa Somisa en ese entonces, es decir, acero.

La iglesia está construida en forma de cruz, cuenta con perfiles extremadamente largos -que sostienen a la edificación- colocados en forma que buscan elevarse y revestida completamente con láminas de acero.

Se contemplan un total de cuatro vitrales de colores ubicados en el frente, en la parte de atrás y en sus laterales. Cuando los primeros rayos solares atraviesan los cristales, logran teñir el ambiente con luminosidad en el interior de la parroquia representando la presencia envolvente del Espíritu Santo en el Templo.

Durante la construcción, se desató una tormenta y, lamentablemente, derribó toda la edificación, destruyéndola por completo. A raíz de eso, decidieron comenzar nuevamente a construirla por segunda vez, siendo esta la versión final que se mantiene hasta el día de hoy.

Arquitectura de la parroquia

El proyecto original obedece al del arquitecto Mario Luis Magni -reconocido por encabezar también la construcción del Santuario de la Virgen de Rosario de San Nicolás- elaborado en su momento por la Superintendencia de Proyectos y Construcciones Civiles a cargo del arquitecto Leonardo Cole.

Sergio Gardella, arquitecto y profesor -que conoció a Magni- dialogó con EL NORTE: “Los extremos de la planta son de igual altura, que va decreciendo levemente hacia el centro donde se halla la cruz. Al estar ubicados a diferentes distancias, hace que cada pórtico tenga también diferente altura. Es de una gran complejidad constructiva”. “Los materiales son significativos para el lugar donde se emplazaba y para quién proponía su construcción”, añadió.

Asimismo, la cobertura es un tipo de sistema de chapones encastrables unos a otros, “no es un método de construcción muy común”.

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La iglesia visa desde su parte trasera. Foto: Benjamín Carreño / EL NORTE.

“Desde lejos se identifica como Templo, y al llegar un plano blanco en voladizo, devuelve la escala humana para luego volver a sorprendernos al ingresar”, explicó el arquitecto.

La construcción, observando minuciosamente, nace del suelo elevándose majestuosamente y a sus costados posee un sistema de desagüe. Tanto en la entrada como en el lateral derecho, la capilla no contiene ninguna columna, estructura o viga que soporte al techo de losa de forma visible, es decir, todo está ‘limpio’ para la vista, inclusive la iluminación. “Se busca la imagen lo más aclarada, posiblemente lo más despojada posible”, según el arquitecto entrevistado, este es uno de los rasgos más característicos de la obra.

Cruz

El Templo visto desde arriba tiene una forma de cruz. “Aunque todas las puntas de la iglesia tienen la misma altura, los brazos de la cruz tienen diferentes largos, esto hace que los pórticos metálicos (estructuras que la sujetan) vayan bajando de altura de forma progresiva hasta llegar al punto más bajo, que es donde está la cruz dentro de la iglesia”, argumenta Gardella. Y añade: “Los lados más cortos también van variando en altura, pero de una manera diferente a los brazos largos. Siguen una progresión específica para llegar al mismo punto central”.

En el centro de la iglesia, donde se cruzan los dos ejes principales, se encuentra el altar, hecho de una gran piedra maciza de mármol travertino de los Andes, traída desde San Luis y circundada por un bajo relieve realizado por el escultor Eduardo Barnes sobre la idea general del proyecto. Justo encima de ese punto, cuelga una cruz y en el techo, hay otra cruz alineada con la de abajo. “Esto refuerza la idea de que todo el diseño converge en ese punto central”, manifiesta el profesor.

La cruz es metálica con perfiles L y se encuentran contrapuestos para formar un cuadrado el cual conforma la misma cruz.

El Templo por dentro

En la entrada principal, todos los elementos y detalles se estructuran exactamente en base a los ejes y su punto de intersección. Cruz, altar, aberturas, bancos, luminarias, revestimientos, todo dispuesto de manera estudiada, de forma de obtener una imagen limpia y muy bella.

En cuanto a la luminaria, la parroquia goza de pequeños artefactos de luz redondos en sus laterales, “algo muy sobrio para que nada llame la atención”, argumenta el arquitecto. Por dentro de los paneles de acero se encuentra el equipo de audio y por fuera, hay pequeños agujeros donde sale el sonido. Estos son detalles mínimos para que cobre “más importancia la obra en sí”. En cuanto a las placas a la vista, poseen dibujos religiosos como Cristo cargando la cruz, los apóstoles rezando, entre otros. “Todo muy sobrio dibujado sobre las placas”, expresa Gardella.

“Cada detalle de la parroquia es diseñado cuidadosamente, luminarias, sistema de audio incluido dentro de los paneles metálicos, sistema de calefacción, barandas, confesionario y demás”, agrega. Los dibujos son las representaciones de las estaciones diseñadas por Juan Carlos Bistoto, diseñador y pintor del Via Crucis del Templo. Son de una gran belleza que conjuga con la idea estética general de la obra.

Los muebles y bancos fueron diseñados a medida para que encajen perfectamente en el Templo. El diseño de las aberturas, sistemas pivotantes, sin dinteles a la vista, tonos calmos en el interior que realzan aun más los colores de la luz que ingresa a través de los cristales. Todo detalle colabora a la imagen.

Gardella
Desde el lado de los bancos, los fieles gozan de una mirada cautivadora hacia el altar. Foto: Benjamín Carreño / EL NORTE.

Otros detalle son los bancos que utilizan los monaguillos en la capilla que están cuidadosamente diseñados. Los escalones tienen una clase de “hundimiento”, es una junta que se hace por terminación y que busca ese efecto. Se percibe a la vista como si fuera una plataforma flotante o una piedra arriba de la otra.

Vitrales

Lo más cautivante son los vitraux de colores que hay en las cuatro esquinas, de forma triangular. Traídos desde Bélgica, poseen diferentes tonalidades de tinte y su posicionamiento no es al azar. Detrás del altar, donde se encuentran las estatuas de Cristo y la Virgen María -y de fondo los doce apóstoles- los primeros cristales son de colores claros como blanco y amarillo. Esto tiene como significado que cuando los primeros rayos solares irrumpen por la mañana, el juego de colores representa la presencia envolvente del Espíritu Santo en ese lugar.

“La escena plantea el hecho de la Asociación y Pentecostés en una atemporalidad simultanea: Cristo asciende observado por Su Madre y los Apóstoles, mientras el Espíritu Santificador llega en un renovado Pentecostés sobre la Iglesia que físicamente se manifiesta en el juego de colores en el gran vitraux francés de fondo que insinúa en el resplandor de su centro la explosión de luz que se expresa en Espíritu Santo, bajo cuya avocación ha sido la cruz, de diseño original, completan el recinto de características tan particulares”, constata el material de archivo de este medio consultado.

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Vitraux detrás de Cristo y María, cuando los primeros rayos solares se asoman representan la presencia del Espíritu Santo. Foto: Benjamín Carreño / EL NORTE.

Los demás vitrales tienen un tono un tanto más oscuro y predominan colores como el violeta, azul y verde complementándose con la demás iluminación.

Las dos estatuas principales son la de Cristo y la de la Virgen María, siendo esta última observando a su hijo. A sus espaldas se encuentran los doce apóstoles los cuales están representados con una curvatura dejando un espacio íntimo detrás.

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Cristo y María. Foto: Benjamín Carreño / EL NORTE.

Por último, la baranda en el segundo piso al fondo de los bancos del público apenas se anuncia su presencia. Con una línea metálica a la altura de las rodillas, tiene un diseño mínimo “casi imperceptible a la vista, que no toma peso visual” y por supuesto, hecha de acero.

Construcción

A fines de 1966 comenzó la construcción del edificio. En un principio se pensó en una capilla, pero luego se aprobó el templo. El general Castiñeiras, en su rol de presidente de la empresa Somisa en ese entonces, comentó que “quería una obra importante”. El diseño inicial era de hormigón, pero Castiñeiras propuso: “Estamos en una fábrica de acero, hagámosla de acero”, según el material de archivo consultado. Este fue el primer edificio comunitario del barrio, que incluiría el templo, la casa parroquial, viviendas para los sacerdotes, despacho, baptisterio, sacristía y salones para reuniones.

“Constructivamente se destaca la cobertura del Templo, íntegramente realizada en acero producido por la Planta General Savio, lo que se traduce en una integración del extraordinario complejo industrial vecino a nuestra ciudad con el hondo sentido espiritual que por sí mismo representa el Templo”, según material de archivo de este medio inquirido.

Dicho y hecho, la parroquia fue completamente edificada de acero, desde su planta rectangular hasta sus pórticos sostenibles y su cruz exterior. “Esta es una obra donde se busca minimizar los detalles subordinados a la obra”, finaliza el Sergio.

arquitecto
La iglesia en plena construcción. Foto: redes.

Un dato no menor es que en plena construcción hubo una tormenta y, lamentablemente, voló toda la edificación destruyéndolo todo. Debido a esto, decidieron nuevamente empezar a levantarla por segunda vez siendo esta la versión definitiva que se hace presente hoy en día.

Inauguración

La inauguración del Templo tuvo lugar el lunes 30 de agosto de 1971 a las 16:30 de la tarde en el “Barrio General Savio colindando con su Planta industrial”, según material de archivo y hoy conocido como barrio Somisa. “La concepción del Templo ha buscado satisfacer las exigencias de la renovación litúrgica en un todo de acuerdo con la funcionalidad arquitectónica manteniendo el espíritu tradicional expresado por la Cruz Latina y por su volumen”, expresaba el texto en ese entonces.

Pedro F. Castiñeiras, teniente general y titular de la empresa Somisa en ese momento brindó unas palabras ante el público: “El Espíritu Santo, que es el Espíritu de Cristo a la vez, como el alma, el principio de unidad en la Verdad y en el Amor de la Iglesia; Él es el espíritu que santifica nuestro ser de bautizados, puesto que hemos sido sumergidos en la esencia de la Trinidad y sabemos que somos templo del Espíritu Santo”. En aquel tiempo, estuvieron presentes altas autoridades civiles, eclesiásticas y militares, entre ellas el representante del presidente de la Nación, el ministro del Interior Arturo Mor Roig, el Cardenal Primado Antonio Caggiano, el general Roccatagliatta, el intendente de San Nicolás Miguel M. Bent, la exactriz argentina Silvia Legrand y Castiñeira.

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