
Por Florencia Quatropani
Docente en Historia
“La planta de SOMISA, debía abastecer de acero a los laminadores pequeños y a los nuevos grandes que surgían, cuyos proyectos estaban en función de ella….El proyecto de SOMISA, aún atrasado, funcionaba como una palanca para el desarrollo de la siderurgia local, que se montaba y expandía a la espera de la provisión de acero desde esa planta en construcción” [1]
En la coyuntura que precede a la Primera Guerra Mundial, y vísperas de la Segunda Guerra Mundial el capital norteamericano se abocó a la inversión de frigoríficos, artículos electrónicos y metalurgia.
El golpe de 1943, y la finalización de la Segunda Guerra Mundial pusieron en claro cuál era la posición por parte de la dirigencia argentina frente al proceso de desarrollo industrial, otorgándole un rumbo claro y definido al proceso de sustitución por importaciones ya iniciado a partir de 1930.
Con la creación de la Ley 12987 “Ley Savio” se asentaban las bases de producir acero en el país, utilizando materias primas y combustibles argentinos y extranjeros en la proporción que resultara más ventajosa económica y técnicamente, tratando de mantener las fuentes nacionales de minerales y combustibles.
Ahora bien ¿Cuál sería el propósito de suscitar y concretar la rama siderúrgica en un país que hasta hace muy poco tiempo había sido preponderantemente agrícola ganadero, con un incipiente desarrollo industrial?
Naturalmente, una nueva coyuntura económica que había comenzado ya en los años treinta con una industria liviana, tuvo la imperiosa necesidad de desarrollar otro tipo de industria, las llamadas industrias de base. Era necesario entonces afianzar el desarrollo de la industria petroquímica, siderúrgica y metalúrgica argentina. De este modo, concomitantemente con una política económica desarrollista inaugurada por el Segundo Plan Quinquenal durante el gobierno de Juan Domingo Perón y continuada por Arturo Frondizi, la sociedad denominada Planta General Savio (SOMISA) quedó conformada con un aporte por parte del Estado de más del noventa por ciento y el resto lo constituyeron aportes privados.
Desde un aspecto social SOMISA dio origen a la construcción de casas, barrios, hoteles, instalación de pequeñas empresas complementarias a esta fábrica. De la misma manera, favoreció a la migración considerable de población que llegaba desde el interior del país en pos de nuevos puestos de trabajo. La fábrica se convirtió paulatinamente en el sustento de miles de argentinos que conformaron y llevaron a cabo su vida en torno al complejo siderúrgico.
[1] SCHVARZER Jorge. “La industria que supimos conseguir”. Planeta. Bs. As. 1996.

