La jugadora argentina lidera el ranking mundial de pádel y cierra el año en la cima. Desde Acapulco, comparte emociones, recuerdos y reflexiones sobre el camino recorrido.

Delfina Brea es la número uno del mundo del pádel femenino y cierra el año en lo más alto del ranking de la Federación Internacional de Pádel (FIP). El logro se confirmó el viernes 28 de noviembre, durante el Major de Premier Padel que se disputa en Acapulco, México, tras la eliminación de Ariana Sánchez y Paula Josemaría en los octavos de final.
La jugadora argentina, que cumplió 26 años el 5 de diciembre y acumula nueve títulos en la temporada 2025, recibe la noticia en un momento íntimo. Mientras cena junto a su compañera Gemma Triay, es la propia jugadora española quien le anuncia el resultado que sella el liderazgo mundial. Con la acreditación de los puntos, el número uno ya aparece reflejado en su ranking.
“Para mí es un sueño cumplido. Desde que empecé a jugar al pádel soñaba con ser la mejor en el deporte. Es algo que muy poquitos logran alcanzar. Estoy feliz de que me llegue en este momento de mi vida, más madura, más grande. El lunes, cuando se sumen los puntos, ese número uno va a aparecer en mi ranking. Es un privilegio estar en esta situación, después de haber estado tantos años afuera de casa y de haber hecho tanto esfuerzo. Que al final haya llegado es muy reconfortante. Es un logro que va más allá de mí: es un logro familiar, de todo mi entorno, que siempre me empujó a crecer”, expresa Brea en una charla con un grupo reducido de medios, entre ellos Página/12.
La consagración sintetiza años de sacrificio y desarraigo. Sus primeros pasos con la pala se dan en el club El Monasterio de Parque Chacabuco, bajo la influencia directa de su padre, Nito Brea, ex jugador profesional y entrenador. A los 17 años se traslada a España, el principal centro del pádel internacional, donde comienza a competir en torneos profesionales junto a Aranza Osoro.
Consultada sobre el momento más complejo del proceso, Brea señala: “El primer año que estuve acá, 2017, cuando tuve que terminar la secundaria a distancia en España, con mi familia. Tenía 17 años y a esa edad lo que querés es estar con tus amigas y hacer otros planes fuera de estar con mamá y papá. Pero soy una afortunada por el lugar que tuve y por cómo mi familia me pudo acompañar para dejarlo todo. Es una suerte que me dio la vida: nacer donde nací y arrancar con el entrenador que tuve, que es mi papá y que me hizo tener el pádel cerca desde muy chiquita. Tengo claro que sin eso quizá estar acá es un sueño que me hubiera costado un poco más. Fue duro, pero todo valió la pena”.
Sobre la vivencia de alcanzar la cima del ranking, explica: “Se disfruta mucho, sí. Quizá no tanto como me hubiese imaginado, porque siempre hay más por hacer y por mejorar. Ese chip es difícil sacárselo. Al final fue un año en el que quedamos número uno, pero no quiere decir que haya sido perfecto o que hayamos ganado todos los partidos. Pasaron cosas en la pareja, de nivel y de otro tipo de cosas que fuimos surfeando con el tiempo. Creemos que, como todo, es mejorable”.
Ante la consulta sobre si la sensación es distinta a la imaginada, responde: “No, es como me lo imaginaba, pero es una sensación diferente. Es difícil ponerse en ese lugar cuando no está tan cerca. El año pasado estuvimos más cerca, pero nunca había tenido la oportunidad de luchar mano a mano el número uno. Es como me lo imaginaba en el aspecto deportivo, en el respeto de las demás, todo positivo. No quiero que el titular sea que ser número uno no es como me lo imaginaba, sino, por otro lado: hoy hay una argentina feliz que es número uno y que era feliz antes”.
De cara al futuro inmediato, Brea plantea el desafío de sostener el nivel: “Es el gran desafío y es lo más difícil. Eso es lo que les pasa a los grandes, a los ídolos, justamente lo que los hace grandes es la constancia y la cantidad de años que pueden llegar a sostener un mismo nivel de trabajo, de concentración, de ganas. Es algo que voy a experimentar por primera vez: cómo encaramos el próximo año. Soy una persona exigente y confío en que eso siempre me va a llevar para adelante, aunque a veces tenga que dar dos pasos para atrás como ya me ocurrió”.
La actual número uno del mundo también destaca el acompañamiento familiar: “Mi papá estaba superemocionado: fueron muchos años de perseguir algo que, en su momento, se veía muy lejano. Es muy difícil ser la jugadora más regular del año. Haberlo conseguido es espectacular”.
Con un recorrido consolidado y una nueva etapa en marcha, Delfina Brea vive el cierre de 2025 en la cima del pádel mundial, con la ilusión renovada y nuevos objetivos por delante.

