Una mirada vigente sobre la crisis venezolana

NewsITe
En 2017, Mario Vargas Llosa lanzó una de sus advertencias más duras sobre el destino político de Venezuela: consideró “casi imposible” que el país recuperara la democracia de manera pacífica. La frase, pronunciada en el marco de sus análisis sobre el chavismo, volvió a circular con fuerza tras la muerte del escritor peruano en abril de 2025, y hoy se lee como un diagnóstico que sigue interpelando a la región.
Referente del liberalismo latinoamericano y Premio Nobel de Literatura, Vargas Llosa sostuvo durante años que el colapso venezolano no podía explicarse solo por un mal ciclo económico. En su interpretación, la combinación de populismo, corrupción, represión y un Estado capturado por intereses políticos había destruido instituciones, mercado y libertades públicas. Para el novelista, Venezuela se transformó en un “ejemplo trágico” de lo que ocurre cuando la “demagogia estatista” desplaza la sensatez y erosiona la legalidad democrática.
Uno de los puntos más sensibles de sus declaraciones fue la referencia al papel de las Fuerzas Armadas. Vargas Llosa afirmó que la supervivencia del régimen se explicaba por una estructura militar beneficiada y protegida, y vinculó la militarización de la economía con el control de circuitos ilegales. En ese marco, planteaba una pregunta que condensaba su escepticismo ante una salida electoral: “¿Alguien cree a Maduro capaz de dejarse derrotar en las urnas?”.
Críticas al sistema político y a la respuesta internacional
El escritor también cuestionó el desempeño de los organismos regionales y la comunidad internacional. Su mirada fue particularmente severa con la OEA, a la que describió como una institución incapaz de frenar abusos, y con Naciones Unidas, por la presencia venezolana en espacios vinculados a derechos humanos. Para Vargas Llosa, esa pasividad —por indiferencia, desconocimiento o cálculo político— terminaba agravando la crisis humanitaria y política.
- Advirtió que el deterioro institucional se consolidó con represión, censura y persecución a la oposición.
- Señaló que la unidad opositora era clave para evitar que las divisiones favorezcan al oficialismo.
- Destacó el rol de la sociedad civil como “trinchera” frente al avance autoritario.
“Es casi imposible que Venezuela recupere la democracia de manera pacífica”, sostuvo Vargas Llosa al evaluar una transición sin fracturas internas en el poder.
En su comparación con Cuba, advertía que Venezuela todavía conservaba márgenes de resistencia social pese al cierre de medios y la presión sobre la prensa independiente. Con todo, dejó una idea que buscaba trascender el caso venezolano: el populismo, decía, puede expandirse “como la peste” si no hay instituciones sólidas y ciudadanía activa.
En el cierre de su análisis, Vargas Llosa combinaba alarma con una cuota de confianza: sostenía que, aunque los pueblos pueden equivocarse y retroceder, también pueden rectificar. En esa convicción depositaba su esperanza final: que la persistencia de la sociedad venezolana, tarde o temprano, abra un camino de reconstrucción democrática.

