La crisis internacional le da oxígeno al Gobierno español
NewsITe
Pedro Sánchez encara uno de los tramos más delicados de su mandato: con un Congreso fragmentado y dificultades crecientes para aprobar leyes, el presidente del Gobierno español intenta ganar aire político apoyándose en la escena internacional. La captura relámpago de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos abrió un nuevo frente diplomático que Sánchez no dudó en aprovechar para reposicionarse, mientras en su país se multiplican las dudas sobre la estabilidad de la coalición y la capacidad de llegar con vida política a 2027.
En España, dos presidentes autonómicos del Partido Popular —María Guardiola y Jorge Azcón— ya convocaron elecciones anticipadas ante la imposibilidad de sacar adelante sus iniciativas. En La Moncloa toman nota: si el Gobierno central continúa encadenando derrotas parlamentarias, la opción de adelantar los comicios dejará de ser un tabú. Por eso, Sánchez pidió a sus ministros que impulsen medidas de alto impacto que no requieran del visto bueno del Congreso, un síntoma nítido de la debilidad legislativa que atraviesa al Ejecutivo.
La situación se complica además por la presión a ambos lados del espectro político. Por la derecha, las tensiones con Junts amenazan la aritmética parlamentaria; por la izquierda, las diferencias con Podemos y las fricciones crecientes con Sumar erosionan a su principal socio de coalición. A esto se le suma el desgaste interno que provocan los casos de presunta corrupción vinculados al PSOE, con nombres como Santos Cerdán, José Luis Ábalos y Koldo García en el centro de la escena.
Venezuela, Ucrania y Groenlandia: el frente exterior de Sánchez
El giro dramático en Venezuela, con Nicolás Maduro detenido y llevado ante la justicia estadounidense por cargos de narcotráfico, terrorismo y corrupción, generó una rápida reacción de Sánchez. El mandatario recordó que España no reconoce al régimen de Maduro, pero también rechazó de plano cualquier intervención que viole el derecho internacional y empuje a América Latina hacia un escenario de incertidumbre y belicismo. El mensaje buscó marcar distancia tanto del chavismo como de la estrategia impulsada por Washington.
En un primer momento, líderes como Emmanuel Macron y el jefe de la oposición española, Alberto Núñez Feijóo, optaron por la cautela. Sin embargo, con el correr de las horas también expresaron sus reservas sobre la operación promovida por Donald Trump, que mantiene a Delcy Rodríguez al frente del Gobierno venezolano en esta fase inicial. El canciller español, José Manuel Albares, advirtió que se trata de un «precedente muy peligroso» y recordó que la seguridad europea atraviesa un «momento crucial», con Groenlandia convertida en enclave estratégico disputado por las principales potencias.
En ese marco, Sánchez aprovechó su paso por París para anunciar que España está dispuesta a enviar tropas a Ucrania si se alcanza un acuerdo de paz que así lo contemple. La ofensiva diplomática le permite al Gobierno desplazar momentáneamente el foco de la agenda interna hacia la política exterior, aunque tarde o temprano deberá pasar por el filtro del Congreso: cualquier despliegue militar requerirá el aval de las Cortes y abrirá un debate donde reaparecerán, inevitablemente, los temas domésticos como la corrupción, la situación económica y la posibilidad de elecciones anticipadas.
El desafío de recomponer mayorías en Madrid
Mientras España discute su papel en Venezuela, en la relación con Estados Unidos, en la guerra de Ucrania y en la defensa del estratégico territorio de Groenlandia, Sánchez intenta presentarse como un líder de Estado en un contexto global inestable. Sin embargo, su capacidad de influencia internacional depende, en última instancia, de la fortaleza que logre reconstruir puertas adentro. Sin acuerdos básicos con PP, Podemos, ERC y el resto de fuerzas clave del arco parlamentario, la política exterior corre el riesgo de quedar rehén de la inestabilidad interna.
- Debilidad parlamentaria y riesgo de bloqueo legislativo prolongado.
- Tensiones crecientes con aliados y socios de coalición en la izquierda.
- Presión de la oposición por los casos de corrupción que salpican al PSOE.
- Uso de la política exterior como vía de escape a la crisis doméstica.
«La posición debe ser de país y no de parte», señalan analistas en Madrid, al advertir que la política exterior española solo será sólida si se asienta sobre consensos amplios en el Congreso.
El tablero se redefine con cada votación en las Cortes y con cada movimiento en los grandes conflictos internacionales. Sánchez gana tiempo refugiado en la diplomacia y en los debates sobre seguridad y defensa, pero sabe que su continuidad hasta 2027 dependerá de algo más simple y a la vez más complejo: volver a ganar votaciones en el Parlamento y recomponer una mayoría que, por ahora, aparece tan fragmentada como el propio mapa político español.

