Tormentas del Pacífico, glaciares en riesgo y más sequía

Tormentas que se desplazan al norte agravan la crisis climática

Tormenta en el Pacífico Norte y glaciares en retroceso

NewsITe

Un nuevo estudio científico reveló un vínculo directo entre las tormentas invernales del Pacífico Norte, el acelerado derretimiento de los glaciares en Alaska y el aumento de las olas de calor y sequías extremas en el oeste de Estados Unidos, especialmente en California y Nevada. La investigación, publicada en la prestigiosa revista Nature, advierte que estos cambios se están produciendo más rápido de lo que anticipaban los modelos climáticos actuales.

De acuerdo con el trabajo liderado por el Dr. Rei Chemke, del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias del Instituto Weizmann de Ciencias, y el Dr. Janni Yuval, de Google Research, los glaciares de Alaska pierden alrededor de 60 mil millones de toneladas de hielo al año. Esta cifra ilustra la magnitud del calentamiento que afecta a la región, donde la llegada de más calor y humedad favorece el retroceso del hielo y altera ecosistemas enteros.

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A unos 4000 kilómetros al sur, la realidad es igual de preocupante pero con otra cara: récords de calor, falta de lluvias y condiciones ideales para incendios forestales en California y Nevada. Según los autores del estudio, un factor decisivo detrás de este escenario es el desplazamiento hacia el norte de las trayectorias de las tormentas que se forman sobre el océano Pacífico Norte. Estas tormentas, que naturalmente transportan calor y humedad desde regiones más cálidas hacia latitudes altas, cambiaron de ruta en las últimas décadas.

Cuando las tormentas se desvían hacia el norte, explican los investigadores, Alaska recibe más calor y humedad, lo que acelera el derretimiento de sus glaciares. Al mismo tiempo, el suroeste de Estados Unidos pierde una suerte de “ventilación natural”: disminuye el ingreso de sistemas que moderan las temperaturas y aportan algo de humedad. El resultado es un escenario más seco, más caluroso y propenso a eventos extremos como olas de calor severas e incendios de gran magnitud.

Un cambio más rápido que lo previsto por los modelos climáticos

El estudio introduce además una nueva métrica basada en la presión a nivel del mar, un parámetro medido de forma consistente durante décadas en el hemisferio norte. Gracias a esta herramienta, los científicos pudieron determinar que el desplazamiento hacia el norte de las trayectorias de las tormentas no responde simplemente a la variabilidad natural del clima, sino que constituye una señal clara del cambio climático inducido por la actividad humana.

Los hallazgos se suman a una serie de trabajos previos de Chemke que señalan un patrón inquietante: en distintas regiones del planeta, las rutas que siguen las tormentas están cambiando con rapidez, y los modelos climáticos utilizados para proyectar el futuro no siempre logran capturar con precisión la magnitud de estos desplazamientos.

  • Las tormentas del Pacífico Norte se están moviendo hacia el norte más rápido de lo esperado.
  • Alaska recibe más calor y humedad, lo que acelera el derretimiento de glaciares.
  • California y Nevada quedan expuestas a más calor, sequía y riesgo de incendios.
  • Los modelos climáticos subestiman la velocidad y el impacto de estos cambios.

“Nuestra preparación para el cambio climático futuro depende de la capacidad de los modelos para realizar predicciones precisas. El hecho de que los modelos no capten el efecto del cambio climático en el reciente desplazamiento hacia el norte de las trayectorias de las tormentas, y sus consecuencias para el oeste de Norteamérica, sugiere que los cambios en esta región podrían ser incluso más drásticos de lo que prevemos actualmente”, advirtió el Dr. Rei Chemke.

Los autores subrayan que comprender mejor cómo y por qué cambian las trayectorias de las tormentas es clave para anticipar impactos en la disponibilidad de agua, la estabilidad de los glaciares y la frecuencia de fenómenos extremos. Para regiones como California, altamente dependiente de las lluvias invernales y de la nieve en montaña para abastecer sus reservas de agua, estos resultados refuerzan la necesidad de políticas de adaptación más ambiciosas y de una reducción sostenida de las emisiones de gases de efecto invernadero.

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