Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (3,13-17).

Por Monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás
«Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!”. Pero Jesús le respondió: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo”. Y Juan se lo permitió. Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él. Y se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”». Palabra del Señor.
Un comentario de lo que significa el bautismo de Jesús, de cuál es su perfil y su misión, lo da la primera lectura: “Este es mi Servidor, a quien Yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones. Él no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles. No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad; no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas esperarán su ley.
La paz es fruto de la justicia
Jesús es el Hijo muy querido del Padre; recibe al Espíritu Santo para una misión: dar a conocer e implantar el derecho en la tierra. Decía San Agustín: “La paz es la tranquilidad en el orden”, y explicaba que la tranquilidad se daba porque el derecho se cumplía, debido a que cada uno estaba en posesión de lo que le correspondía según su dignidad. De allí la frase: “Si quieres la paz, trabaja por la justicia”. Cuando el derecho se cumple, cuando hay justicia, entonces hay paz; de allí la importancia de trabajar por la justicia. Jesús realizó esta misión predicando, proponiendo de manera pacífica la ley de Dios, fuente de toda razón y justicia.
Las consecuencias de la injusticia
Visitando un penal, me llamó la atención lo jóvenes que eran los presos, y dialogando con ellos, una vez más me dije a mí mismo: “En Argentina se encarcela a la pobreza”. Muchos han delinquido porque la vida no les dio nada; no tuvieron una casa digna, alimentación suficiente, educación adecuada, valores cristianos… Muchos de ellos intentaron conseguir por caminos inadecuados lo que les correspondía por derecho y pagaron el error con el infierno de la cárcel: pérdida de la libertad, hacinamiento, suciedad, mala alimentación.
Sin criticar a nadie en particular, me llama la atención lo miopes y egoístas que solemos ser los argentinos cuando como sociedad hablamos de la seguridad: reclamamos más policías, más cámaras de vigilancia, mano dura en los castigos, y no analizamos con profundidad que la causa más profunda de la inseguridad es la injusticia. ¡¡Es absolutamente natural —y en ocasiones la ley establece que no es delito— que un padre salga a robar porque no consiguió trabajo, a pesar de buscarlo por todos lados y de muchas maneras, y no tiene para darles de comer a sus hijos!! Obviamente, para robar, a menudo hay que usar la violencia, pero el motivo profundo, en la mayoría de los casos, es no tener acceso a las necesidades básicas, mientras que a muchos les sobra, derrochan y tiran alimentos. Hay estadísticas mundiales sobre esto; es una realidad, no una alucinación.
Por eso, en este momento socioeconómico difícil de la Argentina, donde mucha gente sigue siendo pobre y el número de indigentes es grande, hay que tener muy presente la frase: “Si quieres la paz, trabaja por la justicia”. Dios Padre, igual que a Cristo, nos dice que nos ama mucho y, como a Él, nos da la misión de implantar el derecho en la tierra, haciendo nuestro aporte de acuerdo con nuestras capacidades; generando fuentes de trabajo, educando, formando en valores cristianos. Si comenzamos a hacerlo, tengamos la certeza de que la violencia comienza a disminuir y la paz —que es la tranquilidad en el orden—, junto con la seguridad, aumenta. Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Buen domingo.

