Martín Sivak y “La llorería”: autoficción, duelo y memoria

Autoficción, periodismo y una vida atravesada por el duelo

El escritor y periodista Martín Sivak presenta su libro La llorería

NewsITe

En su nuevo libro La llorería (Alfaguara), Martín Sivak vuelve a poner el cuerpo y la biografía en el centro de la escena. El periodista y escritor, autor de investigaciones clave sobre la historia política y mediática de la región, retoma aquí la senda que abrió con El salto de papá, donde narró el suicidio de su padre y el peso de una historia familiar atravesada por la violencia política y la reconstrucción democrática argentina.

La nueva obra se inscribe en la tradición de la autoficción y de la llamada “literatura del yo”, pero con una marca muy personal: Sivak utiliza la experiencia íntima —separaciones, duelos, amistades, enfermedades— como un modo de organizar lo que él mismo define como “su desesperación”, sin caer en el exhibicionismo ni en el ajuste de cuentas familiar. La escritura aparece, más que como consuelo, como un sistema de orden frente al caos.

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Organizado en once partes, algunas con formato de diario personal, La llorería se mueve en distintos tiempos y geografías. Por un lado, la crónica de una separación amorosa y el sufrimiento que despierta en el narrador; por otro, el relato de la intensa amistad con Sean Langan, periodista británico habituado al periodismo de alto riesgo, con quien Sivak realizó a comienzos de los 2000 un viaje iniciático por América Latina en busca de historias políticas y sociales.

Un viaje entre el amor, el riesgo y la enfermedad

El libro alterna la intimidad de los vínculos amorosos con escenas de periodismo extremo: plantaciones de café en Guatemala, paisajes del norte argentino que Langan compara con Kabul y coberturas que bordean el peligro físico. Ese recorrido profesional se superpone con un tercer eje central: la enfermedad y muerte de la madre del autor, un duelo que se cruza en el calendario con el viaje latinoamericano y marca para siempre el vínculo entre ambos episodios.

En paralelo, Sivak revisita su propia formación como lector y escritor. Reconoce la influencia decisiva de autoras como Annie Ernaux, Vivian Gornick, Joan Didion y María Moreno, cuyas obras lo ayudaron a encontrar un tono para narrar su vida sin renunciar al rigor del periodista. También menciona como faros a Emmanuel Carrère y Karl Ove Knausgård, referentes de una narrativa que mezcla memoria, ensayo y novela.

Cartas, memoria familiar y la figura de la madre

Uno de los momentos más conmovedores del proceso de escritura llegó cuando, en plena mudanza, el autor encontró un sobre con cartas que su madre le había escrito a su padre en los años 70, mientras él estaba preso por su militancia política. En esas páginas, Sivak descubre a una mujer joven enamorada, que sueña con casarse, formar una familia e imaginar un futuro alejado —al menos en apariencia— de la tensión política de aquellos años.

Esas cartas, leídas décadas después, se transforman en el motor del final del libro y en una nueva forma de mirar a esa madre que sostuvo la vida cotidiana, el cuidado y la crianza tras el suicidio del padre. En La llorería, la figura materna emerge como un personaje central: la única mujer “enamorada hasta el final”, según sugiere la lectura que el propio autor hace de esas misivas.

  • Recuperación de la historia materna y sus raíces familiares.
  • Exploración de la identidad, la fe y el origen judío-marrano del linaje materno.
  • Reflexión sobre los modos en que las mujeres sostienen la vida cotidiana frente a la tragedia.

“La llorería”: llorar, escribir y ser hombre hoy

El título del libro proviene de una frase que el padre de Sivak repetía en su casa: “A llorar a la llorería”, expresión que usaba para marcar límite ante las quejas, primero deportivas y luego de distinta índole. Con el tiempo, el autor descubre que esa fórmula tenía múltiples variantes populares y que incluso da nombre a un restaurante en Madrid. En su versión literaria, La llorería se vuelve el espacio simbólico donde se permite el llanto masculino, el sufrimiento amoroso y la vulnerabilidad.

En las charlas en torno al libro, Sivak reconoce su propia timidez y reserva, rasgos que contrastan con la crudeza con la que escribe sobre sí mismo: cuenta rituales obsesivos, la cantidad de pasos que camina, el boxeo como descarga, la medicación para sobrellevar la angustia y hasta detalles mínimos de su vida cotidiana. En lugar de construir una épica del dolor, el libro se detiene en esos pequeños gestos que permiten atravesar el duelo.

“Uno puede pasar una separación o un duelo sin escribir; para mí fue un modo de organizar mi desesperación”, admite Sivak al hablar de La llorería. La frase resume el corazón del proyecto: la escritura como forma de darle estructura a lo que desborda.

Con La llorería, Martín Sivak cierra —al menos por ahora— un ciclo de siete años de exploración autobiográfica que comenzó con El salto de papá. El autor asegura que su próximo libro volverá a un objeto más externo, menos íntimo. Mientras tanto, esta obra se suma a una tradición de literatura argentina donde la vida privada funciona como terreno desde el cual pensar un país, su memoria política y sus modos de procesar la pérdida.

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