Blas Matamoro: el escritor que la dictadura intentó borrar

El autor argentino cuyo libro fue el primero en ser quemado por la dictadura

Blas Matamoro, escritor argentino exiliado en España

NewsITe

En un departamento de Madrid, rodeado de plantas que le recuerdan el patio de su infancia en Floresta y con la música como compañía cotidiana, Blas Matamoro acaba de cumplir 84 años. Allí, lejos de la calle Zelada donde nació en 1942, el escritor vive un inesperado renacimiento literario en la Argentina que dejó atrás durante la última dictadura militar.

El redescubrimiento de su obra llega con un dato tan simbólico como brutal: su libro Olimpo, publicado en 1976 por la editorial Corregidor, fue el primer título prohibido y quemado por la dictadura. El Ejército lo incluyó en un operativo de destrucción de 54 toneladas de libros en un quemadero de Sarandí, cerca de Avellaneda. “Mi libro Olimpo fue el primero que prohibió la dictadura”, recuerda Matamoro, todavía sorprendido por el destino que tuvieron sus páginas.

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El editor Damián Ríos, de Blatt & Ríos, sintetiza la dimensión de este rescate cultural: “Es uno de los muy buenos escritores argentinos de fines del siglo XX que sigue activo. Se tuvo que exiliar por la dictadura del 76 y eso lo llevó a perder contacto con el medio argentino. Rescatar la obra y la figura de Blas Matamoro es saldar una cuenta con la cultura argentina”. Su prosa, elegante y argumentativa, conecta con la tradición del Grupo Sur, de figuras como Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges u Oliverio Girondo.

Un pionero en la diversidad sexual y una obra de culto

A comienzos de los años 70, el departamento de Matamoro en el barrio de Once fue escenario de la primera reunión del Frente de Liberación Homosexual (FLH). Vivía solo, algo inusual para la época, y su casa se convirtió en el único espacio posible para una organización que no tenía sede ni personería jurídica, pero sí un objetivo claro: irrumpir en el espacio público y denunciar la persecución policial basada en las ordenanzas que criminalizaban la homosexualidad.

Impulsado por Héctor Anabitarte y en diálogo con intelectuales como Juan José Sebreli y Manuel Puig, el FLH fue, según recuerda Matamoro, una federación informal de personas con ideologías diversas que coincidían en un punto: hacer visible un problema del que nadie hablaba. Esa exposición temprana, en un país conservador y bajo la sombra del autoritarismo, convirtió a Matamoro en una figura incómoda para el poder.

La persecución alcanzó un punto crítico con la censura de Olimpo. Décadas más tarde, ya en democracia, el escritor pudo acceder al dictamen de prohibición archivado en el Ministerio del Interior. Allí se consigna que la iniciativa partió del reclamo de un sacerdote y se lo señala como “peligro para la cultura cristiana de Occidente” y “persona sospechosa”. Para Matamoro, la clave no estaba sólo en el contenido del libro, sino en la necesidad del régimen de ejercer un “terrorismo de Estado de segundo orden” contra quienes no pertenecían a organizaciones armadas, pero eran considerados parte de una “subversión moral o cultural”.

Exilio, memoria y un regreso a las librerías

El exilio a España llegó también atravesado por la violencia de esos años. Su pareja de entonces fue secuestrada durante una semana y, al regresar, le planteó que no podía seguir viviendo en la Argentina. El escritor optó por partir. Su compañero murió en 1994, y Matamoro se define, desde entonces, como “un superviviente”. Volvió varias veces al país, pero nunca para instalarse nuevamente. La combinación de crisis políticas, económicas y la vida construida en Madrid terminaron de sellar la decisión.

Hoy, su nombre circula con fuerza entre nuevas generaciones de lectores y editores. En la Argentina ya se reeditan novelas como Fundido a negro y los cuentos de Taller de otoño, por Blatt & Ríos, al tiempo que en marzo volverá a las librerías Olimpo, con un prólogo del propio autor, medio siglo después de su primera y fugaz aparición.

  • Se consiguen sus libros Las tres carabelas y La canción del pobre Juan por Editorial de Parado.
  • Participó de la antología Lo que queremos es que nos deseen. Narrativa argentina gay/queer del siglo XXI, editada en España.
  • Su obra dialoga con figuras como Néstor Perlongher y con una tradición de disidencia sexual y cultural.

“Había que mostrarle a la sociedad que nadie se iba a salvar de la represión”, afirma Matamoro sobre el sentido político de la censura a Olimpo.

Instalado en Madrid, Matamoro sigue escribiendo diarios íntimos desde 1995, colabora semanalmente con la revista digital Cualia y mantiene una columna mensual sobre ópera en la Revista de Occidente. Melómano declarado, también publicó un libro sobre el Teatro Colón. A la distancia, extraña a sus afectos porteños y sigue la actualidad argentina por YouTube y medios locales, mientras toma mate en el tendedero, rodeado de macetas que lo devuelven, por un instante, al patio de su niñez en Buenos Aires.

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