Reza Pahlavi asegura que el régimen iraní atraviesa su momento más débil
NewsITe
En medio de la ola de protestas más grave que enfrenta Irán en más de tres años, el ex príncipe heredero Reza Pahlavi difundió un mensaje dirigido tanto a los manifestantes como a las fuerzas de seguridad del país. En su intervención, el dirigente opositor en el exilio aseguró que el régimen de la República Islámica atraviesa uno de sus momentos de mayor debilidad y llamó abiertamente a policías, militares y empleados públicos a “apoyar al pueblo” y distanciarse de la cúpula gobernante.
Pahlavi describió las movilizaciones que sacuden Teherán y decenas de ciudades como una “nueva etapa del levantamiento nacional” para derrocar a la República Islámica y “recuperar” el país. En su diagnóstico, el régimen del líder supremo Ali Khamenei enfrenta una crisis de recursos humanos: cada vez dispone de menos efectivos dispuestos a sostener la represión, mientras aumentan los reportes de desobediencia y cansancio en las filas de las fuerzas de seguridad.
El contexto interno es dramático. Organizaciones de derechos humanos y activistas informan que la represión ha dejado centenares de muertos y miles de heridos, en un escenario agravado por el apagón casi total de Internet y severas restricciones a las comunicaciones. Iran Human Rights estima al menos 192 manifestantes muertos en las primeras dos semanas de protestas, mientras otros reportes elevan esa cifra a más de 500 e incluso a miles de fallecidos, lo que ha llevado a varios referentes a hablar abiertamente de “masacre”.
Un mensaje directo a las fuerzas armadas y a la burocracia estatal
En su llamado, Reza Pahlavi planteó un dilema tajante a los integrantes de las fuerzas armadas, las fuerzas de seguridad y el aparato estatal: acompañar al pueblo o quedar asociados para siempre con la represión. “Los empleados de los aparatos gubernamentales, las fuerzas armadas y las fuerzas del orden tienen la oportunidad de unirse al pueblo y ayudar a la nación, o de optar por conspirar con los asesinos de la nación y comprar la vergüenza y la maldición eternas”, advirtió.
El ex heredero insistió en que todas las instituciones dedicadas a la propaganda oficial y al corte de comunicaciones son “objetivos legítimos” del movimiento de protesta. Al mismo tiempo, reclamó que embajadas y consulados iraníes en el exterior sean simbólicamente “recuperados” por la diáspora, izando la bandera nacional previa a la revolución islámica de 1979 en lugar de los símbolos de la actual república teocrática.
Para Pahlavi, la juventud iraní es la fuerza motriz del levantamiento. La definió como “inmortal” y afirmó que la sangre derramada por quienes han muerto en las calles se transformará en guía hacia una eventual victoria. “La libertad de Irán está cerca. La sangre derramada de los hijos inmortales de Irán es nuestra guía hacia la victoria”, sostuvo en su mensaje, difundido mientras continúan los disparos contra manifestantes en distintas provincias.
Grave denuncia de masacre y creciente alarma internacional
Las palabras de Pahlavi se inscriben en una sucesión de denuncias por parte de organizaciones de derechos humanos y figuras reconocidas a nivel mundial. La activista y premio Nobel de la Paz Narges Mohammadi aseguró que, tras más de 70 horas de apagón casi total de Internet, su fundación recibe reportes “horribles” de tiroteos masivos contra manifestantes por parte de fuerzas del régimen. Según estos informes, al menos dos mil personas habrían muerto por disparos de seguridad, aunque el número real podría ser mucho mayor.
En paralelo, la periodista y activista Masih Alinejad recogió testimonios médicos que hablan de más de 3.500 muertos y más de 10.000 heridos registrados en hospitales. Hospitales desbordados, falta de reservas de sangre y heridos con impactos de bala en los ojos se repiten en los relatos de testigos y ONG. El Centro para los Derechos Humanos en Irán, con sede en Estados Unidos, alertó que “se lleva a cabo una masacre” y reclamó una reacción urgente de la comunidad internacional.
La respuesta de gobiernos y organismos multilaterales se ha ido endureciendo. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, se declaró “impactado” por el uso excesivo de la fuerza y pidió máxima moderación al régimen. Países como Australia recomendaron a sus ciudadanos abandonar Irán de inmediato ante el deterioro de la seguridad interna, mientras que en Europa se multiplican las marchas de solidaridad en ciudades como Londres, París y Estambul.
Advertencias cruzadas y temor a una escalada regional
Mientras crece la presión internacional, desde Teherán se lanzan advertencias hacia el exterior. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, amenazó con considerar “objetivos legítimos” a Israel y a instalaciones militares y navieras de Estados Unidos en caso de un ataque extranjero. La Guardia Revolucionaria y el Ejército difundieron comunicados en los que acusan a “grupos terroristas” de intentar desestabilizar el país y prometen salvaguardar los logros de la revolución islámica.
Del otro lado, el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que Irán enfrenta “grandes problemas” y aseguró que su país está “listo para ayudar” al pueblo iraní. El secretario de Estado, Marco Rubio, mantuvo contactos con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para analizar la situación y coordinar posiciones. Israel, por su parte, pidió a la Unión Europea que incluya a la Guardia Revolucionaria en la lista de organizaciones terroristas y reiteró su respaldo a las protestas contra el régimen.
En contraste con el discurso oficial iraní, que califica a los manifestantes como “criminales terroristas urbanos” y convocó a tres días de duelo por los muertos, incluyendo miembros de las fuerzas de seguridad, figuras políticas y religiosas en todo el mundo han pedido evitar una escalada. El papa León XIV llamó al diálogo y a la paz en Irán y Siria, y expresó su preocupación por las tensiones crecientes y las numerosas víctimas reportadas.
Un país desconectado y un futuro incierto
El prolongado apagón de Internet —que supera las 60 horas— dificulta la verificación independiente de las cifras y la dimensión real de la represión. Sin acceso estable a redes sociales ni servicios de mensajería, las familias enfrentan enormes obstáculos para localizar a sus seres queridos, mientras se reportan morgues colapsadas y centros de detención abarrotados. Organizaciones como Iran Human Rights calculan más de 10.600 detenidos desde el inicio de las protestas.
En este escenario, el presidente Masud Pezeshkian prometió abordar por televisión la situación económica y “las demandas del pueblo”. No obstante, para amplios sectores de la población y para referentes de la oposición en el exilio, el conflicto ha superado el plano económico y se ha transformado en un cuestionamiento estructural al régimen instaurado en 1979.
“No estamos solos. La ayuda internacional también llegará pronto. Estén atentos a mis próximos mensajes. Pronto recuperaremos nuestro amado Irán de la República Islámica y celebraremos la libertad y la victoria en todo Irán”, concluyó Reza Pahlavi, en un mensaje que busca mantener viva la moral de los manifestantes pese al costo humano creciente.
Con un país parcialmente desconectado del mundo, denuncias de crímenes de lesa humanidad y llamados cruzados a la solidaridad internacional y a la mano dura, el desenlace de esta nueva ola de protestas en Irán sigue siendo incierto. Sin embargo, tanto los discursos de la dirigencia opositora como la persistencia de las movilizaciones revelan que una parte significativa de la sociedad iraní considera que se abrió una etapa decisiva en su larga disputa con el régimen de los ayatolás.

