Depresión y corazón: alertan por hasta 50% más riesgo cardiovascular

La salud mental, una nueva frontera en la prevención cardíaca

Profesionales de la salud analizan la relación entre depresión y enfermedades cardiovasculares

NewsITe

La Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) advirtió que las personas con depresión o síntomas depresivos presentan entre un 30% y un 50% más riesgo de sufrir infarto de miocardio, accidente cerebrovascular (ACV) o insuficiencia cardíaca. El dato se enmarca en un cambio de paradigma: la salud mental dejó de ser un aspecto aislado para convertirse en un factor clave en la prevención cardiovascular.

Los especialistas señalan que la magnitud del problema es especialmente grave si se tiene en cuenta que, según distintos estudios, alrededor de ocho de cada diez personas con depresión no reciben un diagnóstico ni tratamiento a tiempo. Esto implica que una gran parte de la población podría estar conviviendo durante años con un riesgo elevado para el corazón sin saberlo ni tener controles adecuados.

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El cardiólogo Omar Prieto, exdirector y actual asesor del Consejo de Aspectos Psicosociales de la SAC, describe la depresión como una realidad silenciosa y extendida. Explica que muchas veces no se presenta como tristeza evidente, sino a través de signos menos reconocidos, como cansancio persistente, insomnio, irritabilidad o pérdida de motivación. Esa sintomatología repercute de manera directa en los hábitos de vida y, por consecuencia, en la salud cardiovascular.

Cómo impacta la depresión en el corazón

Desde la SAC destacan que la comprensión del vínculo entre mente y corazón cambió de forma profunda en la medicina moderna. Hoy se sabe que el cuerpo expresa el sufrimiento psíquico mediante diversas alteraciones físicas, y el corazón suele ser uno de los primeros órganos en evidenciarlo. La depresión es considerada un fenómeno biológico, cognitivo, conductual, físico y social, con capacidad comprobada para aumentar el riesgo cardiovascular.

La cardióloga Alejandra Ávalos Oddi, asesora y exdirectora del mismo consejo de la SAC, remarca que la evidencia científica –tanto local como internacional– es contundente. Diversas investigaciones muestran que la depresión no es un cuadro estático: cuando los síntomas se prolongan o se agravan, el riesgo de enfermedad cardíaca crece en forma progresiva.

En estos pacientes, el cerebro permanece sometido a un estrés emocional constante. Esto activa de manera sostenida las hormonas del estrés, favorece procesos inflamatorios y altera la capacidad de los vasos sanguíneos para adaptarse a los cambios de presión y flujo. En conjunto, este escenario contribuye al desarrollo o empeoramiento de enfermedades como la hipertensión, la aterosclerosis y la insuficiencia cardíaca.

Factores psicosociales que se pueden modificar

El Consenso de Aspectos Psicosociales en Enfermedad Cardiovascular de la SAC identifica a la depresión, el estrés, la ansiedad, la soledad y el aislamiento social como factores de riesgo «relevantes, frecuentes y potencialmente modificables». Por ese motivo, el documento recomienda que su evaluación forme parte de la práctica clínica cotidiana, tanto en consultorios de cardiología como en controles generales.

  • Detectar precozmente síntomas depresivos y de ansiedad.
  • Indagar sobre situaciones de soledad, aislamiento o sobrecarga emocional.
  • Promover hábitos saludables de sueño, alimentación y actividad física.
  • Favorecer el acompañamiento psicológico y, cuando corresponda, psiquiátrico.

A nivel internacional, el Consenso Clínico 2025 de la Sociedad Europea de Cardiología también subraya que el vínculo entre mente y corazón es bidireccional. La depresión aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular, y a su vez, atravesar un infarto, una cirugía o una insuficiencia cardíaca favorece la aparición y cronificación de la depresión, generando un círculo vicioso que deteriora la calidad de vida y la adherencia a los tratamientos.

«No se trata de sumar consultas ni de medicalizar las emociones, sino de cambiar el enfoque», sostiene el Dr. Omar Prieto, quien insiste en la necesidad de equipos integrados entre cardiólogos, clínicos y profesionales de la salud mental.

Mujeres, pacientes cardíacos y el desafío de llegar a tiempo

Los especialistas remarcan que en pacientes con insuficiencia cardíaca, la presencia simultánea de depresión se asocia con más internaciones, mayor mortalidad y peor calidad de vida. En ese contexto, la detección temprana de síntomas anímicos puede representar una oportunidad concreta para prevenir descompensaciones y evitar nuevas hospitalizaciones.

La depresión impacta con fuerza particular en las mujeres, que registran el doble de casos que los varones. Según detalla Ávalos Oddi, las fluctuaciones hormonales a lo largo de la vida –como el posparto y la etapa perimenopáusica– pueden desencadenar o intensificar alteraciones del ánimo. A esto se suma la carga mental y la multiplicidad de roles laborales, familiares y de cuidado, que muchas veces demora la consulta y la atención.

Desde la SAC proponen aprovechar jornadas como el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión para promover el diálogo, derribar estigmas y alentar a preguntar, escuchar y consultar a tiempo. Integrar la dimensión emocional al cuidado del corazón, señalan, no es una moda ni un accesorio, sino una exigencia de la medicina basada en la evidencia. Comprender esa conexión es, para la cardiología actual, uno de sus grandes desafíos y, al mismo tiempo, una oportunidad para construir una atención más cercana, humana y efectiva.

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