Irán endurece el apagón digital para tapar la represión

Internet bajo asedio: el apagón más duro en Irán

Manifestaciones en Irán y fuerte apagón de internet

NewsITe

El régimen iraní volvió a recurrir a una de sus herramientas más efectivas para silenciar el disenso: cortar la conexión con el mundo. Desde el 8 de enero, la conectividad a internet en el país cayó a apenas el 1% de sus niveles habituales, en un apagón que supera en alcance y duración a los registrados durante las protestas de 2019 y la ola de manifestaciones de 2022.

La drástica medida complicó las comunicaciones internas y dejó casi ciega a la comunidad internacional sobre lo que ocurre en las calles iraníes, en medio de un levantamiento que ya se cobró centenares de vidas a manos de las fuerzas de seguridad.

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Organismos de derechos humanos y fuentes opositoras estiman que, en los días más violentos de la represión, podrían haber sido asesinadas al menos 500 personas y posiblemente más de 1.000. A diferencia de ocasiones anteriores, la televisión estatal exhibió imágenes de los cuerpos y reconoció que muchas de las víctimas eran ciudadanos comunes, no “saboteadores armados”, como suele sostener la narrativa oficial.

Control digital: cómo Irán aísla a su población

La dificultad para evaluar el alcance real de las protestas responde a una maquinaria de control digital que Teherán viene perfeccionando desde hace años. El régimen manipula el Protocolo de Puerta de Enlace Fronteriza (BGP), que regula el tráfico entre la red iraní y la internet global, y aplica un filtrado profundo de paquetes de datos para bloquear redes privadas virtuales (VPN), una de las pocas vías de acceso a contenidos no autorizados.

En paralelo, Irán impulsa una “internet nacional” controlada por el Estado, que permite mantener en funcionamiento servicios gubernamentales y esenciales mientras restringe el resto de la red. Aunque el bloqueo de VPN es imperfecto y obliga a un juego constante de prueba y error, se sospecha que algunas de estas herramientas son operadas por el propio gobierno para espiar o tender trampas a los usuarios.

Starlink, contrabando y guerra electrónica

Frente al cerrojo digital, una de las alternativas elegidas por activistas y organizaciones ha sido recurrir a las terminales satelitales Starlink, de la empresa estadounidense SpaceX. Su uso es ilegal en Irán, pero desde las protestas de 2022 se introdujeron de contrabando miles de dispositivos a través de rutas como la frontera con Turquía.

Pese a ello, el acceso no está garantizado. Testimonios recogidos por especialistas señalan que, en los primeros días del apagón, aún circulaban imágenes y videos desde algunas zonas del país. Sin embargo, hacia el 11 de enero el flujo se redujo drásticamente, lo que sugiere que las autoridades habrían avanzado también sobre estas conexiones.

En teoría, interferir Starlink es complejo porque exige saturar las comunicaciones entre cada terminal y los satélites, algo difícil de replicar a escala nacional. Rusia lo logró parcialmente en zonas puntuales de Ucrania, y Teherán estaría aplicando tácticas similares en áreas urbanas, instalando potentes inhibidores en puntos elevados para cubrir sectores estratégicos.

Interferencia GPS y el rol de Estados Unidos

Especialistas en guerra electrónica apuntan a otra posible estrategia iraní: interferir las señales GPS que utilizan las terminales para determinar su ubicación. Sin esa referencia, el sistema satelital se ve limitado para conectarse correctamente, y las restricciones geográficas aplicadas por SpaceX –que impiden el uso en determinadas áreas sensibles– pueden verse alteradas o confundidas.

En Washington, la situación abrió un debate sobre cómo responder al apagón informativo. El expresidente estadounidense Donald Trump, que ya había advertido sobre una posible reacción ante nuevas matanzas de manifestantes, mencionó como objetivo “restablecer el internet, si es posible”, incluso mediante operaciones cibernéticas ofensivas.

No obstante, expertos consultados señalan que sostener por esa vía el acceso a la red dentro de Irán sería extremadamente difícil, dado el férreo control estatal sobre las telecomunicaciones. La alternativa más factible, sostienen, sería multiplicar el ingreso de terminales Starlink, replicando el modelo aplicado en Ucrania al inicio de la invasión rusa. “Podríamos hablar con Elon”, deslizó Trump, en alusión a Elon Musk, al destacar su influencia en este terreno.

Mientras tanto, el régimen insiste en que la situación está “bajo control total” y promete un eventual restablecimiento de la conectividad. Pero, puertas adentro, el apagón digital se consolida como una pieza central de la estrategia para reprimir la protesta y reducir al mínimo la visibilidad internacional de la crisis iraní.

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