Mejora del clima financiero, pero persisten dudas locales

El ICF marcó en diciembre su mayor nivel desde enero

Indicadores financieros y gráficos que ilustran la evolución del mercado argentino

NewsITe

El clima financiero en la Argentina cerró 2025 con una mejora respecto de los meses previos, aunque todavía con señales de fragilidad puertas adentro. De acuerdo con el último informe del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), el Índice de Condiciones Financieras (ICF) alcanzó en diciembre los 61,5 puntos, el valor más alto desde enero. El dato fue leído como una señal positiva, pero con un matiz importante: el avance se explica casi exclusivamente por el impulso del contexto internacional, mientras que las condiciones locales volvieron a deteriorarse levemente.

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El ICF, elaborado de manera conjunta por el IAEF y la consultora Econviews, mide todos los meses cuán accesible es el crédito para familias, empresas y para el propio Estado argentino. Para ello combina veinte variables, diez locales y diez externas, y las traduce en un indicador que permite identificar si la economía se mueve en un terreno de “confort” financiero —cuando los valores son positivos y altos— o de “estrés”, cuando el acceso al financiamiento se complica y aumenta la percepción de riesgo.

En diciembre, el repunte del índice se apoyó íntegramente en el subíndice externo, que avanzó 12 puntos hasta ubicarse en 38 unidades. Ese registro lo deja cerca del mejor 5% de su serie histórica, apuntalado por un entorno internacional más amigable para los activos de mercados emergentes y por una baja en las tasas de interés de referencia en las principales economías. En ese marco, los activos argentinos se beneficiaron de un flujo de capitales más favorable, pese a que el “rally” pos electoral perdió fuerza hacia fin de año.

Deterioro local y desafíos para la desinflación

Mientras el viento de cola vino del exterior, las condiciones financieras domésticas mostraron otra cara: el subíndice local retrocedió 1,5 puntos y terminó diciembre en 23,5 unidades. Detrás de ese movimiento aparecen factores ya conocidos: una inflación todavía elevada, la volatilidad en las tasas de interés y un encarecimiento del financiamiento en pesos. La tasa BADLAR para depósitos a plazo fijo de grandes montos en bancos privados bajó del 46% nominal anual en octubre al 26% en diciembre, aunque sobre el final del mes volvió a subir, reflejando la inestabilidad del mercado.

El IAEF advierte que el proceso de desinflación enfrenta obstáculos relevantes. La flexibilización del esquema cambiario y la adopción de una banda más amplia redujeron el rol del tipo de cambio como ancla nominal. Esa situación alimenta dudas sobre la velocidad a la que podrá bajar la inflación en los próximos meses y condiciona las expectativas de los inversores, que observan con atención el comportamiento del Banco Central y la coordinación con la política fiscal.

Otro punto bajo del frente doméstico es la dinámica de las reservas internacionales y la capacidad del Tesoro para atender sus compromisos. En enero, el Banco Central cerró una operación de recompra (repo) por USD 3.000 millones con bancos internacionales, a una tasa cercana al 7,4% anual, con el objetivo de facilitar el pago de vencimientos de deuda. Si bien el riesgo país se había reducido de manera significativa luego de las elecciones, el indicador se estabilizó alrededor de los 570 puntos básicos y el diferencial entre los bonos regidos por ley de Nueva York y los emitidos bajo ley argentina se amplió en diciembre, una señal de cautela del mercado respecto del marco jurídico local.

Expectativa sobre el rumbo de la política económica en 2026

El informe también subraya que, más allá del respiro que brinda el contexto global, persiste una elevada volatilidad tanto en el plano local como internacional. Para 2026, los analistas destacan que el foco estará puesto en la capacidad del Gobierno y del Banco Central para recomponer reservas, consolidar un programa monetario y cambiario creíble y sostener el acceso al financiamiento en condiciones sostenibles.

En el corto plazo, se espera que la demanda de divisas por turismo aumente la presión sobre el mercado cambiario durante enero y febrero, un fenómeno estacional que todos los años obliga a seguir de cerca la salida de dólares. El comportamiento del tipo de cambio, las intervenciones del Banco Central y las eventuales medidas de control o flexibilización serán observadas con lupa por los operadores financieros.

Hacia el año corriente, el IAEF remarca que hay margen para una mejora más sólida del clima financiero si se consolida un escenario de menor incertidumbre política y un Congreso más alineado con las reformas económicas. Sin embargo, aclara que la clave pasará por la acumulación de reservas, la reducción gradual del riesgo país y un sendero de inflación a la baja. Solo con avances concretos en esos frentes se podrá transformar el repunte actual en una tendencia de mediano plazo y dejar atrás el terreno de vulnerabilidad que todavía perciben los mercados.

La sostenibilidad del repunte financiero dependerá de señales claras en política monetaria, cambiaria y fiscal, y de la capacidad para fortalecer las reservas y la confianza de los inversores.

Por el momento, el mercado mantiene una postura prudente: reconoce la mejora de los indicadores, pero espera decisiones consistentes que consoliden la estabilidad y permitan transformar la oportunidad que ofrece el contexto internacional en una recuperación duradera para la economía argentina.

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