El refuerzo chino que duró dos entrenamientos en Boca

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A comienzos de 2004, todavía fresca la conquista de la Copa Intercontinental ante el Milan en Japón, Boca Juniors vivió uno de los episodios más curiosos de su historia moderna: la llegada relámpago del mediocampista chino Li Yao, un jugador presentado como apuesta de marketing por el entonces presidente Mauricio Macri y descartado en tiempo récord por Carlos Bianchi.
El contexto no podía ser más glorioso para el club de la Ribera. El equipo venía de ganarle al poderoso Milan en Tokio, con aquel recordado gol de Matías Donnet y la consagración por penales, que significó la segunda Intercontinental de Boca bajo la conducción del Virrey y la tercera en su carrera. En ese escenario, Macri imaginaba un paso más en la internacionalización de la marca Boca.
Li Yao, de 26 años, llegaba desde el Dalian Shide FC, uno de los clubes fuertes de China, semifinalista de la Champions League de Asia. Tenía en su currículum un partido en el Mundial Sub 20 de Malasia 1997 con su selección, en el empate 1-1 frente a Irlanda por la fase de grupos, torneo en el que Juan Román Riquelme brilló y la Argentina de José Pekerman se consagró campeona.
Un fichaje pensado para el mercado chino
Macri veía en la incorporación de Li Yao una puerta de entrada al gigantesco mercado asiático, del mismo modo que había intentado seducir al público japonés con Naohiro Takahara a comienzos de la década. La idea era clara: sumar un jugador chino, mantenerlo en el plantel profesional y, con algunos minutos en cancha, captar la atención de millones de hinchas potenciales.
Los diarios de la época se hicieron eco de la novedad. El 7 de enero de 2004, el diario deportivo Olé tituló en tapa “La mitad + 1.300.000.000”, jugando con el histórico lema xeneize y la población de China. Pocos días después, Li Yao aterrizó en Ezeiza, posó con la camiseta azul y oro y fue llevado a Casa Amarilla para sumarse a los entrenamientos antes de la pretemporada en Tandil.
El mediocampista ofreció una breve rueda de prensa en la que prometió “mostrar su calidad” y aprender del fútbol argentino. Aún no había hablado con Bianchi, que observaba la escena con distancia. El entrenador prefería mantener el plantel campeón sin demasiados retoques y ya se había plantado frente a intentos de transferencias, como el interés del Veracruz mexicano por Iarley.
El veredicto de Bianchi y el regreso a China
En Tandil, Li Yao se integró a una delegación numerosa, con figuras del plantel profesional y juveniles que luego tendrían recorrido, como Neri Cardozo, Leandro Díaz o Pablo Ledesma. Sin embargo, el chino no integró el plantel que viajó a Salta para el primer amistoso de pretemporada ante Independiente, donde Boca ganó 3-1.
Según reconstruyen las crónicas de aquellos días, alcanzaron apenas dos prácticas de fútbol para que Bianchi tomara una decisión definitiva. Más allá de una versión sobre una lesión en el tobillo que habría motivado su regreso a Buenos Aires, el DT dejó en claro a través del traductor que no lo tendría en cuenta y que lo mejor era no perder más tiempo.
Mientras el plantel se preparaba para otro amistoso, esta vez en Mar del Plata, el sueño de Li Yao de competir por un lugar entre Donnet, Diego Cagna, Fabián Vargas y otros mediocampistas se desvanecía. En menos de una semana, el proyecto de marketing se transformó en una anécdota fugaz y el jugador emprendió el regreso a su país.
Marketing vs. fútbol en la interna de Boca
Consultado por el episodio, Bianchi se despegó con ironía: aseguró que Li Yao había venido “de vacaciones” a la Argentina y que él no había sido quien le indicó que regresara a China. Con cierta acidez, comentó que el jugador tenía previsto volver para las celebraciones del Año Nuevo chino y que le sugirió aprovechar para conocer Buenos Aires.
- Macri buscaba insertar a Boca en los grandes mercados globales, emulando a Real Madrid y Manchester United.
- Bianchi priorizaba la competitividad deportiva por encima de las estrategias comerciales.
- El caso Li Yao se sumó a una larga lista de roces entre el DT y el entonces presidente.
“Li Yao vino de vacaciones a Argentina. Es raro venir de vacaciones a mostrarse”, lanzó Bianchi, con su clásico tono ácido, al ser consultado por el breve paso del mediocampista chino.
Con el tiempo, aquel intento de Macri por vincular marketing y fútbol se repetiría en otras formas, incluso con recomendaciones de jugadores extranjeros para reforzar a Boca. Pero la historia de Li Yao quedó en la memoria como uno de los pasos más fugaces y enigmáticos por la Ribera: un refuerzo pensado para conquistar a millones de hinchas en China que, en la práctica, no superó los dos entrenamientos bajo la mirada implacable del Virrey.

