Una cápsula del tiempo para el clima del planeta

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En plena Antártida, en la remota Estación Concordia, quedó inaugurado el Santuario de la Memoria del Hielo, una instalación científica pensada como una verdadera “cápsula del tiempo” destinada a resguardar, por décadas e incluso siglos, núcleos de hielo provenientes de glaciares de todo el mundo. El proyecto apunta a preservar un archivo climático único frente al acelerado retroceso de los hielos por el cambio climático.
Impulsado por la Fundación Ice Memory y respaldado por instituciones de Francia e Italia, además de organismos internacionales como la UNESCO y el apoyo de la fundación del príncipe Alberto II de Mónaco, el Santuario busca proteger un patrimonio científico irrecuperable: las capas de hielo que almacenan, como páginas de un libro, la historia ambiental del planeta.
La instalación consiste en una cueva excavada a unos cinco metros de profundidad en la nieve compactada, donde la temperatura ronda los -52 °C durante todo el año. Ese frío permanente actúa como un “congelador natural” que resguarda las muestras de variaciones ambientales y evita su contaminación. La idea es que futuras generaciones de investigadores puedan acceder a estos núcleos cuando muchos glaciares ya no existan.
Viaje extremo de los primeros núcleos de hielo
Los primeros archivos ya depositados en el Santuario provienen de glaciares alpinos en serio riesgo de desaparición. Se trata de núcleos extraídos del Mont Blanc (Col du Dôme, Francia, en 2016) y del Grand Combin (Suiza, en 2025). Su traslado hasta la Antártida formó parte de la 41ª campaña del Programa Nacional de Investigación Antártica de Italia.
El recorrido, de más de cincuenta días, incluyó el cruce del Mediterráneo, el Atlántico, el Pacífico, el océano Austral y el mar de Ross a bordo del rompehielos de investigación italiano Laura Bassi, operado por el Instituto Nacional de Oceanografía y Geofísica Aplicada (OGS). En total, se transportaron 1,7 toneladas de hielo, que debieron mantenerse congeladas en todo momento.
Las muestras llegaron primero a la Estación Mario Zucchelli, también en la Antártida, y luego fueron trasladadas a Concordia en un vuelo especial coordinado por la Agencia Nacional Italiana para la Nueva Tecnología, Energía y el Desarrollo Económico Sostenible (ENEA). El avión viajó sin calefacción en la bodega de carga para impedir cualquier riesgo de descongelamiento.
Un archivo global del clima en retirada
Ice Memory lleva una década perforando glaciares de montaña en distintos puntos del planeta. Desde 2015 se obtuvieron núcleos en los Andes bolivianos (Illimani), el Cáucaso (Monte Elbrús, Rusia), la Cordillera del Pamir en Tayikistán y el archipiélago Svalbard, en el Ártico, entre otros sitios. El objetivo declarado por la fundación es ambicioso: conservar muestras de 20 glaciares en 20 años.
La urgencia se explica por la velocidad del calentamiento global. Desde el año 2000, el volumen de hielo de los glaciares se redujo entre un 2% y un 39% a nivel regional y alrededor de un 5% en el total global. En muchos casos, se proyecta que estos glaciares podrían desaparecer en las próximas décadas, llevándose consigo información irreemplazable sobre el clima pasado.
- Cada núcleo de hielo encierra gases, aerosoles, contaminantes y partículas atrapados durante siglos o milenios.
- El análisis de esas capas permite reconstruir temperaturas, niveles de gases de efecto invernadero y episodios de contaminación histórica.
- Esos datos alimentan modelos climáticos utilizados por organismos como el IPCC para orientar decisiones políticas.
Un legado científico para las próximas generaciones
Especialistas de la Fundación Ice Memory subrayan que el valor del Santuario no se limita al presente. Al resguardar físicamente estos núcleos, se abre la posibilidad de que, dentro de cien años, científicos accedan a ellos con tecnologías aún inexistentes y puedan responder preguntas que hoy ni siquiera se formulan.
“Para que estos núcleos sirvan a la ciencia dentro de un siglo, deben ser gestionados como un bien común global”, señaló el climatólogo suizo Thomas Stocker, presidente de la Fundación Ice Memory.
En esa línea, se proyecta la creación de un marco internacional de gobernanza durante la próxima década, designada por la ONU como el Decenio de Acción para las Ciencias Criosféricas. La meta es garantizar que este archivo permanezca accesible, con criterios de transparencia, ética y equidad para la comunidad científica mundial.
La directora de la fundación, Anne-Catherine Ohlmann, advirtió que la generación actual es la última con capacidad real de actuar para preservar estos registros del clima. El Santuario de la Memoria del Hielo se inscribe así como un símbolo de esa responsabilidad compartida y como un legado para la humanidad frente a la crisis climática.

