De obrera a asesina serial: la historia de Angelina Rodríguez

NewsITe
Angelina Rodríguez, una obrera argentina que emigró a Estados Unidos en busca de una vida mejor, terminó convirtiéndose en una figura emblemática del crimen por su participación en dos muertes de alto impacto: la de su pequeña hija en 1993 y la de su cuarto esposo en el año 2000. Su historia, atravesada por intereses económicos, engaños y una fría planificación, culminó en una condena a muerte que más tarde sería conmutada por prisión perpetua.
Según reconstruyeron las investigaciones judiciales en California, Rodríguez había pasado por tres matrimonios antes de conocer a Juan Francisco “Frank” Rodríguez, un profesor de Educación Especial que trabajaba en un campamento en San Luis Obispo. El encuentro se produjo en abril de 2000 y, poco tiempo después, contrajeron matrimonio. Para entonces, Angelina ya tenía dos hijas de una relación anterior.
Meses después de casarse, la mujer gestionó una póliza de seguro de vida de 250 mil dólares a nombre de Frank. Esa decisión fue clave para la fiscalía, que más tarde sostendría que el móvil del crimen fue estrictamente financiero. De acuerdo con el expediente, Angelina ideó un plan minucioso para deshacerse de su esposo combinando distintos métodos de envenenamiento y distracción dentro del hogar.
El asesinato de Frank Rodríguez y el giro en la investigación
La Justicia estadounidense determinó que Angelina envenenó el té de su marido con adelfa, una planta altamente tóxica, y además provocó un desperfecto en el secador de ropa para distraerlo. Finalmente, mezcló la bebida isotónica que él consumía habitualmente con anticongelante. El 9 de septiembre de 2000, Frank Rodríguez murió y la causa fue, en un primer momento, catalogada como de “origen indeterminado”.
Pocos días después, Angelina reclamó el cobro de la póliza de seguro, un movimiento que despertó sospechas entre las autoridades. Ante las dudas, se ordenó una autopsia completa, cuyos resultados revelaron rastros de sustancias venenosas compatibles con una muerte provocada intencionalmente. La investigación tomó entonces un rumbo decisivo.
La muerte de su hija y el patrón financiero
En febrero de 2001, Rodríguez fue detenida en Paso Robles, California, acusada del asesinato de su esposo. Pero durante la preparación del juicio, la fiscal del caso revisó episodios previos de su vida y encontró otro hecho inquietante: la muerte de su hija de 13 meses, Alicia Fuller, ocurrida en 1993 en circunstancias sospechosas.
Angelina había declarado que la niña se había ahogado con un chupete defectuoso. Sin embargo, los investigadores plantearon otra hipótesis: que la madre le habría quitado el chupete y lo habría utilizado para asfixiarla. En aquel momento, Rodríguez demandó al fabricante del producto, logró un acuerdo extrajudicial por 700 mil dólares y cobró además una póliza de 50 mil dólares, lo que reforzó la idea de un patrón de beneficio económico asociado a las muertes cercanas.
- En 2003 fue juzgada por el crimen de Frank Rodríguez en California.
- La muerte de su hija Alicia no fue imputada como homicidio, pero se utilizó como antecedente.
- Para la fiscalía, en ambos casos el móvil principal fue el beneficio financiero.
“En los últimos 20 años, nunca he visto un corazón más frío”, afirmó el juez William R. Pounders al dictar sentencia, al calificar el asesinato de Frank como “excepcionalmente cruel e insensible”.
De la pena de muerte a la prisión perpetua
En octubre de 2003, el tribunal la declaró culpable de asesinato en primer grado, asesinato para beneficio financiero e intento de disuadir a un testigo. Un mes después, el jurado recomendó la pena capital y, el 12 de enero de 2004, Rodríguez fue oficialmente sentenciada a muerte por inyección letal en el estado de California.
Pese al fallo adverso, Angelina sostuvo siempre su inocencia. Llegó a declarar que su esposo se había quitado la vida ingiriendo anticongelante y que ella nunca lo había envenenado. Durante años permaneció en el corredor de la muerte, a la espera de una posible fecha de ejecución, mientras su defensa presentaba recursos y apelaciones.
Tras múltiples revisiones judiciales, en los últimos meses la condena a muerte fue finalmente conmutada por prisión perpetua. De este modo, la mujer que alguna vez fue conocida como “la obrera de la muerte” evitó la ejecución, pero pasará el resto de su vida tras las rejas, marcada por una historia en la que la ambición económica y la violencia terminaron imponiéndose sobre cualquier otra cosa.

