El avance de la infraestructura de inteligencia artificial eleva los costos de los semiconductores y obliga a fabricantes de teléfonos, PC y consolas a trasladar aumentos al consumidor, con impacto directo en la demanda global.

El fuerte aumento en los precios de los chips de memoria comienza a empañar el panorama de la industria de la electrónica de consumo a nivel mundial. La escalada de costos, impulsada por la expansión acelerada de la infraestructura de inteligencia artificial, ya se refleja en mayores precios finales y en proyecciones de ventas más débiles para productos clave como teléfonos inteligentes, computadoras personales y consolas de videojuegos, según informó Reuters.
El crecimiento de la demanda de memoria por parte de grandes compañías tecnológicas volcadas al desarrollo de inteligencia artificial absorbió una porción sustancial del suministro global disponible. Empresas como OpenAI, Google y Microsoft priorizaron inversiones en centros de datos, lo que llevó a los fabricantes de semiconductores a destinar su producción hacia segmentos de mayor rentabilidad, en detrimento de los dispositivos de consumo masivo.
Este cambio en la asignación de recursos tensionó la cadena de suministro y elevó con fuerza los precios de la memoria. Los tres principales productores mundiales —Samsung, SK Hynix y Micron— reconocieron en los últimos meses dificultades para satisfacer la demanda, al tiempo que reportaron sólidos resultados financieros gracias al incremento del valor de sus semiconductores.
Proyecciones en baja para smartphones, PC y consolas
El impacto de esta dinámica ya se traslada a los mercados finales. Las firmas de investigación IDC y Counterpoint revisaron a la baja sus estimaciones y ahora prevén una contracción de al menos el 2% en las ventas globales de smartphones durante el año en curso. De confirmarse, sería la primera caída anual en los envíos desde 2023, luego de meses en los que se esperaba una recuperación moderada del sector.
El mercado de computadoras personales enfrenta un panorama aún más adverso. IDC proyecta una contracción mínima del 4,9% en 2026, tras el crecimiento del 8,1% registrado el año pasado. En paralelo, el segmento de consolas de videojuegos también muestra señales de enfriamiento: TrendForce estima que las ventas caerán un 4,4% este año, luego de haber crecido cerca de un 5,8% en 2025.
Ante este escenario, los fabricantes de hardware se ven obligados a tomar decisiones complejas. Varias compañías ya aplicaron aumentos de precios, mientras que los grandes jugadores del sector, como Apple y Dell, evalúan si absorber parte del impacto para proteger la demanda o trasladar los mayores costos a los consumidores, con el riesgo de profundizar la desaceleración del mercado.
La presión resulta especialmente intensa para los fabricantes de dispositivos de gama baja y media, que cuentan con menor margen para absorber subas. Empresas como Xiaomi, Lenovo y Raspberry Pi aparecen entre las más expuestas. De hecho, las acciones de varias de estas compañías registraron caídas significativas en los últimos meses, reflejando la preocupación de los inversores por el impacto del encarecimiento de los insumos.
Apple, mejor posicionada frente a la suba de costos
Algunos analistas consideran que Apple se encuentra en una situación relativamente más sólida que sus competidores. La compañía suele mantener precios estables para su línea principal de iPhone en Estados Unidos entre lanzamientos y cuenta con una extensa red de proveedores y contratos de largo plazo que le permiten mitigar la volatilidad del mercado de memoria.
No obstante, incluso con estas ventajas, el impacto no resulta neutro. Las consultoras advierten que la inflación en los precios de la memoria podría extenderse hasta el próximo año, con aumentos estimados de entre 40% y 50% en el corto plazo, luego de subas similares registradas durante el año pasado. En ese contexto, ni siquiera los fabricantes con mayor poder de negociación quedarían completamente al margen de eventuales ajustes.
La combinación de costos en alza y una demanda más débil configura así un escenario desafiante para la industria electrónica global, que enfrenta el delicado equilibrio entre sostener márgenes, preservar volumen de ventas y adaptarse a una cadena de suministro cada vez más dominada por las necesidades de la inteligencia artificial.

