“Los jóvenes menores de 30 años constituyen más de la mitad de la población mundial. Son una fuerza motriz para el desarrollo sostenible, la innovación y la transformación social, pero siguen viéndose afectados de manera desproporcionada por la pobreza, la desigualdad y el acceso limitado a una educación de calidad y a oportunidades de trabajo dignas”, advierte la organización.

“En la actualidad, 250 millones de niños y jóvenes están sin escolarizar y 763 millones de adultos son analfabetos. Su derecho a la educación está siendo violado y es inaceptable. Es hora de transformar la educación”, destaca la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). En 1948, la Declaración Universal de Derechos Humanos estableció en su artículo 26 que “toda persona tiene derecho a la educación”, lo que generó también la obligación para las naciones de tomar las medidas necesarias para la alfabetización en igualdad de oportunidades. La proclamación del Día Internacional de la Educación cada 24 de enero —a partir de la resolución 73/25 de la ONU— llegó como una forma de consolidar, en 2018, el camino iniciado en 1948.
La pandemia de COVID-19 muestra todavía sus secuelas en los informes internacionales, los cuales marcan ciertos retrocesos con respecto a los niveles de comprensión lectora, matemáticas y brechas de género, entre algunos de los temas clave que hacen a la educación.
El foco en los jóvenes
En 2025, el foco se centró en la revolución de la inteligencia artificial en el aprendizaje; en 2026, se vuelve a poner el acento en las personas y, específicamente, en los jóvenes, quienes enfrentan el desafío de convertirse en socios activos del cambio.
El tema de este año es «El poder de la juventud en la cocreación de la educación». El Día Internacional de la Educación reconocerá a la juventud y su papel como agentes de cambio para lograr una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y construir sociedades pacíficas, justas e inclusivas.
“Los jóvenes menores de 30 años constituyen más de la mitad de la población mundial. Son una fuerza motriz para el desarrollo sostenible, la innovación y la transformación social, pero siguen viéndose afectados de manera desproporcionada por la pobreza, la desigualdad y el acceso limitado a una educación de calidad y a oportunidades de trabajo dignas. A la hora de configurar el futuro de la educación, los jóvenes tienen un papel fundamental que desempeñar: son los beneficiarios de los programas educativos y su futuro depende de ellos. Por esta razón, es esencial involucrar de manera significativa a los estudiantes y a los jóvenes en la creación conjunta de la educación que desean para satisfacer sus aspiraciones y ambiciones. Esto es especialmente cierto en un momento de transformación radical inducida por la revolución tecnológica, que exige replantearse el propósito y las modalidades de la enseñanza y el aprendizaje”, plantean desde la Unesco.
Desafíos
“La educación superior se consideraba una estructura jerárquica. Sin embargo, los complejos retos del siglo XXI, que van desde la crisis climática hasta la rápida integración de la inteligencia artificial, requieren algo más que la enseñanza tradicional. Requieren nuevas perspectivas, fluidez digital y conciencia social que solo los jóvenes pueden aportar”, amplían desde el Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe de la organización.
La Unesco conmemora este día con dos eventos en París. En esta ocasión, publicará una nueva medición global del Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo, que evalúa la participación de estudiantes y jóvenes en la legislación y la formulación de políticas educativas, y presentará la nueva generación de la Red de Jóvenes y Estudiantes del ODS 4. Si bien el camino recorrido ha sido positivo para muchas naciones, la Unesco advierte que al ritmo actual no se alcanzarán los objetivos planteados para 2030.
“Sin una educación de calidad, inclusiva y equitativa para todos y de oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida, los países no lograrán alcanzar la igualdad de género ni romper el ciclo de pobreza que deja rezagados a millones de niños, jóvenes y adultos”, concluyen.

