Homilía del Obispo: “La búsqueda de sentido”

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA

Por Monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 12-17)

        “Cuando Jesús se enteró de que Juan Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías; ‘Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz’. A partir de ese momento Jesús comenzó a proclamar: ‘Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca’.   Palabra del Señor.

Ver o no ver

      Dice el Evangelio: “El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz”. La luz es un símbolo natural de la visión y la visión es un símbolo de comprender el sentido de las cosas, de la propia vida. No ver, entonces, es no comprender para que vivo. Esta es una búsqueda tan antigua como la existencia del hombre sobre la tierra. El apóstol san Pablo recuerda a los Efesios cómo antes de su encuentro con Cristo su vida no tenía “ni esperanza ni Dios” (Ef 2, 12). Naturalmente, él sabía que los romanos, por ejemplo, tenían dioses, que tenían una religión, pero sus dioses se habían demostrado inciertos y sus mitos contradictorios, de los cuales no surgía esperanza alguna, de esos dioses no surgía el sentido de la vida, por lo tanto, se hallaban en un mundo oscuro, ante un futuro sombrío. “En la nada, de la nada, qué pronto recaemos”, dice un epitafio de aquella época. En otras palabras, no veían por qué nacían para luego morir. Me acuerdo que escuchando a una persona enferma seriamente y ya anciana, me decía: “me gustaría tener fe y saber que mi vida ha tenido sentido, que Dios está y me espera”.

Creer o no creer

   En este contexto cultural pagano, san Pablo predica que “Cristo resucitó, que vive y que los que creen resucitarán como Él”. Surge como un elemento distintivo de los cristianos el hecho de que ellos tienen futuro; no es que conozcan los pormenores de lo que les espera, pero saben que la vida, en conjunto, no acaba en el vacío. Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente. De ese modo podemos decir que el cristianismo, en los tiempos de Pablo y ahora, no es solamente una “buena noticia” como comunicación de contenidos desconocidos hasta ahora, no es sólo “informativo”, como mensaje de las redes sociales que se conocen hoy y se olvidan mañana, sino que el mensaje es “performativo”, es decir, que indica cómo vivir y el sentido de vivir de esa manera. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par para quien cree en Cristo resucitado y vivo. Quien tiene esperanza en Cristo vive de otra manera, se le ha dado una vida nueva. Josefina Bakhita, canonizada por el papa Juan Pablo II, nació aproximadamente en 1869 en Darfur, Sudán; cuando tenía 9 años fue secuestrada por traficantes de esclavos, golpeada y vendida cinco veces en los mercados de Sudán; cada día era azotada hasta sangrar; como consecuencia de ello le quedaron 144 cicatrices para el resto de su vida. Por fin, en 1882 fue comprada por un mercader italiano para el cónsul italiano Callisto Legnani, que era católico; en ellos conoció un “dueño” totalmente diferente, que la trató con respeto y conoció a través de ellos al Dios vivo de Jesucristo. Hasta ahora sólo había conocido dueños que la maltrataban, ahora, por el contrario, oía decir que había un “Parón”, en dialecto veneciano, un “dueño” –Dios-, que estaba por encima de todos los dueños, el Señor de todos los señores, y que este Señor era bueno, la bondad en persona. Se enteró de que este Señor también la conocía, que la había creado también a ella; más aún que la quería, que también ella era amada por “Paron”, por ese dueño que es Dios Padre. En ese momento tuvo una gran esperanza y dijo: “Yo soy definitivamente amada, suceda lo que suceda; este gran Amor me espera. Por eso mi vida es hermosa”. A través de esta esperanza se sintió rescatada, ya no se sintió esclava sino hija. Se hizo religiosa canociana y finalmente fue canonizada.  En Cristo resucitado y en el descubrimiento de Dios Padre Bueno, en sentirse amada con nombre y apellido, descubrió que su vida tenía sentido no obstante todo. Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Buen domingo.

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