Estados Unidos y Rusia, al borde de una nueva carrera armamentista nuclear por la expiración del tratado START

El último acuerdo de control de armas entre ambas potencias vence el 5 de febrero y, sin un entendimiento de último momento, dejaría sin límites a los arsenales estratégicos por primera vez desde la Guerra Fría.

A menos que surja un entendimiento de último momento, Estados Unidos y Rusia quedan al borde de una nueva carrera armamentista nuclear. La expiración del último tratado bilateral vigente abre un escenario sin límites formales para los arsenales estratégicos, con implicancias globales inmediatas y costos políticos, militares y económicos difíciles de contener.

El acuerdo conocido como Nuevo START vence el 5 de febrero. Si no se renueva ni se reemplaza, ambas potencias quedarán por primera vez en más de cinco décadas sin restricciones sobre misiles y ojivas de largo alcance, una situación inédita desde los pactos firmados en 1972 durante la Guerra Fría. El riesgo no es solo cuantitativo: sin mecanismos de verificación e intercambio de información, crece la posibilidad de errores de cálculo y escaladas involuntarias.

Según información difundida por Reuters, el presidente ruso, Vladimir Putin, propuso mantener por un año adicional los límites actuales para ganar tiempo y negociar un nuevo marco. La Casa Blanca aún no dio una respuesta formal. El presidente estadounidense, Donald Trump, sostuvo este mes que, si el tratado expira, “expira”, y remarcó que debería ser reemplazado por uno mejor.

Por qué los tratados nucleares siguen siendo claves

Desde los momentos más tensos de la Guerra Fría, Washington y Moscú utilizaron los acuerdos de control de armas como una herramienta para reducir el riesgo de una guerra nuclear por malentendidos o percepciones erróneas. Estos tratados no solo fijan topes numéricos, sino que establecen canales de información y verificación que permiten conocer capacidades, movimientos y doctrinas de la otra parte.

Un misil Trident II D5 desarmado se lanza en prueba desde el submarino de misiles balísticos USS Nebraska de la Marina de los EE. UU., clase Ohio, frente a la costa de California, EE. UU., el 26 de marzo de 2018. Marina de los EE. UU./Especialista en comunicación de masas de primera clase Ronald Gutridge/Folleto vía REUTERS/Foto de archivo

Especialistas advierten que, sin un acuerdo vigente, cada país se verá obligado a planificar sobre la base de las peores hipótesis. Ese proceso tiende a retroalimentarse: una decisión defensiva de un lado suele ser interpretada como ofensiva por el otro, lo que empuja a nuevas ampliaciones de arsenales y eleva la inestabilidad estratégica.

En ese contexto, la ausencia de reglas claras incrementa el riesgo de una carrera armamentista económicamente costosa y políticamente difícil de frenar. Además, reduce los márgenes para la diplomacia preventiva en escenarios de crisis, donde los tiempos de decisión son cada vez más cortos.

Un tratado complejo de reemplazar y un escenario más amplio

El Nuevo START, firmado en 2010, limita a 1.550 las ojivas estratégicas desplegadas por cada país y fija un máximo de 700 sistemas de lanzamiento desde tierra, mar o aire. Reemplazarlo no resulta sencillo. Rusia desarrolló en los últimos años nuevos sistemas con capacidad nuclear que no están contemplados en el acuerdo, mientras que Estados Unidos anunció planes para un sistema de defensa antimisiles espacial que Moscú interpreta como un intento de alterar el equilibrio estratégico.

A la vez, China queda fuera de los pactos bilaterales entre Washington y Moscú y continúa ampliando su arsenal. Pekín cuenta actualmente con unas 600 ojivas nucleares y estimaciones del Pentágono indican que podría superar las 1.000 hacia 2030. China sostiene que no es razonable exigirle participar en negociaciones de desarme mientras sus arsenales sigan siendo muy inferiores a los de Estados Unidos y Rusia.

En 2023, una comisión bipartidista del Congreso estadounidense advirtió que el país enfrenta un “desafío existencial” por la combinación de dos potencias nucleares rivales y recomendó prepararse para conflictos simultáneos. Entre las opciones analizadas figura la posibilidad de reactivar ojivas retiradas bajo el Nuevo START y devolver funciones nucleares a bombarderos estratégicos reconvertidos.

División política en Washington y costos en juego

La propuesta rusa divide a la dirigencia estadounidense. Un sector considera que aceptar una extensión temporal reduciría el riesgo de una carrera armamentista innecesaria y de interpretaciones catastróficas durante una crisis. También advierte sobre el impacto fiscal: la modernización, mantenimiento y operación de las fuerzas nucleares estadounidenses costará cerca de un billón de dólares entre 2025 y 2034, según estimaciones oficiales.

Otros referentes sostienen que Estados Unidos no debería confiar en Moscú, recuerdan la suspensión de inspecciones mutuas en 2023 y reclaman un aumento de las ojivas desplegadas para disuadir simultáneamente a Rusia y China. Desde esta mirada, los límites fijados en 2010 resultan insuficientes frente al escenario actual, aunque reconocen que cualquier incremento llevaría tiempo y no sería inmediato.

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En declaraciones recogidas por Reuters, funcionarios y ex funcionarios coinciden en que, si Washington supera los topes actuales, Moscú responderá en la misma línea y Pekín encontrará nuevos argumentos para expandir su arsenal. La decisión final quedará en manos de la Casa Blanca, que anticipó que el presidente definirá el rumbo en su propio cronograma.

Mientras tanto, Moscú asegura estar preparada para cualquier evolución. La expiración del tratado, sin un reemplazo acordado, marcaría el inicio de una etapa sin precedentes desde el fin de la Guerra Fría, con consecuencias que trascienden a las dos potencias y afectan de lleno a la seguridad internacional.

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