La joven oriunda de San Nicolás permaneció varios días a bordo de un barco en Qatar debido a la escalada del conflicto bélico en Medio Oriente, que obligó a modificar rutas y suspender salidas. Finalmente, Milagros Verón logró regresar a la Argentina y reencontrarse con su familia tras una experiencia marcada por la espera, la tensión y decisiones tomadas en un contexto cambiante que reconstruyo en contacto con Diario EL NORTE.

Milagros Verón, la joven de San Nicolás que se encontraba trabajando a bordo de un crucero en Qatar, logró regresar a la Argentina luego de varios días en los que permaneció sin poder descender de la embarcación debido a los conflictos bélicos en Medio Oriente. Su salida se dio tras un operativo que la compañía a la que ella pertenece organizó de manera progresiva, en un contexto atravesado por la incertidumbre y los cambios constantes en los planes.
Desde un primer momento, la prioridad estuvo puesta en los pasajeros. Según reconstruyó en diálogo con Diario EL NORTE, ellos debieron permanecer dentro del barco mientras se definían las condiciones para abandonar el lugar. “Sé que las personas a bordo estuvieron viviendo como si fuese una cuarentena dentro del barco”, explicó sobre esos días iniciales, en los que la espera se volvió una constante y la información circulaba de manera limitada.
El proceso avanzó por etapas. Primero se organizaron grupos reducidos, que luego fueron ampliándose a medida que se confirmaban las salidas de los pasajeros. “Empezaron a sacar de a poquito. Primero eran 100 pasajeros como para probar, después iban sacando de a 200 o 300”, relató. En menos de una semana, los más de 2000 pasajeros lograron desembarcar y eso permitió que la empresa comenzara a coordinar el regreso de la tripulación.
Mientras tanto, la situación a bordo no era sencilla. El clima estuvo marcado por la tensión y por la posibilidad latente de que todo se extendiera más de lo previsto. “Lo vivimos con mucho miedo”, sostuvo Milagros, al describir cómo se transitaban esos días en los que no había certezas sobre cuándo podrían salir ni bajo qué condiciones.
A esa incertidumbre se sumaron dificultades concretas. La demanda de elementos dentro del barco creció rápidamente y comenzaron a registrarse faltantes en productos básicos. “Estaba faltando lo más importante, productos de higiene personal y comida”, señaló, en referencia a una situación que afectaba tanto a pasajeros como a trabajadores y que obligó a acelerar la organización de las salidas.
La salida de la tripulación y una decisión clave
Una vez finalizado el desembarco de los pasajeros, comenzó la etapa de regreso para los empleados. Verón formaba parte de uno de los primeros grupos, pero al recibir el itinerario decidió no tomar ese vuelo. El recorrido incluía varias escalas y, en ese contexto, le generaba dudas.
El trayecto previsto implicaba viajar primero hacia Indonesia, con escala en Bali, y luego pasar por el Aeropuerto Internacional de Dubái antes de volar a la Argentina, una secuencia que en ese momento le resultó riesgosa por la exposición y los movimientos en la región. “Me pareció un poco peligroso”, explicó. A partir de esa decisión, su viaje fue reprogramado y quedó a la espera junto a otros trabajadores que todavía no tenían una fecha definida de salida.
Este accionar cobró aún mayor sentido con el paso de las horas. Según contó, al día siguiente del viaje que ella decidió descartar, cerca del aeropuerto de Dubái hubo un ataque que obligó a suspender los viajes y cerrar temporalmente la terminal.
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Finalmente, el regreso se concretó con el último grupo. “Salimos todos Doha, Qatar, hasta Madrid y de Madrid todos obviamente para sus respectivas casas”, detalló sobre el trayecto que le permitió volver a la Argentina sin nuevas complicaciones.
El regreso y lo que dejó la experiencia
Ya en San Nicolás, la joven comenzó a tomar dimensión de lo ocurrido. Durante esos días, explicó, la dinámica de trabajo y la necesidad de mantenerse atenta no le permitían detenerse a procesar la situación. Todo se resolvía sobre la marcha.

“Recién ahora estoy procesando toda la información”, expresó. Con el regreso, empezó a reconstruir lo vivido y a dimensionar el contexto en el que estuvo involucrada.
“Se nos hizo eterno”, resumió sobre esos días a bordo del crucero. Actualmente ya se encuentra en San Nicolás, donde retomó el contacto con su entorno cercano luego de una experiencia atravesada por la espera, la incertidumbre y decisiones tomadas en un escenario cambiante.

