Un equipo de científicos –entre ellos, de Argentina– analizó datos de casi 19.000 personas y detectó que el envejecimiento del cerebro no depende solo de la genética ni de la enfermedad. El estudio reveló que puede acelerarse o frenarse según factores ambientales, sociales y políticos acumulados durante la vida.

Un equipo de investigadores del Instituto Latinoamericano de Salud del Cerebro, con sede en Chile; el Centro de Neurociencia Cognitiva de la Universidad de San Andrés, en Buenos Aires (Argentina); y el Instituto Global de Salud Cerebral de la Universidad de California en San Francisco (Estados Unidos), detectó que el envejecimiento del cerebro no depende solo de la genética ni de la enfermedad. Encontró que puede acelerarse o frenarse según factores ambientales, sociales y políticos acumulados durante la vida.
La investigación, publicada en Nature Medicine, analizó datos de 18.701 personas de 34 países y revela que el entorno tiene un peso central en la salud cerebral.
El estudio subraya que las políticas públicas y las condiciones sociales pueden ser tan determinantes como la biología en la prevención de enfermedades neurodegenerativas.
Ambiente
El equipo científico se propuso analizar cómo los ambientes físicos, sociales y políticos donde transcurre la vida inciden en el ritmo del envejecimiento cerebral. El eje del análisis fue el exposoma, que es la suma de exposiciones ambientales, sociales y políticas acumuladas desde el nacimiento.
Muchos estudios previos solo consideraban un factor o un país, como la contaminación o la pobreza.
En este caso, se integraron datos de miles de personas de diversas regiones, sanas y con enfermedades neurodegenerativas, para analizar la interacción de múltiples variables.
El objetivo principal fue determinar si la carga acumulada de factores ambientales, sociales y políticos a escala país permite predecir el envejecimiento cerebral mejor que los diagnósticos médicos tradicionales. También se buscó comprobar si el impacto del exposoma se mantenía aun considerando la edad, el sexo, la educación y el nivel económico.
Medición y hallazgos
La investigación incluyó a personas de África, Europa, América Latina, Norteamérica, Asia y Oceanía. Se utilizaron imágenes cerebrales para calcular la edad biológica del cerebro y comparar si envejece a un ritmo diferente de la edad cronológica.
El análisis abarcó 73 indicadores de exposoma, como contaminación del aire, acceso a espacios verdes, calidad del agua, clima, desigualdad socioeconómica, pobreza, participación cívica y fortaleza de las instituciones democráticas. Los datos provinieron de organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud y otras agencias de Naciones Unidas.
Los modelos estadísticos avanzados mostraron que la combinación de todos los indicadores del exposoma explica hasta 15 veces más la variación en el envejecimiento cerebral que cualquier factor individual.
Los factores físicos, como la contaminación y la falta de áreas verdes, se asociaron especialmente con el envejecimiento estructural del cerebro. Estuvieron relacionados con zonas involucradas en la memoria y las emociones.
Las variables sociales, como la pobreza o la baja participación ciudadana, impactaron en redes cerebrales relacionadas con el autocontrol y la cognición social.
Tras analizar los datos, los investigadores advirtieron que la carga del exposoma aumentó entre 3,3 y 9,1 veces el riesgo de envejecimiento cerebral acelerado. Superó los efectos de diagnósticos clínicos.
Entre los factores más relevantes figuran la pobreza multidimensional, el acceso limitado a espacios verdes, la contaminación elevada, los extremos climáticos, la baja participación cívica y la debilidad de las instituciones democráticas. El impacto de esos factores se mantuvo incluso tras ajustar por educación y nivel socioeconómico.
Si bien queda mucho por estudiar en la materia, ahora se debe considerar que la suma de exposiciones ambientales y sociales a lo largo del tiempo ejerce una influencia mayor que cualquier factor individual.
EPÍGRAFE. Se utilizaron imágenes cerebrales para calcular la edad biológica del cerebro y comparar si envejece a un ritmo diferente de la edad cronológica. ILUSTRACIÓN

