El empleo formal creció impulsado por la inversión en maquinaria y energía desde 2023, pero el nivel general sigue por debajo de su pico histórico. Con 12,9 empleados por empresa, Argentina se ubica por debajo de las economías desarrolladas.

Argentina mantiene un promedio de 12,9 asalariados por empresa en el sector privado, una cifra que la ubica por debajo de las economías desarrolladas y en una posición intermedia dentro del contexto internacional. El dato surge de registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y refleja una estructura productiva con fuerte presencia de pequeñas y medianas empresas.
En términos comparativos, este nivel resulta inferior al de países como Estados Unidos, Japón o Corea del Sur, donde las compañías alcanzan entre 18 y 25 empleados en promedio. Sin embargo, supera a mercados como México, Chile o Grecia, donde predominan estructuras empresariales aún más reducidas.
El escenario local se completa con un total de aproximadamente 361.500 empresas privadas registradas, excluyendo sectores como el público, la educación y la salud. Este universo permite dimensionar el alcance del tejido productivo argentino y su impacto en el empleo formal.
Entre octubre de 2023 y octubre de 2025, tanto la cantidad de empresas como el empleo asalariado formal registraron una caída del 2,5%. En ese período, el número de trabajadores descendió de 4,78 millones a 4,66 millones, lo que implicó la pérdida de 114.910 puestos, a pesar de que el Producto Bruto Interno (PBI) creció 5,9%.
Según un análisis difundido por Infobae, este comportamiento evidencia una disociación entre crecimiento económico y generación de empleo, fenómeno que se explica, en parte, por el aumento de la productividad laboral y la incorporación de tecnología en los procesos productivos.
Sectores intensivos y productividad: el nuevo mapa del empleo
La estructura del empleo muestra fuertes diferencias según el tipo de actividad económica. Los sectores intensivos en capital, como la minería y la energía, concentran la mayor cantidad de asalariados por empresa, con promedios que alcanzan entre 75 y 90 trabajadores.
En contraste, las actividades intensivas en mano de obra presentan escalas más reducidas. El comercio y las reparaciones registran alrededor de ocho empleados por establecimiento, mientras que el agro apenas supera los seis. Otros rubros, como la construcción, el transporte o la industria manufacturera, se ubican en niveles intermedios.
Este esquema refleja una economía heterogénea, donde conviven sectores altamente tecnificados con otros de menor escala y menor capacidad de absorción de empleo.
En paralelo, el período analizado muestra un incremento de la productividad laboral del 8,5% entre 2023 y 2025. Este avance se explica por mejoras en sectores como banca y seguros (30,1%), minería (23,4%) y hotelería (17,6%), aunque también se registraron retrocesos en comercio, electricidad e industria.
A nivel agregado, la productividad de la economía creció apenas 0,2%, lo que evidencia que las mejoras sectoriales no se trasladaron de manera homogénea al conjunto del sistema productivo.
Inversión, maquinaria y energía: el motor reciente del empleo
El principal impulso al empleo registrado desde 2023 provino del crecimiento de la inversión en maquinaria, equipos y transporte, especialmente en el agro y el sector energético. Este proceso estuvo vinculado a cambios en la política económica, como la desregulación, la apertura comercial y la reducción de impuestos sobre bienes de capital.
Según datos oficiales, la inversión en Equipo Durable de Producción (EDP) alcanzó en 2025 el valor más alto de la serie iniciada en 2004, impulsada por la importación de maquinaria y el desarrollo de actividades vinculadas a la explotación petrolera y gasífera, particularmente en Vaca Muerta.
En ese contexto, la participación del EDP dentro de la inversión total creció del 52% al 62%, mientras que la construcción retrocedió del 40,9% al 30,2%. Este cambio refleja una reconfiguración del patrón productivo, con mayor peso de sectores capital intensivos.
No obstante, el nivel general de inversión continúa por debajo de su máximo histórico. Según lo publicado por Infobae, en 2025, la tasa de inversión representó el 19,6% del PBI, aún lejos del 21,6% registrado en 2011.
Especialistas advierten que, para sostener el crecimiento y mejorar la generación de empleo, será necesario ampliar los incentivos a las pequeñas y medianas empresas y consolidar un entorno más favorable para la inversión.

