Aunque el Municipio destaca la expansión universitaria, datos oficiales admiten más de un centenar de deserciones en 2025 y persisten interrogantes sobre costos, convenios y falta de un plan para sostener la matrícula.

El inicio del ciclo lectivo 2026 en Ramallo expone una realidad que contrasta con el discurso oficial: mientras el Municipio destaca la llegada de más de 60 carreras universitarias y una matrícula cercana a los mil estudiantes, crecen las dudas en torno a la deserción, los costos y la transparencia de los convenios firmados con instituciones privadas.
Según datos reconocidos por el propio secretario de Políticas Educativas, Marcos Haedo, durante 2025 se registraron más de un centenar de abandonos, aunque otras estimaciones elevan esa cifra a más de 220 estudiantes. Este dato enciende una señal de alerta sobre la efectividad del modelo educativo impulsado por la gestión del intendente Mauro Poletti, que ha hecho de la expansión universitaria uno de sus principales ejes de campaña.
A pesar de haber advertido esta problemática, desde el Municipio no se ha presentado hasta el momento un plan integral claro que permita revertir la tendencia. Las medidas anunciadas, como un sistema de seguimiento digital de asistencia, aparecen más como respuestas tardías que como parte de una política educativa planificada.
En paralelo, surgen interrogantes sobre los convenios millonarios firmados con universidades privadas como la Universidad del Este de La Plata, la Marina Mercante o FASTA. No se han difundido detalles precisos sobre los términos económicos, los criterios de selección de carreras ni los alcances académicos de cada propuesta. Tampoco se conoce con exactitud cuánto dinero invierte el Estado municipal por estudiante ni cuántos alumnos están efectivamente activos en cada institución.
Esta falta de información genera preocupación entre vecinos y actores educativos, que cuestionan la transparencia de un esquema que involucra fondos públicos. Por otro lado, se abren interrogantes como si se eligieron las carreras en función de las demandas laborales locales, o si se evaluó la calidad académica de las propuestas, además de saber si existe un seguimiento real del rendimiento estudiantil más allá de la matrícula inicial.
Otro punto que genera inquietud es la idoneidad de quienes conducen el área educativa. La implementación de una política de esta magnitud requiere planificación, evaluación constante y conocimiento profundo del sistema universitario, aspectos que hoy parecen insuficientemente acreditados en la gestión actual.
El dato de la deserción no solo refleja dificultades individuales de los estudiantes, sino también posibles falencias estructurales: modalidades poco adaptadas, escasa contención o propuestas académicas que no logran sostener el interés a lo largo del tiempo.
Mientras tanto, el intendente Poletti continúa destacando públicamente el crecimiento de la oferta educativa como un logro de su gestión. Sin embargo, detrás de los anuncios, persiste un escenario de incertidumbre en el que los números no terminan de cerrar y las respuestas concretas aún no aparecen.
Con el nuevo ciclo en marcha, la expectativa está puesta en si el Municipio podrá transformar este modelo en una política educativa sólida y transparente, o si las dudas seguirán creciendo al mismo ritmo que las promesas.
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