El castillo secreto de Villa La Angostura y su historia política

El Messidor, la residencia oculta entre bosques y lago

Castillo El Messidor en Villa La Angostura, Patagonia

NewsITe

Enclavado en la ladera de Villa La Angostura, rodeado por bosques andino-patagónicos y con vista privilegiada al lago Nahuel Huapi, El Messidor es uno de los castillos más enigmáticos de la Argentina. A pesar de su imponente presencia y de su peso en la historia política nacional, sigue siendo un sitio prácticamente inaccesible para el turismo tradicional y sólo se puede conocer por invitación oficial.

La residencia fue diseñada en 1942 por el reconocido arquitecto Alejandro Bustillo, autor de obras icónicas en la Patagonia, como el hotel Llao Llao y varios edificios emblemáticos de Bariloche. En El Messidor replicó la estética de los castillos de montaña franceses, combinando techos inclinados, piedra a la vista y un diseño de líneas clásicas que contrasta con la naturaleza agreste de la cordillera.

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El predio ocupa unas 36 hectáreas que combinan bosque nativo, vistas al lago y jardines de inspiración francesa. Senderos geométricos, terrazas verdes y sectores perfectamente trazados refuerzan el carácter de residencia oficial pensada tanto para el descanso como para la representación institucional. Desde 1964 funciona formalmente como residencia del Gobierno de Neuquén.

Presidentes, líderes extranjeros y estadías reservadas

A lo largo de las décadas, El Messidor fue escenario de reuniones discretas, temporadas de retiro y visitas de alto perfil. Entre los primeros en utilizarla se destaca el dictador Juan Carlos Onganía, quien impulsó mejoras en el camino entre Bariloche y Villa La Angostura para facilitar el traslado de su comitiva y de su personal de confianza, incluido su cocinero.

También pasaron por sus salones el expresidente Raúl Alfonsín, que habría elegido la residencia para descansar tras dejar anticipadamente el poder en 1989, y Carlos Saúl Menem durante su mandato. La lista se extiende con figuras internacionales: el dictador paraguayo Alfredo Stroessner, el rey Juan Carlos I de España y el emperador japonés Hirohito figuran entre los visitantes ilustres.

Incluso el expresidente estadounidense Bill Clinton barajó la posibilidad de alojarse allí durante una visita a la región, aunque finalmente optó por el hotel Llao Llao, otra obra emblemática de Bustillo en Bariloche. Estos nombres contribuyen a la leyenda de El Messidor como un espacio reservado para la alta política y la diplomacia de bajo perfil.

Del lujo al presidio: el encierro de Isabel Perón

Uno de los capítulos más singulares de la historia de la residencia tuvo lugar durante la última dictadura cívico-militar. Tras el golpe de Estado de 1976, la expresidenta María Estela Martínez de Perón fue alojada en El Messidor bajo condición de detenida. Permaneció allí alrededor de siete meses, en un régimen de encierro que contrastaba con las penosas condiciones de otros centros de detención de la época.

Durante ese período, Isabel Perón estuvo acompañada únicamente por su mucama Elsa, quien se encargó de asistirla en la vida cotidiana dentro del castillo. Ese tramo de su biografía, pocas veces difundido en detalle, consolidó la imagen de El Messidor como un “presidio de lujo”: un espacio de reclusión con comodidades, pero cargado de tensión política.

La combinación de residencia oficial, refugio de presidentes y lugar de detención le otorga a El Messidor un peso simbólico único en la historia reciente argentina.

Por qué sigue siendo un castillo inaccesible

A diferencia de otros edificios históricos de la Patagonia, El Messidor no integra los recorridos turísticos habituales. No hay visitas guiadas, ni horarios de apertura al público, ni venta de entradas. Su estatus de residencia oficial del Gobierno de Neuquén hace que el acceso esté estrictamente limitado a invitaciones del gobernador o a actividades protocolares puntuales.

Esa restricción contribuye a alimentar el halo de misterio que lo rodea: muchos turistas recorren Villa La Angostura sin saber que, oculto entre los árboles, se alza uno de los castillos más singulares del país. Su valor arquitectónico, su emplazamiento privilegiado y la nómina de figuras que lo habitaron lo convierten en una pieza clave del patrimonio institucional neuquino y de la memoria política argentina.

Mientras tanto, El Messidor permanece reservado para usos oficiales, sumando capas de historia entre sus muros de piedra y manteniendo intacta la fascinación que provoca ese castillo patagónico al que casi nadie puede entrar.

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