Murió José Mastellone y se cierra una etapa histórica en La Serenísima tras la salida de la familia

El fallecimiento del último hijo del fundador coincidió con la venta total de la empresa a Arcor y Danone, lo que marca el final de casi un siglo de conducción familiar en una de las principales compañías lácteas del país

Foto de Infobae

La muerte de José Mastellone marcó el final de una etapa clave en la historia de La Serenísima. El último hijo con vida del fundador falleció este martes en General Rodríguez, en un contexto atravesado por la reciente venta total de la empresa a Arcor y Danone. El hecho no solo implica una pérdida personal para el entorno de la compañía, sino que también simboliza el cierre definitivo del ciclo familiar dentro de una de las firmas más representativas del sector lácteo argentino.

El deceso ocurrió en la localidad donde se emplaza el Complejo Industrial Pascual Mastellone, espacio en el que el empresario continuaba trabajando hasta sus últimos días. Según consignó Infobae, la noticia se conoció pocas semanas después de que se confirmara la operación que puso fin a la participación accionaria de la familia en la empresa. De este modo, se concreta una transición que había comenzado años atrás y que ahora se cierra de manera definitiva.

José Mastellone era considerado una figura central en la historia reciente de la compañía. Junto a su hermano Pascual, encabezó durante décadas el desarrollo de la firma fundada por sus padres, Antonino Mastellone y Teresa Aiello. Fue el único integrante de la familia fundadora que mantuvo una presencia activa y cotidiana en la planta de General Rodríguez, lo que reforzaba el vínculo entre la tradición empresarial y la dinámica actual de una firma ya integrada a un esquema global.

La figura de Mastellone era identificada dentro del sector como la de un referente de la industria láctea. Su continuidad diaria en la fábrica le valió el apodo de “el último lechero”, en alusión a su apego a la actividad productiva y al legado familiar. Su fallecimiento, en este contexto, adquiere un valor simbólico que trasciende lo personal y se proyecta sobre la historia empresarial argentina.

Una historia familiar que dio origen a un gigante de la industria láctea

El origen de La Serenísima se remonta a la llegada de Antonino Mastellone a la Argentina en 1925. Nacido en Italia en 1899, trasladó sus conocimientos en la elaboración de quesos y comenzó su actividad en el rubro lácteo en la ciudad de Junín antes de instalarse en General Rodríguez. Allí sentó las bases de un emprendimiento que, con el paso de las décadas, se convertiría en una de las compañías más importantes del país.

El nombre de la empresa tiene un origen singular vinculado a la Primera Guerra Mundial. La denominación “La Serenísima” surgió a partir de una escuadra italiana que sobrevoló Viena arrojando panfletos pacifistas, episodio que inspiró al fundador al momento de bautizar su marca en 1929. En sus primeros años, la producción estuvo enfocada en ricota, mozzarella y otros quesos destinados principalmente a comunidades inmigrantes en Buenos Aires.

El crecimiento de la empresa se apoyó en decisiones estratégicas tempranas. La adquisición de un camión en 1935 permitió desarrollar una red propia de distribución, elemento que resultó clave para la expansión del negocio. Tras la muerte del fundador en 1952, su hijo Pascual asumió la conducción con apenas 21 años y encabezó un proceso de modernización y diversificación productiva.

Durante las décadas siguientes, la compañía incorporó innovaciones que marcaron hitos en la industria. En 1961 comenzó el procesamiento de leche pasteurizada, en 1963 lanzó su línea de yogures y en 1967 introdujo el dulce de leche. A esto se sumaron cambios logísticos, como el reemplazo de la botella por el sachet en 1968, y nuevas unidades productivas en los años ‘70, orientadas a leche en polvo y manteca.

Alianzas, crisis y el camino hacia la venta total de la compañía

La relación con Danone se inició en 1995 a través de una alianza estratégica para la producción y comercialización conjunta de productos. Con el tiempo, la empresa francesa avanzó en la adquisición de ese segmento, consolidando su presencia en el mercado local. Según informó Infobae, este vínculo fue clave en el proceso que derivó en la integración actual de la compañía.

El recorrido financiero de Mastellone Hermanos estuvo atravesado por diversas dificultades. En 2009, la empresa enfrentó una deuda superior a los 230 millones de dólares, lo que obligó a explorar alternativas de financiamiento y reestructuración. A lo largo de su historia, la firma atravesó situaciones complejas, como un concurso preventivo durante el gobierno de Raúl Alfonsín y distintos acuerdos para aliviar su endeudamiento en 2002, 2004, 2014 y 2021.

En 2015, Arcor ingresó como accionista con el 49% del capital, con una opción de compra total que se extendía hasta 2025. La relación entre ambas compañías se profundizó con el desarrollo de productos conjuntos, lo que anticipaba una integración más amplia. Finalmente, la operación reciente consolidó ese proceso con la salida definitiva de la familia Mastellone del control de la empresa.

Tras la muerte de Pascual Mastellone en 2014 y la salida de otros directivos históricos, la conducción pasó a manos de representantes externos. La presidencia fue asumida por Carlos Agote, vinculado al fondo Dallpoint. La venta total a Arcor y Danone implica ahora la integración plena de las operaciones en un esquema conjunto, que redefine el mapa del sector lácteo argentino.

La muerte de José Mastellone se produce en ese escenario de transformación. Su figura representaba el último vínculo directo con la historia fundacional de la empresa. Con su fallecimiento, se cierra definitivamente un ciclo que comenzó hace casi un siglo y que dejó una marca profunda en la industria alimenticia del país.

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