Debate global por la inteligencia de la Generación Z

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En las últimas semanas volvió a instalarse con fuerza una pregunta tan provocadora como sensible: ¿la Generación Z es menos inteligente que las anteriores? El disparador fue la exposición del neurocientífico Jared Cooney Horvath ante el Comité de Comercio, Ciencia y Transporte del Senado de Estados Unidos, donde presentó datos preliminares sobre el rendimiento cognitivo de los nacidos entre 1997 y 2010.
Según esos resultados, aún en proceso de publicación científica, esta cohorte sería la primera en más de un siglo en obtener puntajes inferiores a la generación previa en diversas pruebas cognitivas estandarizadas. Las mediciones muestran retrocesos en áreas clave como atención sostenida, memoria, lectoescritura, aritmética, funciones ejecutivas e incluso en el coeficiente intelectual general.
El dato marca un quiebre respecto de la tendencia observada durante buena parte del siglo XX, cuando cada nueva generación solía superar a la anterior en este tipo de evaluaciones. Ese fenómeno, conocido como Efecto Flynn, describía un crecimiento sostenido de los puntajes de inteligencia a lo largo de las décadas, asociado a mejoras en nutrición, educación, salud y estimulación cognitiva.
Qué miden realmente estas pruebas y por qué hay cautela
Especialistas del Instituto para el Futuro de la Educación del Tecnológico de Monterrey, en México, llamaron a interpretar estos resultados con prudencia. Señalan que las pruebas académicas y cognitivas en las que se apoya la discusión evalúan habilidades fundamentales para la vida escolar y laboral, pero no abarcan la totalidad de las capacidades humanas.
La inteligencia, recuerdan, es un concepto multifacético que incluye dimensiones como la creatividad, la adaptación al contexto, las habilidades sociales, la capacidad de innovar y de resolver problemas concretos del mundo real. Muchos de esos aspectos no quedan reflejados de manera directa en los exámenes estandarizados utilizados para medir el rendimiento de la Generación Z.
- Las pruebas analizadas se centran en rendimiento académico tradicional.
- No capturan con precisión competencias digitales, colaborativas o creativas.
- Los datos citados aún no fueron revisados por pares ni publicados de forma completa.
Riesgos de estigmatizar a una generación entera
Los expertos advierten que calificar a toda una generación como “menos inteligente” puede reforzar prejuicios y polarizar el debate social. Lejos de cerrar la discusión, los resultados preliminares deberían abrir preguntas sobre la relación entre el uso intensivo de tecnologías digitales y la atención, el papel de la escuela en la formación de habilidades cognitivas profundas y los cambios en los hábitos de lectura y estudio.
Al mismo tiempo, subrayan que la Generación Z se enfrenta a desafíos inéditos: sobreexposición a pantallas desde la infancia, flujos constantes de información, crisis climática, incertidumbre económica y transformaciones aceleradas del mercado laboral. En ese contexto, sostienen, es clave revisar cómo se enseña, cómo se aprende y cómo se mide el desarrollo humano para no reducir la discusión a un único indicador.
“Hablar de una generación ‘menos inteligente’ sin mayor contexto científico alimenta estigmas y distrae de los debates centrales sobre tecnología, educación y bienestar”, remarcan los especialistas consultados.
La controversia en torno a la Generación Z, concluyen, pone en el centro un interrogante urgente para sociedades como la argentina: qué tipo de habilidades queremos promover y cómo adaptar sistemas educativos y políticas públicas para acompañar a los jóvenes en un mundo cada vez más complejo.

