Es oriundo de La Emilia y fue contratado por una empresa internacional para prestar servicio en la montaña más alta del mundo, con 8.849 metros de altura sobre el nivel del mar. Actualmente, se desempeña como director del servicio médico del Parque Provincial Aconcagua y también formó parte del equipo de medicina de montaña durante la filmación de “La Sociedad de la Nieve”.

De la redacción de EL NORTE
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Bernabé Abramor tiene 38 años, es de La Emilia y se desempeña como director del servicio médico del Parque Provincial Aconcagua. Actualmente, fue contratado por una empresa internacional para trabajar durante la temporada en el Everest, la montaña más alta del mundo. El profesional nicoleño también cubrió el área de medicina de montaña durante la filmación de la película “La Sociedad de la Nieve”.
Con más de una década de experiencia en medicina de montaña, Abramor fue convocado por la firma austríaca ‘Furtenbach Adventures’, de Lukas Furtenbach, un personaje de renombre en el mundo de las expediciones de alta montaña. Allí trabaja junto a un colega de Austria para asistir a todo el pool de expediciones que la empresa tiene tanto en el Everest como en el Lhotse, otra montaña de más de 8 mil metros. El nicoleño sería el primer médico argentino contratado por una empresa internacional para desempeñarse en el Everest.
“Mi primer trabajo fue de médico en el plantel de La Emilia durante el Torneo Argentino B. Fui a la escuela en San Nicolás y Chivilcoy, estudié medicina en Rosario y luego realicé la especialidad de terapia intensiva en el Hospital Italiano. En el último año de la residencia intenté subir al Aconcagua y desde ahí me sumé al servicio médico del Parque Provincial Aconcagua, primero como médico de guardia, luego coordinador del equipo médico y ahora con nuestra propia empresa ‘Extreme Medicine’, como director médico. Este recorrido de tantos años hizo que una de las empresas más importante del Everest me invite a trabajar en su campamento en los Himalayas. Así que tengo la suerte de trabajar en los centros médicos más altos del mundo”, relató a EL NORTE.
Su trayectoria, le permitió alcanzar un importante reconocimiento: “El DIMM (Diploma in Mountain Medicine), -estándar máximo de medicina de montaña a nivel mundial otorgado por las asociaciones más importantes-, me nombró director del DIMM Argentina y ya se está brindando esa diplomatura para todos los médicos y enfermeros que quieran esa especialidad”.



Del Aconcagua al Everest
El médico detalló que llegó a Katmandú el 12 de abril y que el ascenso comenzó el 14. Desde allí, realizó una caminata de aproximadamente diez días hasta alcanzar el campo base del Everest, pasando de los 2.500 metros de altura a los 5.300 metros aproximadamente.
Sobre su recorrido profesional, explicó: “Es el resultado de un trabajo en equipo de muchos años, donde empezamos a ver a la medicina de montaña, especialidad reconocida, como una verdadera fuente de trabajo y que debía profesionalizarse, eso se logró ver a nivel mundial y empresas que trabajan en otras montañas del mundo empiezan a buscar médicos argentinos que tengan estas características”.
Medicina fuera de lo convencional
Consultado sobre qué lo llevó a dedicarse a este tipo de medicina, explicó: “A la montaña me llevó querer hacer una medicina fuera de lo convencional y que mezcle los conocimientos médicos, la naturaleza y el deporte/entrenamiento, porque ir a trabajar a más de 5 mil metros no es nada fácil, hay que entrenar, exponerse durante el año a la hipoxia hipobárica de esos ambientes para llegar y trabajar. Es un estilo de vida totalmente diferente al médico que trabaja en la ciudad o netamente en un hospital. Cuando vi que todo eso se podía combinar, que podía subir montañas, escalar en roca y hielo y a la vez estar trabajando me enamoré y seguí ese camino sin dudarlo”.
Luego recordó: “Quizás si primero me motivó una cumbre que en su momento no conseguí, ahora tengo 7 cumbres en Aconcagua, pero muchos rescates y momentos vividos que terminan siendo la verdadera cumbre”.
Actualmente, vive en San Juan junto a su pareja Flor y su perra Olga, aunque viene de visita permanentemente a La Emilia, donde viven sus padres, su hermana y su sobrina.

El desafío de seguir abriendo caminos
“Mi objetivo hoy es disfrutar de la actualidad de la medicina de montaña. Llegamos hasta lo más alto porque quisimos que la medicina de montaña sea lo más profesional posible, que los médicos de montaña tengan recursos, buenas condiciones de trabajo y formaciones con avales internacionales, creo que eso se está logrando y es lo que más felicidad me da”, sostuvo.
Y concluyó: “Desde lo personal quería trabajar en los servicios médicos más altos del mundo, se está logrando pero quiero seguir trabajando en lugares inhóspitos, extremos y poder abrir puertas para quienes quieran seguir este camino, todo es más fácil si se trabaja en equipo”.
Además, destacó que tiene dos compañeras argentinas que trabajan en el sector de la cocina, una de ellas oriunda de Mendoza y la otra de Neuquén.




