Crece la preocupación por la salud mental en adolescentes

NewsITe
La salud mental de los y las adolescentes volvió a ubicarse en el centro del debate público en la Argentina. En un contexto de aumento de consultas y episodios de riesgo, especialistas advierten que es clave que las familias, la escuela y la comunidad estén atentas a las señales tempranas para poder intervenir a tiempo.
De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 7 personas de entre 10 y 19 años atraviesa algún trastorno mental, y la depresión se encuentra entre las principales causas de enfermedad en este grupo etario. En la Ciudad de Buenos Aires, el Ministerio Público Tutelar informó que se registra más de una internación diaria de niños, niñas y adolescentes por riesgo suicida, y más del 90% de esos casos corresponde a jóvenes.
En paralelo, desde el Hospital de Clínicas de la UBA señalan que en el último año las consultas por problemas de salud mental en adolescentes crecieron cerca de un 30%. La psiquiatra infanto-juvenil Silvia Ongini subraya que estos datos no son aislados, sino parte de una tendencia donde se combinan la sobrecarga emocional, el impacto de la violencia en distintos ámbitos y la alta exposición a las redes sociales y entornos digitales.
Señales de alerta: cuándo preocuparse y pedir ayuda
Ongini advierte que uno de los errores más frecuentes de los adultos es naturalizar o minimizar ciertas conductas, considerándolas meros “caprichos” o rasgos de la edad. Sin embargo, algunos cambios sostenidos en el tiempo pueden indicar que un adolescente está atravesando un padecimiento emocional significativo.
- Alteraciones en el rendimiento escolar, desmotivación o ausentismo creciente.
- Cambios notorios en el sueño: dificultad para dormir, insomnio o dormir en exceso.
- Estados de irritabilidad, ansiedad, angustia o tristeza persistente.
- Aislamiento social prolongado, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba.
- Sobreexposición digital y uso compulsivo del celular o redes sociales.
- Modificación de hábitos cotidianos a partir del uso de pantallas.
- Dificultades para vincularse con pares, conflictos reiterados o retraimiento extremo.
La especialista remarca que la familia cumple un rol central: promover una escucha activa y respetuosa, sin descalificar lo que el o la joven expresa, es un primer paso clave. Generar espacios de encuentro –como comidas compartidas, salidas en grupo o momentos sin pantallas– favorece que los adolescentes puedan hablar de lo que sienten y se animen a pedir ayuda.
El rol de la familia, la escuela y el sistema de salud
Desde el Hospital de Clínicas trabajan en espacios de contención y acompañamiento para adolescentes y sus familias. Allí insisten en que el bienestar de un miembro del grupo impacta en todo el sistema familiar: cuando alguien está mal, todas las dinámicas se ven afectadas, por lo que es fundamental abordar la situación de manera conjunta.
Los equipos de salud recomiendan que, ante la presencia de varias señales de alarma o si existe sospecha de riesgo para la integridad del adolescente, se consulte de inmediato con un profesional de la salud mental, ya sea en el sistema público, en obras sociales, prepagas o líneas de atención telefónica disponibles en cada jurisdicción.
“Nunca es tarde para consultar. Es fundamental perder el miedo a hacerlo y desestigmatizar la salud mental. Pedir ayuda a tiempo puede cambiar trayectorias de vida”, destaca la psiquiatra Silvia Ongini.
La desestigmatización, la información confiable y la construcción de redes de apoyo entre familias, escuelas y equipos de salud se presentan hoy como herramientas indispensables para cuidar la salud mental de las nuevas generaciones y prevenir situaciones de mayor gravedad.

