Especialistas remarcan la importancia de estos ácidos grasos para la memoria, el aprendizaje y la prevención de enfermedades neurodegenerativas.

Diversos estudios señalaron que una ingesta adecuada de ácidos grasos omega-3 resulta clave para preservar la salud cerebral y disminuir el riesgo de deterioro cognitivo y trastornos mentales a lo largo de la vida.
Según el podcast Ultimate Human, la insuficiencia de estos nutrientes puede acelerar el deterioro mental, afectar la memoria y alterar el estado de ánimo.
Gary Brecka explicó que la falta de omega-3 dificulta la formación de nuevas neuronas, aumenta la inflamación cerebral y acelera procesos degenerativos asociados a enfermedades como el Alzheimer y la depresión.
“Los ácidos grasos omega-3 cumplen un papel fundamental en la salud cerebral”, afirmó Brecka en Ultimate Human.
El especialista indicó que estos nutrientes forman parte de los ácidos grasos poliinsaturados y resultan indispensables para el funcionamiento de las membranas celulares del tejido nervioso. También identificó tres tipos principales: ácido alfa-linolénico (ALA), presente en fuentes vegetales; ácido eicosapentaenoico (EPA) y ácido docosahexaenoico (DHA), ambos presentes en el pescado.
“De todos, el DHA es el más importante para el cerebro. Representa cerca del 97% de los omega-3 presentes en el tejido cerebral y es esencial para la integridad y funcionalidad de las células cerebrales”, expuso.
El análisis también destacó la importancia de estos nutrientes en distintas etapas de la vida. “Un consumo adecuado en el embarazo y la niñez se relaciona con mejores habilidades cognitivas en los niños”, indicó Brecka en Ultimate Human.
Beneficios comprobados y evidencia científica
Durante el desarrollo del podcast, Brecka sostuvo: “La investigación muestra que los ácidos grasos omega-3 pueden frenar el deterioro cognitivo asociado a la edad y protegen contra diversas afecciones mentales”.
Un estudio publicado en Frontiers in Aging Neuroscience encontró que las personas con niveles más altos de omega-3 en sangre presentan mayor volumen cerebral, lo que se asocia con menor riesgo de pérdida cognitiva.
Otra investigación difundida en American Journal of Clinical Nutrition indicó que los adultos con mayores niveles de DHA obtienen mejores resultados en pruebas cognitivas y presentan menor riesgo de demencia.
En cuanto al estado de ánimo, el Harvard Health Publishing reportó que quienes consumen mayores cantidades de omega-3 registran menos episodios depresivos y cambios anímicos.
Además, un meta-análisis publicado en Translational Psychiatry señaló que el consumo de EPA puede ayudar a reducir los síntomas de ansiedad.
Riesgos de la deficiencia y recomendaciones de consumo
Los estudios también indicaron que la falta de omega-3 incrementa el riesgo de inflamación cerebral y deterioro cognitivo. “La inflamación cerebral está asociada a varios desórdenes mentales; los omega-3 contribuyen a reducir esa inflamación y protegen el cerebro contra el daño por estrés oxidativo”, agregó Brecka.
Investigaciones difundidas por Journal of Neurology señalaron que niveles elevados de omega-3 se asocian con mayor volumen en áreas cerebrales vinculadas a la memoria y el razonamiento.
El especialista advirtió sobre el desequilibrio en la dieta moderna: “La dieta occidental típica favorece una proporción alta de omega-6, lo que puede derivar en más inflamación y problemas neurológicos”.
“La falta de omega-3 priva a las neuronas del soporte necesario para regenerarse y transmitir señales con eficiencia”, añadió.
En cuanto a las recomendaciones, Brecka indicó: “Consume pescados grasos como salmón, caballa, sardinas o trucha al menos dos veces por semana”.
También mencionó alternativas como suplementos de aceite de pescado y aceite de algas, y fuentes vegetales como semillas de lino, chía, nueces y cáñamo, aunque aclaró: “el ácido alfa-linolénico (ALA), habitual en plantas, se transforma en DHA y EPA dentro del organismo en proporción muy baja”.
Finalmente, sostuvo: “El mayor mito es pensar que se puede cubrir la necesidad de omega-3 solo con plantas” y remarcó que “los suplementos no sustituyen una alimentación equilibrada; son un complemento, pero los alimentos completos proporcionan nutrientes que actúan en conjunto para respaldar la salud”.

