Mielofibrosis en Argentina: un desafío silencioso para el sistema de salud

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La mielofibrosis es una enfermedad hematológica crónica poco frecuente, pero con un impacto profundo en la calidad de vida de quienes la padecen. Se caracteriza por afectar la médula ósea, el tejido encargado de producir los glóbulos rojos, blancos y las plaquetas. Con el avance de la patología, este tejido es reemplazado por uno fibroso, lo que altera de manera progresiva la producción normal de las células sanguíneas.
A nivel mundial se estima una incidencia de entre 0,5 y 1,5 casos nuevos por cada 100.000 habitantes por año. Aunque se trata de una enfermedad rara, su evolución suele ser compleja. En Argentina, especialistas advierten que uno de cada tres pacientes presenta anemia en el momento del diagnóstico y que casi todos la desarrollarán a lo largo del curso de la enfermedad, lo que representa un serio reto para el sistema sanitario y para la vida cotidiana de las personas afectadas.
La mielofibrosis impacta por igual en hombres y mujeres, y su diagnóstico suele realizarse entre los 60 y 65 años. En algunos casos se desarrolla a partir de otras enfermedades hematológicas preexistentes. En las etapas iniciales puede no manifestar síntomas, pero a medida que progresa aparecen signos cada vez más intensos, como dolor abdominal, sensación de saciedad precoz, falta de aire, fatiga marcada, sudoración nocturna y pérdida de peso involuntaria.
La anemia, complicación central en la evolución de la enfermedad
La anemia es una de las complicaciones más relevantes de la mielofibrosis. La disminución de los glóbulos rojos se traduce en cansancio extremo, menor tolerancia al esfuerzo y limitaciones en las actividades diarias. De acuerdo con estimaciones clínicas, hasta el 40% de los pacientes requerirá transfusiones dentro del primer año tras el diagnóstico, lo que implica controles frecuentes, internaciones y un fuerte condicionamiento de la vida laboral, social y familiar.
La médica hematóloga Georgina Bendek (M.N. 116.322) señala que la anemia moderada a severa, sumada a la dependencia transfusional, reduce la expectativa de vida y deteriora el bienestar general. “En Argentina presenta un desafío crítico porque uno de cada tres pacientes ya padece anemia al momento del diagnóstico, y casi la totalidad la desarrollará con el avance de la patología”, advirtió la especialista.
En este contexto, los especialistas remarcan la importancia del diagnóstico temprano, el seguimiento estrecho y el acceso a terapias que aborden tanto los síntomas generales de la enfermedad como sus complicaciones hematológicas. Además del tratamiento farmacológico, el acompañamiento integral incluye controles periódicos, asesoramiento sobre hábitos saludables y monitoreo de la respuesta clínica.
Una nueva terapia que apunta directamente a la anemia
Hasta el momento, los tratamientos disponibles en el país se centraban principalmente en inhibidores de las enzimas Janus quinasas (JAK), fármacos que ayudan a controlar la inflamación sistémica y a reducir síntomas como el dolor abdominal, la fatiga y el agrandamiento del bazo. Sin embargo, su impacto sobre la anemia era limitado, por lo que muchos pacientes seguían dependiendo de transfusiones de glóbulos rojos.
Ahora, una nueva opción terapéutica, recientemente introducida en Argentina, combina la acción sobre la vía JAK con un mecanismo adicional: inhibe un receptor denominado ACVR1. Esta inhibición reduce los niveles de hepcidina, un péptido que regula el metabolismo del hierro y que, cuando se encuentra elevado, dificulta la producción adecuada de glóbulos rojos. Al disminuir la hepcidina, el organismo aprovecha mejor el hierro disponible y se favorece la generación de nuevas células sanguíneas.
- Menor necesidad de transfusiones de glóbulos rojos.
- Reducción de las visitas al hospital y de las complicaciones asociadas.
- Más energía para las actividades cotidianas.
- Mayor autonomía y mejor calidad de vida.
“Este tipo de tratamientos marca un cambio importante en el abordaje de la enfermedad, porque no solo actúa sobre los síntomas, sino que impacta directamente en la anemia, permitiendo a los pacientes ganar autonomía y mejorar su día a día”, destacó la hematóloga Georgina Bendek.
Los especialistas coinciden en que la llegada de terapias innovadoras abre una nueva etapa en el tratamiento de la mielofibrosis en Argentina. Aunque se trata de una enfermedad poco frecuente, el desafío es garantizar el acceso oportuno al diagnóstico y a estos avances, para que cada vez más pacientes puedan vivir con menos síntomas y con mejores perspectivas a largo plazo.

