Acuerdo UE–Mercosur: claves del impacto para la Argentina

El pacto con la Unión Europea y el nuevo escenario para el Mercosur

Reunión entre representantes de la Unión Europea y el Mercosur por el acuerdo comercial

NewsITe

Tras un cuarto de siglo de negociaciones, el acuerdo de asociación entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur dio un paso decisivo con la aprobación política del bloque europeo. Ahora, la mirada está puesta en la firma final por parte de los países sudamericanos y en el posterior proceso de ratificación parlamentaria, que podría habilitar la entrada en vigencia hacia fin de año, según estimaciones de la propia UE.

El entendimiento, estructurado sobre tres pilares —comercial, político y de cooperación—, reconfigurará el vínculo económico entre ambos bloques y abre un debate clave en la Argentina: cómo impactará en el perfil exportador, en la industria local y en la llegada de nuevas inversiones. El Gobierno nacional celebró el avance y lo presentó como una señal de mayor integración al mundo.

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De acuerdo con un documento difundido por la delegación de la UE en la Argentina, se proyecta que las exportaciones europeas al Mercosur crezcan 39%, mientras que las ventas del Mercosur hacia Europa aumentarían 17%. En valores absolutos, implicaría unos 48.700 millones de euros adicionales para la UE y 8.900 millones para el bloque sudamericano, con un fuerte peso del comercio agroindustrial.

Aranceles, cuotas y reglas: qué gana y qué arriesga la Argentina

Uno de los ejes centrales del acuerdo es la reducción de aranceles. La Unión Europea eliminará impuestos de importación para el 92% de las exportaciones del Mercosur y otorgará acceso preferencial para otro 7,5%. En los hechos, el 99% de las exportaciones agrícolas del bloque quedará alcanzado por algún tipo de beneficio, lo que mejora la competitividad de la oferta argentina frente a países que ya cuentan con acuerdos similares con Bruselas.

En sentido inverso, el Mercosur eliminará el 91% de los aranceles aplicados hoy a los productos europeos, con esquemas graduales para sectores considerados sensibles. Harina y porotos de soja, maní, frutas frescas, frutos secos, legumbres, aceites vegetales para uso industrial, despojos comestibles y productos pesqueros como merluza, vieiras y calamares accederán a arancel cero de manera inmediata o en plazos breves. Otros bienes, como biodiesel, vinos fraccionados o alimentos procesados, tendrán desgravaciones de entre cuatro y diez años.

Para productos sensibles se fijaron cuotas arancelarias específicas: carne bovina, aviar y porcina, lácteos, arroz, maíz, sorgo, miel, etanol y ovoproductos, entre otros. Esos cupos se asignarán al Mercosur en su conjunto y luego deberán definirse internamente entre los países. Un dato político no menor: el primer país que ratifique el acuerdo podrá utilizar la totalidad de la cuota hasta que el resto complete los trámites legislativos.

El capítulo sanitario y fitosanitario incorpora plazos claros para auditorías, habilitaciones y evaluaciones, y prioriza criterios científicos, un reclamo histórico del sector exportador argentino. También se prevé un mecanismo bilateral de consultas y diálogos técnicos en biotecnología, sanidad animal e inocuidad alimentaria, lo que reduce márgenes de discrecionalidad en eventuales trabas al comercio.

Inversiones, competitividad y apoyos empresarios

Especialistas en comercio internacional destacan que el principal valor del acuerdo estará en la previsibilidad de reglas y en la atracción de inversiones más que en un salto inmediato del comercio. El consultor Marcelo Elizondo recordó que la UE importa bienes por unos USD 2,8 billones —más del 10% del total mundial— y servicios por casi USD 950.000 millones, y que las empresas europeas son protagonistas de los mayores flujos de inversión externa a escala global.

En ese sentido, el economista Dante Sica consideró que el entendimiento fija un “benchmark” regulatorio de alto nivel, alineando normas locales con estándares internacionales y reforzando la seguridad jurídica en un país con antecedentes de conflictos contractuales. A su juicio, la apertura escalonada en plazos de cinco, diez y quince años limitará impactos negativos sobre la industria argentina y, al mismo tiempo, obligará a ganar competitividad frente a una industria europea con mayores costos laborales y energéticos.

  • Alrededor del 90% del comercio bilateral quedará alcanzado por la liberalización.
  • Se reducen las posibilidades de aplicar licencias y restricciones discrecionales al comercio exterior.
  • Se fijan compromisos sobre derechos de exportación con destino a la UE, con excepciones puntuales como soja e hidrocarburos.

“Lo más importante con Europa es que tenemos previsibilidad de reglas, particularmente sanitarias, ambientales y sociales”, destacó Gustavo Idígoras, presidente de Ciara-CEC.

Desde el sector empresario, el respaldo fue amplio. La Cámara Argentina de Comercio y Servicios celebró el avance del acuerdo, al igual que el Grupo de los 6 y la Asociación Empresaria Argentina, que lo consideraron un paso clave hacia una mayor inserción internacional y un entorno de negocios más previsible. El desafío para la Argentina será aprovechar el acceso preferencial a un mercado de altos ingresos sin resignar desarrollo industrial, apoyada en reformas que mejoren la productividad y la competitividad sistémica.

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