Qué puede cambiar para el mercado automotor argentino

NewsITe
El posible acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea podría marcar un antes y un después para el mercado automotor argentino, al abrir una vía de integración más profunda con los principales polos productores del mundo. El eje de discusión pasa por cómo se implementará la rebaja arancelaria para los vehículos importados desde Europa y qué impacto tendrá sobre la producción local.
Desde hace casi 25 años se negocia este tratado y, aunque aún no se conocen los detalles finales, en el sector se manejan dos escenarios. El primero prevé una etapa inicial de siete años con un cupo anual de 50.000 unidades importadas, a repartir entre Argentina y Brasil, para luego comenzar una baja gradual del arancel extrazona del 35% hasta llevarlo a cero.
La segunda alternativa apunta a una actualización más alineada con la transformación tecnológica global. En este esquema, la desgravación sería paulatina y priorizaría a los vehículos electrificados: el arancel del 35% bajaría al 25% solo para híbridos y eléctricos, mientras que para los modelos con motores de combustión se establecería un cupo acotado —del orden de las 15.000 unidades— con una alícuota reducida del 17,5%.
Un mapa de acuerdos que reconfigura la competencia
Hoy el intercambio con Brasil se rige por el Acuerdo de Complementación Económica (ACE14), que permite exportar e importar vehículos entre ambos países sin pagar aranceles. Convenios similares se aplican a Uruguay, Colombia y México, lo que ya genera un entramado regional de libre comercio automotor. A esto se suma el cupo argentino vigente para híbridos y eléctricos producidos fuera del Mercosur, que pueden ingresar sin el 35% si su valor FOB no supera los USD 16.000, un beneficio que favoreció particularmente a China, origen del 80% de esas unidades.
En paralelo, se negocia un entendimiento con Estados Unidos que podría habilitar un cupo adicional de 10.000 autos sin el arancel extrazona. De concretarse todos estos acuerdos, casi todos los grandes productores globales tendrían una vía para vender en Argentina con menores barreras impositivas, ya sea desde sus plantas de Europa, América del Norte o incluso mediante plataformas productivas instaladas en terceros países.
Para el consumidor, el horizonte es de mayor variedad de modelos, más tecnología y precios potencialmente más competitivos, sobre todo en los segmentos de entrada y media gama, donde aún se perciben diferencias de calidad frente a otras plazas. Sin embargo, para las terminales radicadas en Argentina y Brasil la ecuación es más compleja: la apertura sin mejoras de competitividad puede erosionar la rentabilidad de las plantas locales.
El desafío de sostener y ampliar las exportaciones
Los últimos datos de la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa) reflejan las tensiones del sector: en 2025 la producción local habría caído 3,1% y las exportaciones, 10,8% respecto de 2024, lo que evidencia la dificultad de sostener mercados externos aun con arancel cero. Directivos de terminales consultados advierten que, sin una baja de costos internos, infraestructura más eficiente y un esquema tributario más previsible, Argentina seguirá siendo un origen caro incluso cuando venda sin aranceles.
En este contexto, el acuerdo con la Unión Europea aparece como una oportunidad condicionada. Por un lado, facilitaría la llegada de autos europeos a precios más competitivos. Por otro, podría abrir una ventana para que el principal producto de exportación de la industria nacional, las pick-ups medianas, compita en el mercado europeo frente a proveedores consolidados como Tailandia y Sudáfrica.
Además, se evalúan escenarios en los que algunas automotrices, presionadas por las metas ambientales y la transición hacia la electromovilidad, decidan abastecer ciertos modelos desde Sudamérica, mientras reorganizan sus plantas europeas hacia vehículos electrificados. Eso podría darle a la Argentina un rol más activo en la cadena global si logra condiciones adecuadas de competitividad.
“Siempre es una buena noticia bajar aranceles, pero del mismo modo que se abre la puerta de entrada debe abrirse la de salida”, señalan en la industria, al remarcar que la clave será garantizar un marco de largo plazo con cláusulas de resguardo ante eventuales avalanchas de importaciones.
Con protecciones específicas para la producción local y una agenda firme de mejora competitiva, el acuerdo UE-Mercosur podría transformarse en un punto de inflexión para el mercado automotor argentino. De lo contrario, el riesgo es que la mayor apertura termine beneficiando sobre todo a los importados, sin consolidar el potencial exportador de la industria nacional.

