Alcohol y adolescencia: un estudio argentino detectó mayor tolerancia a los consumos “moderados”

Una investigación realizada en Córdoba sobre casi 900 madres y referentes afectivas reveló altos niveles de monitoreo, diálogo y desaprobación de la ebriedad adolescente. Sin embargo, el trabajo detectó una mayor permisividad frente al consumo de pequeñas cantidades de alcohol.

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El consumo de alcohol en adolescentes continúa siendo una preocupación creciente en Argentina y un reciente estudio científico realizado en Córdoba puso el foco sobre un aspecto puntual: la mayor tolerancia social y familiar hacia los consumos considerados “moderados” o de pequeñas cantidades.

La investigación, publicada en la Revista Argentina de Ciencias del Comportamiento, analizó hábitos, percepciones y prácticas de 895 madres y referentes afectivas de adolescentes escolarizados de entre 13 y 18 años. El trabajo estuvo encabezado por Florencia Caneto, Darío Gigena Parker, Santiago Andrés Gioda y Ricardo Marcos Pautassi.

Los investigadores evaluaron distintos indicadores vinculados al consumo adolescente de alcohol: percepción de riesgo, monitoreo de actividades, diálogo familiar, establecimiento de reglas y grado de aprobación o desaprobación frente al consumo.

Altos niveles de control y diálogo familiar

Uno de los principales resultados del estudio mostró que la mayoría de las madres y referentes afectivas ya mantiene prácticas preventivas activas frente al consumo de alcohol.

Según los datos relevados, más del 80% de las personas encuestadas percibía como riesgoso el consumo adolescente de alcohol, tanto en pequeñas cantidades como en situaciones de consumo excesivo o ebriedad.

Además, casi la totalidad de las participantes afirmó realizar monitoreo sobre las actividades fuera del hogar, conversar con adolescentes sobre cuidados vinculados al alcohol y establecer recomendaciones o reglas relacionadas con salidas y consumo.

El estudio también reveló que el 81% desaprobaba que adolescentes consuman alcohol todos los fines de semana, mientras que la desaprobación hacia el consumo hasta la ebriedad fue prácticamente total.

La preocupación por las “pequeñas cantidades”

A pesar de esos indicadores considerados positivos, los autores remarcaron que persiste una mayor tolerancia hacia consumos reducidos o esporádicos de alcohol.

Ese dato apareció como uno de los principales puntos de alerta del trabajo. Los investigadores señalaron que muchas familias perciben como menos riesgoso el consumo de pequeñas cantidades, aun cuando distintos antecedentes científicos muestran que las primeras experiencias tempranas con alcohol aumentan significativamente las probabilidades de consumos problemáticos posteriores.

En el trabajo se advierte que quienes comienzan a beber alcohol a edades tempranas tienen mayores probabilidades de consumir en exceso, emborracharse o desarrollar trastornos vinculados al alcohol en los años siguientes.

La investigación también recordó que el inicio del contacto con bebidas alcohólicas puede producirse entre los 8 y los 12 años, muchas veces bajo supervisión o conocimiento familiar.

Una intervención que no logró modificar conductas

El estudio incluyó además una intervención psicoeducativa basada en “normas sociales”, mediante correos electrónicos enviados al grupo experimental con mensajes preventivos y datos sobre conductas protectoras mayoritarias.

Los materiales buscaban reforzar prácticas como el diálogo, el monitoreo y la percepción de riesgo. Sin embargo, tras comparar los resultados entre el grupo experimental y el grupo control, los investigadores no detectaron cambios estadísticamente significativos.

Los autores interpretaron que esto podría explicarse porque gran parte de las participantes ya exhibía conductas preventivas elevadas desde el inicio del estudio, lo que dificultó observar mejoras posteriores.

El rol de las familias en la prevención

En las conclusiones, el trabajo remarcó la importancia del diálogo abierto, el acompañamiento y el monitoreo familiar como factores protectores frente al consumo adolescente de alcohol.

Al mismo tiempo, los investigadores plantearon la necesidad de seguir desarrollando estrategias preventivas que apunten especialmente a reducir la normalización de los consumos tempranos, incluso cuando se presentan en cantidades pequeñas o bajo contextos familiares.

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