El aumento del caudal tras la liberación de agua desde el embalse de Termas de Río Hondo provocó anegamientos y mantiene bajo vigilancia a las autoridades.

La crecida del río Dulce mantiene bajo vigilancia a las autoridades y a las comunidades ribereñas de Santiago del Estero. Una alerta naranja rige en toda la región y ya se registran zonas afectadas en el departamento Banda.
El incremento sostenido del caudal se atribuye a la combinación de lluvias intensas en la cuenca alta y la liberación de grandes volúmenes de agua desde el embalse de Termas de Río Hondo. Según informó el medio local El Liberal, este jueves por la mañana la cota del dique alcanzó los 272,75 metros sobre el nivel del mar, mientras que el caudal erogado aguas abajo llegó a 936 metros cúbicos por segundo, un valor en ascenso que obliga a mantener las alertas activas.
El volumen liberado representa casi 100 metros cúbicos por segundo más que el día anterior, lo que confirma una tendencia creciente. La situación se volvió crítica en la ciudad de La Banda tras el desborde del río, que comenzó a afectar zonas habitadas del barrio Rubia Moreno, donde varias viviendas quedaron bajo el agua y el avance del cauce ingresó en calles y casas.
Los vecinos del barrio solicitan medidas de contención y refuerzo de defensas en los puntos más vulnerables, además de asistencia inmediata y ayuda sanitaria para las familias cercadas por el agua.
Desde la coordinación de Protección Civil de Las Termas se informó que el embalse libera actualmente 816 metros cúbicos por segundo, un incremento considerable frente a los 610 metros cúbicos por segundo del fin de semana anterior. La cota del embalse se ubicó en 272,34 metros sobre el nivel del mar, lo que obliga a sostener un flujo de salida elevado para preservar la seguridad de la presa.
Según las autoridades, este caudal tarda entre 12 y 18 horas en impactar plenamente en la zona de los departamentos Capital y Banda, por lo que se prevé que el nivel del agua se mantenga alto o incluso aumente en las próximas horas.
La alerta naranja se activó en función del informe de niveles por crecientes difundido por las autoridades de Las Termas de Río Hondo. El documento indica que un caudal comprendido entre 801 y 1.200 metros cúbicos por segundo implica riesgo de desborde primario, especialmente en sectores como la zona de feria del dique y el inicio de la costanera.
Ante este escenario, se puso en marcha el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) y el Plan Municipal de Emergencia, junto a un monitoreo permanente del comportamiento del río.
El fenómeno está directamente vinculado a las lluvias intensas registradas en la provincia de Tucumán, que impactaron sobre la cuenca del sistema Salí–Dulce y elevaron el nivel de los ríos que alimentan el embalse de Termas de Río Hondo.
El embalse recibe aportes de varios ríos tucumanos, entre ellos el Salí y sus afluentes Gastona, Medina, Marapa, Lules y Chico. Cuando estos cursos incrementan su caudal de manera simultánea, el volumen de agua que ingresa se eleva bruscamente y obliga a las autoridades hidráulicas a aumentar la erogación del Dique Frontal para mantener el nivel dentro de parámetros de seguridad.
En los últimos días, la descarga desde el embalse superó los 850 metros cúbicos por segundo, uno de los valores más altos del año. Aunque la maniobra tiene carácter preventivo, el impacto sobre el comportamiento del río es inmediato, con aumento de velocidad, profundidad y capacidad de desborde.
Las consecuencias ya se perciben en sectores ribereños de La Banda, la capital provincial y parajes rurales aguas abajo, donde el avance del agua provocó caminos anegados, erosión de márgenes y zonas bajas cubiertas.
Las autoridades mantienen la prohibición de ingreso al cauce y refuerzan los controles para evitar accidentes, mientras Defensa Civil, fuerzas de seguridad y personal municipal coordinan el monitoreo del fenómeno.
La preocupación también se extiende hacia otras provincias. El río Dulce es el principal afluente de la laguna Mar Chiquita, en el noreste de Córdoba, y un sostenimiento prolongado de caudales elevados podría provocar una suba significativa del nivel de la laguna, con riesgo de inundaciones, daños en infraestructura y desplazamiento de comunidades ribereñas.

