Amor sin fronteras: la italiana que eligió vivir en Argentina

De Cork a Buenos Aires: una historia de amor inesperada

Roberta y Facundo, pareja ítalo-argentina que se conoció en Irlanda

NewsITe

Lo que empezó como un simple viaje de estudios terminó cambiando para siempre la vida de Roberta, una joven italiana de Udine, y de Facundo, un argentino que buscaba perfeccionar su inglés en Irlanda. Se conocieron en Cork, lejos de sus raíces, hablando un idioma que ninguno dominaba del todo, y hoy construyen una familia en Buenos Aires junto a su hija Valentina.

Roberta había terminado la universidad en Italia cuando decidió viajar con su hermana a Irlanda para mejorar su inglés. Su idea inicial era ir a Malta, pero el rechazo de su hermana al calor terminó inclinando la balanza hacia Cork. Allí, casi por azar, quedaron en el mismo curso de idioma que Facundo. Compartieron banco, dificultades con el inglés y largas charlas a los tropiezos, mezclando gestos, castellano e italiano.

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“Nos pusieron en un nivel donde prácticamente no sabíamos nada de inglés”, suele recordar Facundo entre risas. Esa torpeza inicial se transformó en complicidad: a Roberta le divertía estar con él más que aprender el idioma, y entre reuniones de estudio y salidas con amigos, el vínculo se fue afianzando. Lo que parecía una experiencia pasajera se convirtió en el comienzo de una historia que cruzaría continentes.

Viajes, pandemia y la decisión de dejarlo todo

Cuando el curso terminó, Roberta regresó a Udine y Facundo evaluaba si seguir en Irlanda o volver a la Argentina. Antes de tomar una decisión, se animó a un gesto clave: viajó una semana a Italia para visitarla. Ese reencuentro marcó el inicio de una cadena de vuelos entre Europa y Sudamérica que consolidó la relación.

Roberta se animó a su primer viaje largo a la Argentina a fines de 2019. Recorrieron juntos la Patagonia y compartieron dos semanas intensas que confirmaron que lo suyo iba más allá de un romance de viaje. El plan era seguir viéndose de forma intermitente, pero la irrupción de la pandemia cambió los tiempos y las prioridades. Las restricciones, la distancia y la incertidumbre empujaron a la pareja a pensar alternativas más definitivas.

En ese contexto, las videollamadas diarias se volvieron el sostén principal de la relación. Facundo define ese período como bisagra: fue en esas charlas, sin viajes posibles, donde ambos comprendieron la profundidad del vínculo. La pregunta inevitable apareció sobre la mesa: para volver a verse, uno de los dos debía mudarse.

El salto a Buenos Aires y una nueva vida

Roberta tomó la decisión más difícil: dejar su ciudad, su familia y sus costumbres para instalarse en Buenos Aires. Al principio, su entorno no lo aceptó con facilidad. La distancia con Argentina, el desconocimiento sobre el país y el temor a lo inesperado generaron resistencias. Con el tiempo, sin embargo, sus padres terminaron adoptando a Facundo como “el hijo varón que no tuvieron”, una síntesis del giro que dio la historia.

La adaptación no fue sencilla. Roberta debió aprender a moverse en otra cultura, acostumbrarse a nuevos ritmos, modismos y formas de vida. Facundo, por su parte, cargó con la sensación de responsabilidad: sabía que ella había dejado todo atrás para apostar por la relación. Con el correr de los años, el proyecto en común se fue afirmando y el arraigo se construyó paso a paso.

Valentina, una hija entre dos culturas

El 4 de enero de 2024 nació Valentina, la hija de la pareja, y con ella se consolidó el puente entre Italia y Argentina. Para Roberta, su niña es “un pedacito de Italia” en suelo porteño: le habla en su idioma natal, cocina platos típicos y comparte con ella tradiciones de su país de origen para que crezca conectada con ambas identidades.

La maternidad, sin embargo, también profundizó el sentimiento de desarraigo. Cada vez que Roberta vuelve a Udine, experimenta una mezcla de nostalgia y extrañeza: ya no se siente del todo parte de su pueblo, pero tampoco completamente ajena. Algo similar le ocurre en Buenos Aires, donde adoptó giros y costumbres argentinas pero sigue sintiéndose, en algún punto, extranjera. Valentina se convierte así en el símbolo de esa doble pertenencia.

Elegir el amor por encima del miedo

La historia de Roberta y Facundo está atravesada por decisiones valientes. Ella reconoce que no es una persona intuitiva y que suele analizarlo todo, pero que, en este caso, se dejó llevar por una mezcla de lógica e inconsciencia. Él, en tanto, destaca el coraje de su compañera, a quien admira por haber apostado por una vida nueva tan lejos de casa.

Entre recuerdos de Cork, charlas en italiano con su hija y tardes en Buenos Aires, la pareja sigue construyendo un proyecto común en el que conviven dos idiomas, dos familias y dos maneras de ver el mundo. Su experiencia muestra cómo, aun frente a la distancia, la burocracia y el desarraigo, el amor puede convertirse en una decisión cotidiana que, cuando se sostiene y se cuida, derriba fronteras geográficas y emocionales.

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