Una familia artista arrasada por el fuego en Epuyén

NewsITe
El avance de los incendios forestales en la zona de Epuyén, al pie del cerro Pirque, dejó a una pareja de artistas y a sus dos hijos sin casa, sin herramientas de trabajo y sin el bosque que habían cuidado durante más de una década. En pocas horas, el fuego consumió cinco viviendas y cuatro hectáreas de bosque nativo, incluyendo el espacio cultural y de residencias artísticas conocido como Bosque Gracias.
Rocío y Mariano, oriundos de Haedo, habían elegido la Patagonia como proyecto de vida y de crianza. En ese paraje, a la vera de la Ruta 40, levantaron con sus propias manos casas, talleres y domos donde funcionaba su residencia artística. Más de 200 creadores de distintas partes del mundo pasaron por allí para experimentar nuevas formas de vincular arte, naturaleza y tecnología. Hoy, de ese proyecto sólo quedan estructuras calcinadas, cenizas y algunos árboles centenarios dañados por las llamas.
La pareja relata que el fuego llegó a una velocidad devastadora. El foco se había iniciado del otro lado de la montaña, en la zona de Puerto Patriada, y en menos de 24 horas cruzó valles, el lago y el río Epuyén, la Ruta 40 e incluso zonas de difícil acceso para los equipos de emergencia. Cuando Mariano recibió el aviso de un vecino para que evacuara, dejó encendida una motobomba intentando humedecer el terreno y se retiró. Minutos después, el fuego avanzó con una intensidad que describe como “un hongo gigante” y “un rugido de la montaña” imposible de olvidar.
Un proyecto cultural reducido a cenizas
Bosque Gracias había nacido como un lugar de encuentro para artistas, cicloviajeros y voluntarios interesados en la permacultura y en formas de turismo responsable. Con el tiempo, se transformó en un polo cultural y turístico de referencia regional, generando sustento para tres familias y atrayendo visitantes que buscaban experiencias inmersivas en el bosque nativo. La pérdida no sólo implica viviendas: significa también la desaparición de un proyecto comunitario y de un modo de vida fuertemente arraigado al territorio.
En las casas destruidas había un estudio audiovisual, equipamiento técnico de décadas —televisores antiguos, máquinas de los años 60 y 70, proyectores, micrófonos, parlantes— y archivos familiares que los artistas utilizaban como insumo creativo. Entre lo perdido se cuentan negativos fotográficos de la década de 1930 que ya no podrán recuperarse. Para la familia, el impacto material se combina con un fuerte golpe emocional y simbólico.
Demoras oficiales y organización comunitaria
La experiencia de Rocío y Mariano se suma a otros incendios recientes en la región, como los ocurridos en La Rinconada, donde decenas de familias rurales perdieron casas, animales y medios de producción. Señalan que la respuesta estatal llegó tarde y fue insuficiente, tanto en la fase de combate del fuego como en la de reconstrucción. Denuncian la falta de aviones hidrantes en los primeros momentos críticos y la sensación de haber sido relegados frente a otras áreas.
- Más de 12 mil hectáreas afectadas en el foco que arrancó en Puerto Patriada.
- Unas 40 viviendas comprometidas en la zona mencionada por los vecinos.
- Familias que pasaron el invierno en carpas sobre sus propios terrenos quemados.
La ayuda económica, describen, suele no alcanzar para reconstruir una vivienda digna ni para limpiar los predios, retirar árboles quemados y escombros o recomponer sistemas productivos. En este contexto, la red comunitaria vuelve a ser central: escuelas que cocinan para brigadistas, jóvenes organizados para asistir a las familias y vecinos que se ofrecen a cortar árboles peligrosos, prestar ropa, alimentos o cuidar a los chicos.
“No nos quedó nada. Para nosotros, la casa también es el bosque. Pero confiamos en la fuerza colectiva de la Patagonia y en que el bosque va a renacer”, expresan Rocío y Mariano.
Hoy la familia se aloja en una vivienda prestada, mientras evalúa cómo y cuándo podrá volver al terreno, que sigue siendo un espacio hostil para la infancia por el riesgo de escombros y árboles inestables. Su proyecto, Bosque Gracias, busca apoyo para reconstruir no sólo las casas, sino también la residencia artística y el entramado cultural que la rodeaba. Quienes deseen colaborar pueden encontrar más información y canales de ayuda en las redes sociales oficiales del espacio, bajo el usuario @bosquegracias.

