Baby Etchecopar cuestionó las críticas del poder al periodismo.

En una dura columna de opinión fechada en Buenos Aires, el periodista Baby Etchecopar salió al cruce de las acusaciones que señalan que el 95% de los trabajadores de prensa serían “corruptos”, “ensobrados” o “chorros”. El conductor planteó que, lejos de ser victimarios, los periodistas han sido históricamente utilizados por la dirigencia política para justificar su accionar frente a la sociedad, más que para transparentar la gestión estatal.
Etchecopar remarca que cada vez que un sector del periodismo saca a la luz posibles ilícitos en la administración pública, se dispara una campaña de agresiones personales y descalificaciones morales. Según su mirada, se trata de una estrategia de “efecto espejo”: en lugar de explicar sus patrimonios y decisiones, algunos funcionarios intentan trasladar la culpa al mensajero, acusándolo de lo mismo que se les cuestiona a ellos.
El periodista sostiene que muchos comunicadores construyeron su patrimonio a lo largo de décadas de trabajo, mientras que, en contraste, hay dirigentes que logran acumular bienes significativos en apenas unos años de gestión. “Nadie que no gane la lotería o descubra un tesoro de la nada puede hacer un patrimonio en dos años”, señala, y cuestiona el uso de vínculos familiares o matrimoniales como justificativo de ingresos y retornos difíciles de explicar.
En su reflexión, también cuestiona el rol de parte de la militancia política, a la que describe como “subvencionada” y abocada a atacar al periodismo en las redes y en el espacio público. Para Etchecopar, esa dinámica contribuye a degradar aún más la calidad del debate democrático y a proteger a dirigentes que deberían rendir cuentas con mayor transparencia.
Democracia, responsabilidad y el rol del periodismo
Etchecopar recuerda que la recuperación democrática en la Argentina significó también una ampliación de la libertad de expresión, y que los periodistas, en muchos casos, callaron o minimizaron hechos para no profundizar las crisis institucionales. Hoy, sin embargo, advierte que el señalamiento generalizado contra la prensa erosiona un pilar central del sistema republicano.
- Reclama respeto para quienes no se sienten parte de ese supuesto 95% de periodistas corruptos.
- Pide que, si se los acusa de corrupción, se publiquen sus antecedentes y las pruebas correspondientes.
- Subraya que la política debe explicar su patrimonio de manera detallada ante la sociedad.
- Defiende al periodismo como intermediario indispensable entre la ciudadanía y los actos de gobierno.
Finalmente, el periodista insiste en que desacreditar al mensajero no puede ser una vía legítima para encubrir posibles hechos de corrupción. En tiempos de fuerte polarización y crisis de confianza en las instituciones, reivindica la necesidad de un periodismo crítico, profesional y respaldado por la transparencia, tanto en el Estado como en los medios de comunicación.

