La solemnidad que cierra el Tiempo de Navidad recuerda el Bautismo del Señor en el Jordán, donde Jesús revelado públicamente como el Hijo de Dios

La Iglesia celebra este 11 de enero la Solemnidad del Bautismo del Señor, una fecha que marca litúrgicamente el final del Tiempo de Navidad y el inicio de la vida pública de Jesucristo. No se trata de un recuerdo simbólico ni de un simple pasaje del Evangelio, sino de un acontecimiento central de la fe cristiana, en el que Cristo se manifestó ante Israel como el Enviado del Padre.
El Bautismo de Jesús, narrado por los cuatro evangelistas, constituye un punto de inflexión en la historia de la salvación. Hasta ese momento, Jesús había vivido oculto en Nazaret. A partir de su descenso al Jordán comienza su misión pública, su predicación y el camino que lo conducirá a la Cruz y a la Resurrección.
El acontecimiento del Jordán
Jesús acudió al río Jordán para ser bautizado por Juan, el profeta que llamaba al pueblo a la conversión. Juan administraba un bautismo de arrepentimiento, destinado a preparar los corazones para la llegada del Mesías. Sin embargo, aquel que no tenía pecado decidió colocarse en la fila de los pecadores y entrar en el agua como uno más.
En ese momento se produjo una revelación única. Los Evangelios relatan que los cielos se abrieron, el Espíritu Santo descendió en forma de paloma y se oyó la voz del Padre que proclamaba: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Allí se manifestó por primera vez de manera plena el misterio de la Trinidad: el Padre que habla, el Hijo que es bautizado y el Espíritu que desciende.
El Bautismo del Señor no fue un acto de purificación para Jesús, sino un gesto de solidaridad con la humanidad caída. Cristo asumió sobre sí el peso del pecado del mundo para comenzar su misión redentora.
El inicio de la vida pública de Jesucristo
A partir del Jordán, Jesús deja Nazaret y comienza a recorrer los pueblos de Galilea y Judea anunciando el Reino de Dios. La solemnidad del Bautismo del Señor señala, por eso, el verdadero comienzo de su obra salvadora.
Desde ese día, Jesús predica, sana, perdona, convoca discípulos y revela progresivamente el rostro del Padre. El Evangelio que se proclama en esta solemnidad presenta a Cristo como el Siervo obediente que se entrega completamente a la voluntad divina.
La Iglesia contempla en este misterio no solo un hecho del pasado, sino el inicio de la obra que transformó la historia humana. Desde el Jordán, la salvación comienza a desplegarse públicamente.
El significado para la fe cristiana
El Bautismo del Señor ilumina el sentido del sacramento del Bautismo que reciben los cristianos. Así como Cristo entró en las aguas para santificarlas, cada bautizado entra en el agua para ser incorporado a su vida nueva.
Por el Bautismo, el creyente muere al pecado y nace a la vida de la gracia. Se convierte en hijo de Dios, miembro de la Iglesia y heredero del Reino. La solemnidad recuerda que la identidad cristiana nace de ese encuentro con Cristo en el agua y el Espíritu.
El Jordán es, para la fe, el lugar donde Dios declara públicamente quién es Jesús y, al mismo tiempo, el modelo de lo que sucede en cada Bautismo cristiano.
El cierre del Tiempo de Navidad
Litúrgicamente, esta solemnidad marca el final del Tiempo de Navidad. Desde el nacimiento en Belén hasta el Bautismo en el Jordán, la Iglesia ha contemplado el misterio de un Dios que se hace hombre y se manifiesta al mundo.
El Niño adorado por los pastores y los magos es ahora el Mesías que comienza su misión. La Navidad no se clausura con una despedida, sino con una revelación: Jesús no vino solo para nacer, sino para salvar.
A partir de esta celebración, la liturgia entra en el Tiempo Ordinario, donde se sigue paso a paso la vida pública de Cristo.
Una solemnidad de identidad y misión
El Bautismo del Señor recuerda a cada creyente quién es y para qué vive. Así como Jesús fue proclamado Hijo amado del Padre, cada bautizado recibe esa misma dignidad.
Esta solemnidad invita a renovar la conciencia de haber sido sumergidos en la vida de Cristo para vivir según el Evangelio. El Jordán no es solo un río del pasado, sino una fuente que sigue manando en la Iglesia.
En este 11 de enero, la fe contempla al Hijo de Dios que desciende al agua para elevar al mundo entero hacia la vida nueva.

