Berlín: el grupo Vulkangruppe y el mayor apagón desde 1945

Sabotaje, manifiesto radical y el apagón que paralizó Berlín

Tareas de reparación tras el apagón provocado en Berlín

NewsITe

Entre el 3 y el 7 de enero, unos 45.000 hogares y más de 2.000 empresas de Berlín quedaron sin luz ni calefacción en plena ola de frío. El corte, el más prolongado en la capital alemana desde la Segunda Guerra Mundial, fue rápidamente asociado a un incendio en una estructura de cables de alta tensión sobre el canal de Teltow. Detrás de ese ataque se presentó el colectivo de acción directa Vulkangruppe (Grupo Volcán), que se adjudicó la autoría mediante una carta enviada al diario Berliner Zeitung y replicada en redes sociales.

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En su manifiesto, el grupo lanzó un fuerte alegato contra lo que define como “estilo de vida imperial” y el “saqueo del planeta” por la avaricia energética. “Ya no podemos permitirnos a los ricos”, sostienen, al tiempo que llaman a desencadenar un “movimiento social de masas” contra las guerras, el uso intensivo de recursos y la destrucción de las bases de la vida en el planeta. Las autoridades alemanas consideran el sabotaje un ataque directo a infraestructuras críticas.

El fuego afectó la central de gas de Stromnetz Berlin en el distrito de Lichterfelde y dañó líneas de alta tensión. La interrupción no sólo dejó a miles de personas sin electricidad, sino que cortó internet y sistemas de calefacción en días de temperaturas extremas. La empresa Stromnetz Berlin describió las tareas de reparación como “lentas y complejas” por la magnitud de los daños y las condiciones meteorológicas adversas.

Recién el 7 de enero se restableció el suministro, cerrando un episodio que encendió alarmas sobre la vulnerabilidad de la red energética alemana. “Hoy es un buen día para las muchas personas afectadas que no habían tenido acceso a electricidad ni calefacción desde el 3 de enero”, celebró el alcalde de Berlín, Kai Wegner. En los barrios dañados se montaron puntos de apoyo para que vecinos pudieran calentarse, cargar celulares y recibir información ante los problemas en las comunicaciones móviles.

Reacción oficial y la firma de Vulkangruppe

Durante la emergencia, las autoridades locales habilitaron albergues de contingencia y trabajaron con hoteles para ofrecer alojamiento temporal. Iglesias, organizaciones barriales y voluntarios también se sumaron a la asistencia, mientras la Policía de Berlín desplegó unos 330 agentes para garantizar seguridad y orden en la zona afectada.

Iris Spranger, ministra de Interior de la ciudad-estado, confirmó la autenticidad del manifiesto atribuido a Vulkangruppe y calificó el sabotaje como un “ataque inhumano contra berlineses y turistas”. Wegner, por su parte, consideró verosímil el comunicado del colectivo y reforzó la idea de que el objetivo fue dañar infraestructura estratégica de energía.

En el texto, Vulkangruppe detalla que atacó la central de turbinas de gas y vapor de Lichterfelde, con una potencia eléctrica de unos 300 MW, apuntando específicamente a las líneas de alta tensión para “causar daños significativos” a la empresa. Aseguran que incendiaron el puente de cables sobre el canal de Teltow y provocaron cortocircuitos utilizando barras de acero sobre los cables carbonizados.

Un colectivo clandestino con historial de sabotajes

El grupo sostiene que los hogares particulares no eran el blanco buscado y se disculpa por los efectos colaterales en la población civil. Afirma que su propósito es impactar a la industria del gas y cuestionar la demanda “insaciable” de energía, al tiempo que asegura haber evitado riesgos directos para la vida humana. Sin embargo, para el gobierno alemán, el episodio reaviva la discusión sobre los límites de la protesta y el avance del extremismo ambiental.

La estructura interna de Vulkangruppe es, hasta ahora, una incógnita. No se conoce la cantidad de integrantes ni la forma de organización, aunque las agencias de seguridad sospechan que se trata de células pequeñas y altamente móviles. Bajo diferentes denominaciones, sus primeras acciones se remontan a 2011 con ataques a la red ferroviaria, firmados con nombres de volcanes islandeses como Eyjafjallajökull, Hekla y Grímsvötn.

Uno de sus blancos recurrentes ha sido la automotriz Tesla. Bajo el lema “Turn Off Tesla”, el 5 de marzo de 2024 incendiaron una torre eléctrica en Steinfurt, lo que paralizó durante varios días la producción de la gigafábrica de la compañía cerca de Berlín. La empresa estimó pérdidas de “varios cientos de millones de euros” y sus acciones en la Bolsa de Frankfurt cayeron alrededor de 2,8%. Elon Musk respondió en X acusando a los autores de ser “ecoterroristas” y “marionetas” de intereses contrarios al medio ambiente.

Polémicas ambientales, amenazas futuras y disputa por el nombre

La planta de Tesla en las afueras de Berlín ya venía cosechando cuestionamientos por su cercanía a una zona de protección de aguas subterráneas y la oposición de grupos ecologistas y sectores vecinales. En 2021, Vulkangruppe se atribuyó un incendio en ese predio, alegando que la firma “no es ni verde, ni ecológica, ni social”, pese al discurso de la compañía sobre movilidad sustentable.

Entre sus acciones declaradas también figuran sabotajes contra el Parque Tecnológico de Adlershof, la central de carbón Vattenfall Reuter y un centro de datos de Vodafone en esa misma zona. “Aunque estos actos de sabotaje causen pérdidas financieras significativas, no pueden, como acciones individuales, forzar un cambio de rumbo político. Sin embargo, señalan el camino y la dirección que recomendamos a todas las grandes ciudades”, afirman en uno de sus comunicados.

Tras el apagón de enero, apareció en la plataforma Indymedia una nueva advertencia que menciona un posible ataque al suministro de Berlín Oriental. La policía y Stromnetz Berlin analizan la veracidad de esa amenaza y revisan la vulnerabilidad de la red. En paralelo, surgió un grupo que se autodefine como el “Vulkan original” de 2011 y se desmarca de las últimas operaciones, al señalar que sus acciones anteriores se dirigían sólo contra infraestructuras militares y exportaciones de armas.

La Oficina Federal para la Protección de la Constitución sostiene que el nombre Vulkangruppe es utilizado por distintas agrupaciones, sin formar una organización unificada. Esa fragmentación complica la atribución de las acciones, el seguimiento de sus redes de apoyo y la evaluación real del riesgo que representan en la actual tensión energética y geopolítica europea.

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