Boca profundiza su sequía de títulos bajo la conducción de Riquelme

NewsITe
Boca Juniors volvió a quedar en el centro de la escena futbolera tras ser eliminado del Torneo Apertura a manos de Huracán y acumular así trece campeonatos consecutivos sin poder dar la vuelta olímpica. El club de la Ribera atraviesa una racha negativa que se extiende por tres años sin títulos oficiales desde que Juan Román Riquelme asumió la presidencia y el control del fútbol.
[p]A partir de ahora, todas las miradas se concentran en la Copa Libertadores, objetivo máximo del ciclo, aunque el panorama no es el mejor: el equipo llega golpeado tras dos derrotas consecutivas en la fase de grupos y con rendimientos individuales que abren interrogantes sobre el futuro inmediato.[/p]
El entrenador Claudio Úbeda tuvo que recurrir con frecuencia a los juveniles del club debido a que buena parte de los refuerzos incorporados en los últimos mercados no dio la talla. Esta situación derivó en que, tras la caída ante Huracán, varios de los más criticados por los hinchas fueran justamente chicos surgidos de las inferiores, como Lautaro Di Lollo, Milton Delgado y Marcelo Weigandt.
Los pibes bajo la lupa y el fracaso de los refuerzos
Di Lollo quedó marcado por la mano en el segundo penal sancionado contra Boca, una jugada clave en el resultado final. Sin embargo, su presencia como titular responde, en buena medida, a que numerosos defensores incorporados en la gestión de Riquelme no lograron afianzarse. En esa lista aparecen nombres como Carlos Zambrano, Marcos Rojo, Nicolás Figal, Facundo Roncaglia, Bruno Valdez, Cristian Lema, Gary Medel y Juan Barinaga, entre otros.
Delgado también fue señalado por su participación en el primer gol de Huracán, en una acción donde compartió responsabilidad con el arquero Leandro Brey. No obstante, el volante suele ser de lo más destacado del equipo, al igual que Di Lollo, y se ganó un lugar por delante de refuerzos que no rindieron como se esperaba: Williams Alarcón, Ander Herrera —afectado por constantes lesiones—, Rodrigo Battaglia, Ignacio Miramón, Agustín Martegani y Tomás Belmonte, por citar algunos casos.
El contraste es evidente: Boca invirtió millones de dólares en incorporaciones, pero uno de los futbolistas más influyentes del plantel, junto a Leandro Paredes, es un producto genuino de la cantera xeneize, Tomás Aranda. La apuesta por juveniles, forzada por el bajo nivel o los problemas físicos de los refuerzos, se convirtió en un sello de este tramo del ciclo.
La presión del hincha y el desafío que viene
Otro de los apuntados en la noche ante Huracán fue Marcelo Weigandt, quien regresó tras su paso por Inter Miami, donde fue suplente. En Boca terminó ocupando un lugar protagónico debido a que alternativas como Barinaga y Lucas Blondel no lograron consolidarse. Los silbidos en la Bombonera reflejan un clima cargado de impaciencia: la falta de títulos, las eliminaciones tempranas y las dudas sobre el armado del plantel alimentan el malestar.
Con trece torneos sin coronarse y tres años completos sin festejos, la Copa Libertadores se presenta como la gran oportunidad —y al mismo tiempo una enorme presión— para la dirigencia y el cuerpo técnico. El margen de error es mínimo: un nuevo traspié internacional podría acelerar decisiones fuertes respecto del proyecto futbolístico, el futuro de Úbeda y la política de incorporaciones.
La era Riquelme en Boca entró en una etapa decisiva: la Libertadores puede marcar el rumbo del ciclo o profundizar una sequía que ya preocupa a todo el mundo xeneize.
Mientras tanto, los juveniles seguirán en el centro de la escena, entre la responsabilidad de sostener el peso de la camiseta y la necesidad dirigencial de justificar inversiones millonarias que, hasta el momento, no se tradujeron en vueltas olímpicas.

