El colesterol también afecta a las mascotas: qué tener en cuenta

NewsITe
El colesterol no es solo un problema humano. Cada vez más veterinarios advierten que los perros también pueden sufrir niveles elevados de lípidos en sangre, un cuadro conocido como hipercolesterolemia o hiperlipidemia, que puede derivar en complicaciones graves si no se detecta y trata a tiempo.
El colesterol es una sustancia que el organismo produce de forma natural y que cumple funciones clave: participa en la producción de hormonas, contribuye a la síntesis de ciertas vitaminas y forma parte del proceso digestivo. El problema aparece cuando su concentración en el torrente sanguíneo se mantiene alta de manera sostenida.
Según especialistas consultados por distintos centros veterinarios de la región, algunas razas caninas muestran mayor predisposición a desarrollar hiperlipidemia. Entre ellas se destacan el schnauzer miniatura, el border collie, el beagle, el spaniel bretón, el caniche y el pastor de shetland. Sin embargo, cualquier perro —sin importar edad ni raza— puede presentar colesterol alto.
Cuándo preocuparse: estrés, causas y factores de riesgo
Los expertos explican que no todo aumento de colesterol implica una enfermedad crónica. Situaciones puntuales de alto estrés o miedo intenso pueden provocar un incremento transitorio de los lípidos en sangre. En esos casos, los valores suelen volver a la normalidad pocas horas después del episodio o tras la ingesta de alimento.
No obstante, cuando la elevación es persistente, pueden estar involucradas otras patologías de base. Entre las causas más frecuentes del colesterol alto en perros figuran:
- Síndrome nefrótico y otras enfermedades renales crónicas.
- Diabetes y alteraciones hormonales.
- Embarazo y cambios metabólicos asociados.
- Sedentarismo y sobrepeso, muchas veces ligados a dietas inadecuadas.
- Pancreatitis y trastornos digestivos severos.
Síntomas de alerta y la importancia del control veterinario
El colesterol alto en perros suele ser una enfermedad silenciosa. En muchos casos los signos iniciales son sutiles o se confunden con otras molestias, lo que retrasa el diagnóstico. Entre los síntomas que pueden asociarse a la hiperlipidemia se encuentran:
- Convulsiones o episodios neurológicos sin causa aparente.
- Alteraciones del sistema nervioso, como desorientación o cambios bruscos de conducta.
- Aparición de bultos o nódulos amarillentos o anaranjados en la piel.
- Moretones o hematomas en distintas partes del cuerpo.
- Dolor abdominal, malestar general y pérdida de energía.
Ante cualquier cambio llamativo en el comportamiento o en el aspecto de la mascota, los veterinarios recomiendan no automedicar y acudir cuanto antes a una consulta profesional.
El diagnóstico de la hipercolesterolemia solo puede realizarlo un médico veterinario, a través de análisis de sangre y otros estudios complementarios. Una vez confirmado el cuadro, el tratamiento suele combinar medicación específica con un plan de alimentación regulado y la incorporación de ejercicio físico acorde a la edad y condición del animal.
Los especialistas remarcan que un control periódico, una dieta equilibrada y una rutina de actividad moderada son claves para mantener los niveles de colesterol en rango saludable y mejorar la calidad de vida de los perros, especialmente en las razas con mayor predisposición.

