Cómo el calor afecta el ánimo y la mente: claves para cuidarse

Calor extremo, cerebro y emociones: qué dicen los especialistas

Persona afectada por el calor extremo y sus efectos en el ánimo

NewsITe

Las olas de calor se volvieron parte del verano argentino y, lejos de ser solo una molestia, tienen impacto directo en el ánimo, la salud mental y el funcionamiento del cerebro. Organismos internacionales, como la Organización Meteorológica Mundial (OMM), advierten que estos eventos extremos representan un riesgo creciente para la salud humana y animal, con consecuencias sociales y económicas cada vez más visibles.

La evidencia científica coincide en que las altas temperaturas no solo generan incomodidad física: también pueden aumentar la irritabilidad, la ansiedad y los síntomas depresivos. Estudios recientes, como el realizado por el especialista en salud mental Shabab Wahid, de la Universidad de Georgetown (EE.UU.) y publicado en The Lancet Planetary Health, muestran que incluso un aumento de un grado por encima de la temperatura habitual se asocia con mayor riesgo de depresión y ansiedad.

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En diálogo con medios nacionales, el neurólogo Alejandro Andersson, director médico del Instituto de Neurología Buenos Aires (INBA), explicó que el cerebro es especialmente sensible al calor. Cuando la temperatura corporal supera los 38–39°C, el organismo deriva más flujo de sangre hacia el cuero cabelludo para disipar calor y eso impacta en el rendimiento cognitivo. Se resienten la memoria de trabajo, la atención y la velocidad de procesamiento, y pueden aparecer cefaleas, mareos, sensación de lentitud mental y, en casos graves, alteraciones del nivel de conciencia.

Según Andersson, el calor extremo también disminuye la presión arterial, favorece la deshidratación y dificulta la transmisión sináptica, es decir, la comunicación entre neuronas. Esto agrava patologías que dependen de una buena regulación de la temperatura, como la migraña, el Parkinson o el Alzheimer, y en adultos mayores puede incluso desencadenar cuadros de delirium.

Malhumor, sueño alterado y deshidratación: cómo se combinan

Una de las primeras consecuencias del calor intenso es el mal descanso nocturno. Dormir mal, o dormir menos horas, impacta de lleno en el estado de ánimo: aumenta el cansancio, el malhumor y la irritabilidad. A esto se suma que, en verano, suele haber mayor exposición a pantallas hasta altas horas de la noche, lo que altera el ritmo circadiano y la producción de melatonina, la hormona clave para conciliar el sueño.

El doctor Andersson remarca que el exceso de luz artificial y el uso prolongado de dispositivos electrónicos deterioran la calidad del descanso y favorecen la ansiedad, la fatiga cerebral y la sensación de agobio. Si a eso se suma el consumo de alcohol y la falta de hidratación adecuada, se intensifican síntomas como dolor de cabeza, niebla mental y falta de equilibrio.

Las actividades recreativas propias del verano elevan la dopamina asociada al placer, pero también suelen desordenar rutinas: se modifican horarios de comida y de sueño, aumenta el consumo de bebidas alcohólicas y se pierde estructura diaria. La combinación de calor, sueño irregular, sobrecarga social y cambios de hábitos genera un “estrés neurobiológico silencioso” que muchas veces pasa inadvertido, pero incide en la salud cerebral.

La deshidratación es otro factor clave. Ocurre cuando el cuerpo pierde más líquido del que incorpora y no puede cumplir correctamente sus funciones básicas. Expertos de la Asociación Argentina de Nutricionistas (AADYND) señalan que con solo un 2% de pérdida de masa corporal por falta de agua ya se ve afectada la capacidad cognitiva: se resienten los procesos intelectuales que permiten percibir, pensar y recordar. Además, subrayan que, especialmente en mujeres, ese nivel de deshidratación también repercute en el estado de ánimo y en la estabilidad emocional.

Siete recomendaciones para atravesar el calor con mejor ánimo

Los especialistas coinciden en que no se trata solo de “aguantar” el calor, sino de adoptar hábitos que protejan tanto el cuerpo como la mente. Algunas pautas concretas ayudan a reducir el impacto de las altas temperaturas sobre el estado de ánimo:

  • Incorporar el humor a la rutina: elegir películas o series cómicas, contenidos que generen risa y actividades placenteras funciona como un contrapeso frente a la irritabilidad.
  • Hidratación constante: se recomienda beber alrededor de dos litros de agua diarios, sin esperar a sentir sed, y priorizar agua por sobre bebidas azucaradas o alcohólicas.
  • Refrescar los ambientes: usar ropa liviana, ventilar, utilizar ventiladores o paños fríos y evitar espacios cerrados y cargados cuando no se dispone de aire acondicionado.
  • Organizar el trabajo y las salidas: siempre que sea posible, evitar las actividades físicas o laborales más exigentes en las horas de mayor temperatura.
  • Cuidar el descanso nocturno: procurar dormir al menos siete horas, en ambientes lo más frescos y oscuros posible, con cenas livianas y poco alcohol.
  • Limitar las pantallas antes de dormir: se aconseja reducir al máximo el uso de celulares, tablets y computadoras al menos dos horas antes de acostarse y tratar de ir a la cama antes de las 23.
  • Hacer actividad física en horarios adecuados: caminar, nadar o ejercitar en las primeras horas de la mañana o al atardecer favorece la salud cerebral, mejora la neuroplasticidad y regula neurotransmisores vinculados al bienestar.

Frente a olas de calor cada vez más frecuentes, cuidar el sueño, la hidratación y las rutinas diarias se vuelve clave para proteger tanto el ánimo como la salud del cerebro.

En un contexto de cambio climático y temperaturas extremas crecientes, comprender cómo el calor afecta la mente permite anticiparse, prevenir complicaciones y adoptar estrategias de autocuidado que mejoren la calidad de vida durante todo el verano.

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