Cómo la musicoterapia activa el cerebro y mejora la vida

La música como herramienta terapéutica, más allá del entretenimiento

Sesión de musicoterapia con adultos mayores

NewsITe

En el Centro Hirsch, referente en rehabilitación y cuidados integrales en Buenos Aires, la música dejó hace tiempo de ser solo un entretenimiento para convertirse en una herramienta terapéutica clave. A través de la musicoterapia, un enfoque que combina ciencia, arte y trabajo interdisciplinario, se busca mejorar la calidad de vida de personas con trastornos neurológicos, deterioro cognitivo, ansiedad, depresión y otras condiciones complejas.

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Lejos de la idea romántica de que «la música cura por sí sola», la institución trabaja desde la Musicoterapia Neurológica, una especialidad basada en la evidencia científica. Según explica la licenciada Gabriela Echauri, responsable del servicio, cada intervención se diseña con un objetivo clínico concreto, aprovechando la capacidad del sonido, el ritmo y la melodía para activar circuitos cerebrales incluso cuando otras funciones se encuentran deterioradas.

Este abordaje se apoya en el concepto de neuroplasticidad: la posibilidad del cerebro de reorganizarse y generar nuevas conexiones. A través de ejercicios musicales específicos –como el uso del ritmo para marcar movimientos, el canto para estimular el lenguaje o melodías asociadas a recuerdos significativos– se busca favorecer la rehabilitación física, cognitiva y emocional de los residentes.

La persona primero: la historia de vida como guía terapéutica

Aunque el enfoque es neurológico, en el Centro Hirsch remarcan que la persona está por encima del diagnóstico. La musicoterapia se concibe como una práctica «subjetivante»: el paciente no es un receptor pasivo, sino protagonista activo de su proceso. Las sesiones se diseñan en función de sus gustos musicales, su biografía y su modo particular de vincularse con el sonido.

Echauri destaca que no se necesita formación musical previa para participar. La música funciona como un lenguaje pre-verbal que permite llegar allí donde a veces las palabras no alcanzan: en residentes con deterioro cognitivo avanzado, por ejemplo, una canción significativa puede despertar respuestas emocionales, gestos de reconocimiento o intentos de comunicación que parecían perdidos.

Cuatro áreas clave donde la musicoterapia marca la diferencia

Integrada a equipos interdisciplinarios de salud, la musicoterapia en el Centro Hirsch se orienta a objetivos concretos en distintas dimensiones de la vida cotidiana de los residentes. Entre las mejoras que se observan de manera frecuente se destacan:

  • Área física: ejercicios rítmicos que acompañan la marcha, favorecen la coordinación motriz y contribuyen a la regulación cardio-respiratoria.
  • Área cognitiva: actividades que estimulan la atención sostenida, la memoria episódica y la orientación temporoespacial mediante canciones conocidas y secuencias musicales.
  • Área social: espacios grupales que promueven la comunicación, la participación y el sentido de pertenencia dentro de la comunidad institucional.
  • Área emocional: recursos musicales que ayudan a disminuir la ansiedad, regular el estado de ánimo y fortalecer la identidad personal a través del reconocimiento de la propia historia sonora.

“Entendemos que la música es un puente. Un puente que conecta al residente con su propia historia y con su entorno, transformando no solo estructuras cerebrales, sino también su día a día”, resume la licenciada Echauri.

En un contexto donde la población envejece y las enfermedades neurodegenerativas son cada vez más frecuentes, propuestas como la del Centro Hirsch muestran cómo la musicoterapia, aplicada con rigor profesional y articulada con otras disciplinas, puede abrir nuevas posibilidades de bienestar. Allí donde el lenguaje se apaga o el cuerpo se vuelve más frágil, la música aparece como un canal todavía disponible para el encuentro, la memoria y la dignidad de cada persona.

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